Opiniones

Raul Vega

 

 

Este verano volví a Fuencaliente muchos años después. Sin menosprecio al resto del país, confieso que este municipio es uno de mis preferidos en las islas. Sus caminos de lava reciente, sus parras y sus pinos siempre me han evocado paz, tranquilidad, y es un paisaje que me apasiona y me seduce.Allí visité el Volcán de San Antonio, que ahora cuenta con un centro de interpretación. En uno de los paneles leí uno de los datos que no conocía. Resulta que el término caldera fue acuñado en referencia a Canarias y, más concretamente, a la Caldera de Taburiente.

 

Resulta que Leopold von Buch, geólogo y vulcanólogo, empezó a emplear el término caldera a cualquier depresión volcánica estuviera o no en Canarias y generalizó la denominación que se le daba a Taburiente. El dato me interpeló sobre el desconocimiento que tenemos de volcanes en un país surgido a golpe de erupción. Por esas cosas que tiene la paternidad, recientemente vi el corto de Pixar Lava. En él, dos volcanes se reencuentran en la superficie marina. De fondo suena una canción con un ritmo de ukelele. Y yo pensé, ¿por qué no chácaras y tambores o un timple de fondo? Porque los volcanes también son idiosincrasia canaria. 

 

A nivel de calle y en los medios de comunicación, poco se habla de los volcanes en nuestro país. Me atrevo a decir que Canarias debiera ser una referencia mundial en vulcanología, con estudios promocionados y con una preparación desde la escuela, en la que se explique a niñas y niños el origen de las islas, los volcanes que están en Canarias y las erupciones más recientes. Para conocer nuestro entorno debemos conocer de volcanes, que por depresiones volcánicas tan espectaculares como Taburiente (la más espectacular de las islas) se acuñó el término caldera y que vulcanólogos de todo el mundo estudian desde hace siglos los volcanes canarios. El resultado de la acción de los volcanes es el mismo terruño en el cual hoy en día nos movemos y vivimos.

 

La divulgación sobre los volcanes en las islas es escasa. En 2011 se produjo una erupción en el Mar de las Calmas, en El Hierro. Fue un volcán submarino cuya actividad se dio por concluida en marzo de 2012. La última erupción terrestre fue cerca del lugar del que hablo, el Volcán de Teneguía. Fue en 1971. Mientras le explicaba la historia a mi hija, una apasionada incipiente de los volcanes, me preguntó una señora española. “¿Cuándo dijiste que fue la erupción de ese volcán de abajo?”. “En 1971”, respondí. “¿Mil novecientos?”. “Exacto, hace cuarenta años”, reiteré. La cara de susto de las dos mientras se miraban, denota la falta de costumbre de vivir entre volcanes.

 

El volcán es cultura en Canarias. Aprendizaje, entorno, paisaje y productos propios y únicos. El reconocimiento internacional a los vinos de La Geria y cada vez más de Bandama, demuestra su calidad. Un vino de Fuencaliente, cultivado en suelo que tiene cuarenta años, nada en términos geológicos, es un lujo a nivel gustativo y una anécdota de mucho interés en una mesa.

Al igual que la sal del Faro de Fuencaliente.

 

Para que en Canarias algo tenga pedigrí debe venir con un refrendo foráneo. El Roque de los Muchachos está lleno de telescopios de diversos países y entidades científicas. Estoy totalmente a favor de la investigación, pero no sin poner dos objeciones; la primera, si nuestro cielo es tan espectacular como sabemos, en Canarias debieran estar formándose astrónomos y astrónomas de primer nivel y la astronomía, igual que digo con los volcanes, tendría que tener un apartado especial y ser parte del día a día en rutinas escolares. La segunda, y no me resisto a escribirlo, si el Mauna Kea es una montaña sagrada, el Roque de los Muchachos, a pesar de tener un tercio de altura, no es menos para la cultura auarita. No sé qué hacemos abrazando el TMT rechazado en Hawai sin tener en cuenta ese hecho, el impacto visual y el impacto medioambiental. Cosas de nuestra autoestima...

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