Telescopios, protección del territorio y cambio climático (IV)

Jaime

El decreto de las tinieblas. (Publicado inicialmente el 17 de marzo de 2011)

Con la venia de nuestro denunciador, don Francisco Sánchez, volvemos hoy a ocuparnos del controvertido asunto de las instalaciones astrofísicas del Roque de los Muchachos y hablaremos de alguna otra de las contrariedades que los aparatos busca-marcianos deparan a la Palma y a sus habitantes. Pero como nunca se sabe de lo que es capaz el caciquismo que ejercen los mandamases del Observatorio, hasta es posible que nuestros nuevos comentarios sean seleccionados por el director y astrofísico caza-grajas para ampliar su denuncia con la que nos tiene amenazados y, definitivamente, “enchironarnos” por ejercer la sana crítica contra sus torretas del Roque.

 Al amplio currículum perturbador ocasionado por el Instituto Astrofísico de Canarias (IAC) mediante el presunto vertido de aguas contaminadas, las presuntas lesiones al patrimonio arqueológico, los presuntos movimientos ilegales de tierras en un espacio protegido, el presunto exterminio de especies endémicas y la presunta concentración de chatarra ya despositada, además, las instalaciones del Roque de Los Muchachos nos impone drásticas limitaciones en el alumbrado público de vías, calles e instalaciones públicas de los cuatro puntos cardinales de nuestro territorio insular en el objetivo de no incomodar la observación nocturna de los profesores astrofísicos. El “todo a media luz” -como decía la antigua canción- no sabemos cuántos tropezones e incidentes nocturnos ha ocasionado ni qué número de ingresos hospitalarios haya podido provocar por nuestro andar a tientas en la tinieblas desde que, en 1998, la denominada Ley del cielo obliga a nuestros municipios a adaptar la luminosidad a las exigencias del Instituto Astrofísico de Canarias.

 Si nuestros datos no son erróneos, actualmente en la mitad de la Isla aún no se ha instalado la temeraria “vela eléctrica”, no por haberse producido una comprensible y deseable rebelión de los alcaldes de esos municipios, sino porque los costes que ocasionan la sustitución del alumbrado, son en estos momentos prohibitivos para las paupérrimas arcas municipales, y los tres millones de euros ofertados por el Cabildo y el Gobierno de Madrid para tal fin, continúan aún sin hacerse efectivos.

En definitiva, la ley de la obscuridad del si o si, obliga a los ayuntamientos a hacer andar a tropezones nocturnos a sus conciudadanos, les deja sin los recursos prometidos que la puedan hacer posible, pero además, de hacer caso a las pretensiones del astrónomo don Francisco Sánchez, el Cabildo tendría que establecer el estado de excepción tributario en La palma y sancionar económicamente a los municipios de Santa Cruz de la Palma, Breña Alta, Breña Baja, Mazo, Puntagorda, Puntallana y Los Sauces, por incumplir el decreto inquisitorial para obscurecer sus respectivas demarcaciones.

Como vemos, pasan los años y aún nadie, por más que lo hemos implorado, ha sido capaz de exponernos una sola ventaja social proveniente del complejo de telescopios montado en el Roque de Los Muchachos. Al contrario, y aparte de los diversos perjuicios enumerados, la creación de empleo y el desarrollo económico en el que, decían, colaboraría la aventura de las estrellas, se ha traducido en humo, y así La Palma avanza en el aumento de los tenebrosos indicadores sociales de desempleo, exclusión social y pobreza y ruina empresarial. Pero además, y como vemos, los del ente astrofísico pretenden convertirse en asesores fiscales del Cabildo en el objetivo de acabar de asfixiar económicamente a los núcleos poblacionales que no cumplan con su extravagante Ley del cielo, al tanto que las sumisas autoridades continúan aplaudiendo estas y otras excentricidades del falsario Instituto y de su honorable director.