¿Volveremos a clamar en el desierto?

Una vez pasado el incendio, cuyo control ha requerido toda la atención hacia el esfuerzo de esos grandes profesionales y voluntarios, me parece oportuno volver insistir en un tema que va siendo recurrente ¿Volveremos a clamar en el desierto? ¿Volveremos a pedir el uso estratégico de la ganadería, para la prevención de incendios, sin que nos hagan caso? Ciertamente creo que no, porque desde las veces anteriores se ha visto una apertura de miras por parte de casi todas las administraciones. Casi todas. Este último incendio, junto con una lección de eficacia en su gestión, también nos ha proporcionado nuevos datos que corroboran la importancia de la prevención en la lucha por la conservación medioambiental. Por otro lado, parece que las medidas que se van tomando en Gran Canaria empiezan a sumarse a las que se han puesto en marcha en ciertas partes de la península Ibérica, primero en territorio español y ahora, aparentemente de manera decidida, en Portugal donde, como muchos sabemos, lo incendios en los últimos años han sido pavorosos. Por no hablar de Francia donde las medidas de prevención a las que me voy a referir, se están tomando desde la década de los 80. 

Según mis informaciones hubo dos lugares donde las medidas preventivas de carácter primario, como la limpieza y adecuación de una zona, realizada por personal de Medio Ambiente, o secundario, como el mantenimiento de la viña, que conlleva eliminación de combustible, han permitido parar el fuego en esas áreas, con eficacia. Todos somos conscientes, sobre todo en los últimos tiempos, de la importancia de la prevención y en este caso el ganado ha demostrado en muchos sitios su solvencia, cuando se trata de la lucha contra las llamas. Uno de ellos nos queda muy cerca: el último gran incendio, que se cobró una vida humana, se pudo controlar en Mazo, precisamente en una zona pastoreada por cabras. 

El pastoreo en zonas concretas de los montes palmeros, descartando los ecosistemas especialmente sensibles, podría ser la respuesta más sostenible para mantener cortafuegos en zonas específicas y de alto riesgo en caso de incendio forestal, o disminuir el combustible en otras de menor sensibilidad en cuanto a biodiversidad. Esta opinión es compartida por los responsables del Cabildo palmero que se habían comprometido a realizar una experiencia piloto de pastoreo en un área de Garafía, de manera que esta práctica ganadera permitiera mejorar a la vez las condiciones de lucha contra el fuego. Se trataba de una experiencia piloto, de un primer paso, no de una panacea. No se iban a acabar los incendios porque un rebaño estuviera pastando en cualquier lado. Se trataba de recabar información que pudiera complementar a la experiencia positiva, realizada por el Cabildo Insular, con cabras de recría en un cortafuego, hace algunos años. Suponiendo que ocurriera lo mismo que en otros sitios, el ahorro en mantenimiento sería considerable. En Galicia se asegura que el uso de esta práctica permite reducir los costos de su autonomía en una cantidad de 60 millones de euros. Dídac Díaz, ingeniero forestal del Cabildo de Gran Canaria, considera que el mantenimiento de ciertas zonas estratégicas como el cauce de barranco de La Sorrueda «en caso de hacerse con cuadrillas, supondría más de 1.000 euros por hectárea, mientras que el paso de un pastor por una zona estratégica tiene un coste de 180 euros por hectárea», solo un 18%. Este mismo ingeniero indica que en Gran Canaria hay unas 8.000 hectáreas que están siendo pastoreadas, y que con la instalación de GPS en cabras y ovejas se puede hacer un mejor control de las zonas tratadas, monitorizando unas 7.000 cabezas de pequeños rumiantes pertenecientes a 60 pastores ¿Se trata de sustituir las cuadrillas por los animales? Evidentemente no, se trata de hacer su trabajo más eficaz, su capacidad de actuación más amplia. 

Por supuesto existen otro tipo de beneficios fuera de los forestales, en este caso sobre la rentabilidad de las explotaciones ganaderas. Afortunadamente, en la actualidad, la mayoría de la población canaria sabe lo que es la Cabra Palmera y el Queso Palmero. Y sabe también que la calidad de este producto viene condicionada por la alimentación de los animales, que en buena cantidad está basada en los pastos. La utilización de estos, sobre todo en diversos momentos del ciclo productivo de las cabras (secado, recría), incide significativamente en el balance económico de las explotaciones, porque implica un buen ahorro en coste de forrajes. Pero hay otro aspecto que incide tanto o más económicamente, aunque es menos perceptible por parte de muchos productores y mucho menos por aquellos no vinculados al subsector ganadero. El periodo que transcurre entre que los animales dejan de dar leche e inician la nueva lactación, tras los partos, es crucial e influye significativamente en la producción total láctea. Un mal manejo de la alimentación en ese tiempo puede llevar a grandes pérdidas de madres y crías durante la paridera y, además, todo lo que no lleve a un equilibrio en la flora ruminal tiene un considerable efecto negativo en las siguientes fases de la lactación. El pastoreo ayuda mucho en ese sentido, puesto que los animales ingieren cantidad de fibra y por su comportamiento alimenticio procuran escoger la de más calidad, propiciando una lactancia posterior extensa y saludable. 

La experiencia piloto apoyada, incluso con medios materiales, por el Cabildo palmero y vista con buenos ojos por las autoridades autonómicas, no pudo llevarse a cabo porque tropezó con algunas dificultades, ajenas a la corporación insular o al propio ganadero, y porque posteriormente, una vez solventadas estas, se declaró el estado de prealerta. Las cabras, una vez preñadas, no paren cuando su propietario quiera sino cuando corresponda a su ciclo reproductivo, por lo que el considerable retraso hizo inviable el proyecto.


Por fortuna, tanto el ganadero como la corporación insular no se han desanimado y pretenden repetir la experiencia el próximo año, adelantando el inicio del pastoreo e implementando nuevas medidas que contribuyan a un mejor control e incremento en la eficacia. Todo pasa por la planificación y me consta que en esa idea se encuentra actualmente la Consejera de Medio Ambiente del Cabildo palmero.

Juan Capote

(Biólogo, Doctor en Veterinaria y Especialista en ganado caprino)