Turistas contra muertos. ¿Quiénes ganan?

En la tarde de este miércoles, 2 de septiembre, el Gobierno de Alemania comunicaba su decisión de incluir a Canarias en la lista de regiones  a las que es peligroso viajar, por el alto riesgo de contagio de covid-19. 

Ello implica que, a partir de ahora, cualquier ciudadano de este país que visite el Archipiélago tendrá que  hacer cuarentena y presentar a su llegada en el aeropuerto un test que acredite que no está contagiado por el coronavirus. 

La noticia se convertía de inmediato en portada de toda la prensa local, que destacaba las importantes consecuencias económicas que tendrá esta decisión en las Islas.  En el mismo sentido, la consejera de Turismo, Industria y Comercio del Gobierno de Canarias, Yaiza Castilla, “lamentaba la  decisión del Gobierno alemán” y expresaba su confianza en que  Canarias pueda reconducir esta situación en las próximas cuatro semanas”, con vistas a la temporada alta del Turismo en las Islas. 

Para ello, la consejera apuntó que “considera imprescindible endurecer las medidas restrictivas y los controles para frenar el índice de contagios” y apeló al al compromiso férreo de toda la población, que debe tomar conciencia de que casi uno de cada dos puestos de trabajo dependen del turismo”. 

¿ES “LA POBLACIÓN” RESPONSABLE DE LA EXTENSIÓN DEL CORONAVIRUS EN CANARIAS? 

Sin embargo, y a pesar de lo que se podría pensar si solo atendemos a la reproducción de determinadas conductas incívicas e imprudentes, no es la “población” la principal responsable de la creciente expansión del coronavirus en Canarias. 

Esta tiene mucho más que ver con las prioridades que han guiado, desde el inicio, la gestión de la pandemia por parte del Gobierno regional. 

Después de pasar la primera fase de la pandemia del coronavirus con uno de los índices de contagios más bajos del Estado, Las Palmas de Gran Canaria se ha convertido, a lo largo de este verano, en una de las regiones con mayor tasa de incidencia de la covid-19, con 130,49 casos por cada 100.000 habitantes en los últimos 14 días. Una cifra que se dispara en la capital grancanaria, con 422,72 casos por cada 100.000 habitantes, o en Arrecife, con 444,84 positivos por cada 100.000 habitantes. 

Esta evolución, que podría traducirse en unas semanas enun creciente número de ingresos hospitalarios y fallecimientosno es fruto de la fatalidad. 

Desde el pasado mes de abril, esta publicación digital ha venido denunciando las prisas del Gobierno canario para volver a llenar las islas con turistas mientras la pandemia no dejaba de crecer, y las consecuencias que ello podría acarrear. 

Y es que, en efecto,  el presidente regional, Ángel Víctor Torres, se destacó durante los meses del confinamiento, ejerciendo como portavoz oficioso de la patronal turística, por sus reiteradas peticiones de “acelerar la desescalada en las Islas”, poniendo siempre en primer término los intereses de este sector empresarial. 

Al dictado de dichos intereses, Torres, avalado por la asesora del Ejecutivo regional Beatriz González López-Valcárcel, postulaba muy pronto al Archipiélago como “banco de ensayos natural” para un desconfinamiento más acelerado. Es decir, proponía convertir a la población de las islas en una suerte de conejillos de indias en la desescalada. 

Ángel Víctor Torres llegó incluso a apoyar la petición del presidente de la UD Las Palmas, Miguel Ángel Ramírez, de que los partidos de fútbol de este club se celebraran con público en el Estadio de Gran Canaria, en contra de lo establecido por las autoridades deportivas y la propia Federación española. 

Por su parte, el  director del Servicio Canario de la Salud, Antonio Olivera, se atrevía a manifestar públicamente, en el mes de mayo,  que  “que el virus ya no estaba en las calles” de nuestras islas. 

El inevitable relajamiento que estos mensajes institucionales tenían que generar en la población nos llevaba, ya en esas fechas, a denunciar que “la irresponsabilidad institucional provocaba la imprudencia ciudadana”. 

“¿A quiénes habrá que señalar – nos preguntábamos – si se produce un rebrote de la enfermedad?”. 

SIN NINGÚN CONTROL EN LOS AEROPUERTOS: UNA CATÁSTROFE ANUNCIADA 

Tras el confinamiento, la decisión de abrir el Archipiélago al turismo de cualquier manera, y sin importar el precio que debiera pagar la población residente, hizo que Ángel Víctor Torres olvidará muy pronto su promesa de establecer un “corredor de turistas totalmente libres de covid-19”, con la realización de test en origen a quienes quisieran visitarnos. 

Durante el mes de junio Alemania sufrió el que, por aquel entonces, era el más grave rebrote del virus de toda Europa, mientras  Gran Bretaña registró otros igualmente importantes. A pesar de ello, Canarias se abrió de par en par para que llegaran ciudadanos de estos dos países, sin ningún control efectivo en nuestros aeropuertos. 

Ni siquiera cuando se empezaron a registrar los primeros brotes importados por vía aérea se comenzó a reclamar que los turistas aportaran la prueba de las PCR, como ya se hacía en países como Grecia ahora se exige a quienes regresan de Canarias. Por el contrario, el test llegó a negársele a un viajero que lo solicitó,consciente de proceder de un destino de alto riesgo, y que acabaría provocando uno de estos brotes en la isla de Gran Canaria.   

A comienzos del mes de junio, la propia consejera de TurismoYaiza Castilla, reconocía “desconocer qué protocolos de control se estaban siguiendo en los aeropuertos del Archipiélago, porque el Gobierno canario  no puede entrar en los protocolos con los que actúan las líneas aéreas, los operadores turísticos y Aeropuertos Españoles y Navegación Aérea (AENA)”. Una circunstancia que a día de hoy continúa sin modificarse. 

No es exagerado, pues, calificar la situación en la que ahora se encuentra el Archipiélago como la crónica de un desastre anunciado. Y tampoco resulta aventurado pronosticar un empeoramiento de la misma en las próximas semanas. 

Y es que la supuesta “estrategia” que consiste en anteponer  la “economía” a la salud de la población ya ha demostrado su terrible capacidad para multiplicar las muertes, al mismo tiempo que provoca en la actividad económica  un efecto totalmente contrario al que pretende conseguir.

Eugenio Fernández / Canarias-semanal.org