Su tremenda responsabilidad histórica, Ángel Víctor, Román, Noemí, Casimiro

Chema Tante

Creo que pocos gobiernos, en la Historia del mundo, y por supuesto, de Canarias, han tenido tan grande y relativamente tan sencilla oportunidad de mejorar la vida de su país y de su pueblo, como ustedes y el resto de los gobiernos del Planeta tienen en este momento.

Vale la pena hacer un inciso para remarcar eso “del mundo, y por supuesto, de Canarias”, porque parece que cuando se gobierna en las islas, se olvida que formamos parte del mundo y que lo que hacemos acá, para bien o para mal, contribuye  a la fortuna o la desgracia del mundo.

La Humanidad -quienes la dirigen, mejor dicho- después de desatender las repetidas señales de que sus actitudes destructivas del mundo en que habita, está poniendo en peligro su propia existencia, se ha tropezado de frente con esta covid-19, la primera pandemia planetaria de la Historia.

Y solamente las y los covidiotas se resisten a asumir que en el origen de esta plaga bíblica está el deterioro medioambiental, la globalización de la actividad económica. Ya decía Hipócrates que “las enfermedades no nos llegan de la nada, se desarrollan a partir de pequeños pecados diarios contra la Naturaleza. Cuando se hayan acumulado suficientes pecados, las enfermedades aparecerán de repente.”

Y Canarias ha puesto su parte, muy importante, si se relaciona con el tamaño de su territorio y de su población, en esa degradación ecológica y en esa aberración productiva. Y no precisamente “con pequeños pecados”. Los muchos años trayendo y llevando a millones de personas en largos vuelos contaminantes y de transportar centenares de millones de mercancías desde los confines del mundo, porque eran más baratas que las que podíamos producir aquí; y de quemar cantidades descomunales de combustibles fósiles para derrochar energía, porque a alguien no le ha interesado que la generáramos con tecnologías limpias, y de derrochar cantidades ingentes de agua para llenar piscinas, regar jardines y duchar a millones de turistas… Con todo eso Canarias ha aportado su contribución a la preparación del escenario propicio para la difusión del maldito virus.

Todo, por la operación de un negocio turístico que, a pesar de esa carga ambiental desesperante, no ha sacado al pueblo canario de su penosa situación de siempre: paro, miseria, precios altos, salarios bajos, y unas cuantas personas ricas, más ricas que nunca. No me dirán ustedes que no.

Ahora, Ángel Víctor, Román, Noemí y Casimiro, estamos viendo que ustedes siguen escuchando las patrañas de quienes pretenden que nada ha cambiado, que Canarias puede retomar su andadura funesta, que lo que tienen que hacer ustedes es enfrentar la catástrofe social, hasta que las islas puedan empezar a recibir de nuevo las manadas de turistas, cuanto más numerosas, mejor, para recuperar rápidamente, no lo perdido, sino lo dejado de ganar. Aquí, quienes han perdido son las personas pobres. Las ricas, siempre tienen de dónde sacar. Y bastante que han sacado hasta ahora, comerciando con el patrimonio de toda la grey canaria.

Pero eso, retomar el turismo masivo, ya no es solamente funesto. Es, además, imposible. Hasta que se descubra y se administre universalmente la vacuna, los viajes serán anatema. Al menos los masivos. La gente que sabe de salud, no la del turismo, no la de los aviones, ha dicho que eso de la ventilación vertical y los filtros de aire, no pueden esgrimirse para justificar el hacinamiento en los aviones. El maldito virus no se moviliza por aire, sino en las minúsculas gotas de saliva. De manera que si tu prójimo o prójima que tienes al lado puede contagiar, te jeringarás tú también.

Digan lo que digan operadores, transportistas, hoteleros y restauradores, lo único que preserva razonablemente del contagio es la distancia. De manera que barcos y aviones, hoteles y restaurantes no podrán operar más que a media capacidad. En esas condiciones, y con una depresión económica universal en danza, solamente la gente muy rica podrá hacer turismo.

Por mucho que lo deseen, por mucho que confíen en imposibles pasaportes sanitarios, en supuestas medidas de seguridad, el turismo masivo no podrá resucitar en Canarias en los dos próximos años, si no más.

El momento del cambio ha llegado. Porque es conveniente para Canarias, porque es conveniente para el Planeta, pero, además, porque no queda otro remedio.

No me escuchen a mí, total, ya estoy acostumbrado, escuchen a quién sabe. A quién sabe, no a quién tiene.  Hay una larguísima lista de personas que claman en Canarias por un cambio de concepto en el destino turístico. Una tan larga lista, que no es posible reproducirla. Pero que ustedes conocen muy bien, porque continuamente aparecen artículos y declaraciones en ese sentido

La época de los larguísimos viajes, para unas vacaciones de unos pocos días, se acabó. La gente de Alemania, del Reino Unido, de España -no digamos, Achamán me guarde, de Rusia, donde la covid-19 está avanzando espantosamente- se lo va a pensar mucho antes de meterse en un avión, para viajar mejilla con mejilla con el cristiano de al lado, por mucho que aleguen los técnicos sobre filtros y ventilación vertical. Y la poca gente que se atreva a volar, se encontrará con los hoteles y restaurantes a media ocupación, con el uso de piscinas y playas muy restringidas, con controles exasperantes por todas partes y, sobre todo, por encima de todo, con la presencia permanente del maldito virus.

Yo no sé si esto que voy a decir les preocupará mucho a los empresarios, pero lo diré: si se abren los aeropuertos al turismo masivo, el riesgo de infección de una población que ha salido relativamente bien de la covid-19 gracias al aislamiento, es cierto y pavoroso.

Todas las declaraciones de gente experta en salud -la Organización Mundial del Turismo, los fabricantes de aviones, los hoteleros no saben nada de salud, salvo para hacer negocio- rechazan la validez de un supuesto pasaporte sanitario, para prevenir la propagación del coronavirus. El rápido contagio y el periodo de incubación, más la alta proporción de personas asintomáticas, pero propagadoras del virus, y la dilación en conocer los resultados del test PCR (una media de 36 horas) hacen materialmente imposible que ese pasaporte garantice que la o el titular no padezca la covid-19 y pueda contagiar. Como dice la profesora Wiley, citada por Helena Smith y Emma Graham-Harrison en THE GUARDIAN, “territorios como Hawái o Nueva Zelanda, alejados y dependientes del turismo, deben ir pensando en reestructurar dramáticamente su economía para que no dependa del turismo internacional”. Y eso es milimétricamente aplicable al caso de Canarias.

Ya tenemos las primeras muestras de lo que puede pasar. A la semana de iniciar la desescalada, de entrar en la irresponsablemente deseada y demandada Fase Uno, ya el índice de contagios en Canarias se ha revertido. Ya empieza a remontar el número de personas infectadas. De las que se conocen, claro, porque las asintomáticas, que ya andan largando el virus por ahí, de esas no sabemos nada. Espanta pensar en lo que pasará si se abren las puertas al turismo masivo. Eso de #covidfree es, de momento, una patraña suicida y asesina.

El turismo masivo no vendrá a Canarias. Por lo menos, en dos o tres años. Pero eso no es ninguna catástrofe. Todo lo contrario. La catástrofe sería que Canarias empiece a recibir de nuevo millones de turistas, exponiéndose a nuevas infecciones masivamente y contribuyendo de nuevo al desastre ecológico mundial y manteniendo a la población canaria en la injusta discriminación social actual. Pero eso no va a ocurrir. El turismo masivo no vendrá.

Ustedes, Ángel Víctor, Román, Noemí, Casimiro pueden evitar la otra gran catástrofe. Que Canarias se tropiece desprevenida con la desaparición, por ausencia de demanda, del turismo de masas. De paso, pueden liberar a nuestro país del bochorno de cooperar al calentamiento global. Y, además, manteniendo el aislamiento, única seguridad sanitaria fiable, hasta que se encuentre y se administre la vacuna.

Una vacuna sobre la que la comunidad científica todavía está debatiendo sobre si será posible, si será permanente, si habría que actualizarla periódicamente…  Por debatir, todavía no se sabe si la inmunidad es completa, si las personas que han sufrido la enfermedad se pueden o no volver a reinfectar, si pueden o no transmitir el maldito virus. Mucho tiempo, hasta que se puedan tener seguridades sanitarias. Mucho tiempo, hasta que la confianza permita los viajes por el mundo.

Ahora, ustedes están escuchando sugerencias para el Plan de Reconstrucción de Canarias. Y yo les sugiero:

Olvídense del turismo masivo. Utilicen los fondos que reciban o recauden para la reconstrucción, en la reconversión de la economía canaria. Ayuden a las empresas hoteleras y de restauración a desinvertir en su negocio y pasar a otros. Atraigan al talento canario desperdigado por esos mundos y al que ha permanecido aquí, mal o subutilizado, y empleen a esa masa de gente formada, en las nuevas y antiguas actividades que en Canarias pueden desarrollarse.

  • Obra Pública rentable económicamente, y ambientalmente aceptable: desalación de agua y energías renovables.
  • Apoyo decidido y total al sector primario y a la agroindustria.
  • Industria de productos adecuados para un territorio alejado (poco volumen y peso): farmacia, cosmética, electrónica, conocimiento.
  • Turismo de lujo, muy reducida oferta a precios altos, verde, que asuma los valores identitarios canarios y la sostenibilidad como atributos favorables. Gestión canaria de ese turismo, acción directa sobre los targets en origen. Transporte con empresas canarias.
  • Referencia sanitaria y educativa para las naciones de nuestro continente africano.
  • Animación del comercio electrónico para los productos canarios.
  • Una marca única, diferenciada, de calidad, para toda la oferta de bienes y servicios de Canarias.

Si no lo hacen, la Historia se lo demandará.

Chema Tante en La Casa de mi tía