Somos memoria

Jose Farrujia

Al resguardo de los vientos dominantes y emplazado en Teno Alto, en una pequeña explanada desde la que se divisa el Teide, se conserva el Tagoro de Bujamé.

En esta zona de la isla, de cumbres redondeadas, desgastadas y erosionadas por el paso del tiempo; de colores ocres, grises y verdes, este espacio conserva la solemnidad que antaño tuvo, cuando cumplió una importante función para la sociedad indígena de aquella época y de aquel extremo de la isla de Tenerife.

El Tagoro tiene forma circular y se ubica cerca de la morada del Mencey. En él se diferencian dos tipos de espacios: en el interior, el definido por los asientos para la reunión, formados por lajas y dispuestos en círculo, y en el exterior, el círculo de piedras que definía el espacio para llevar a cabo las reuniones. Este tipo de estructuras se repartían por los diferentes menceyatos de la isla

En el Tagoro solían participar, además del mencey, ancianos, parientes del mencey o achimenceyes, con vistas a debatir cuestiones sobre el pueblo y su gobierno.

Muchas de estas estructuras han desaparecido en la isla de Tenerife, fruto de la reocupación y transformación del territorio a lo largo de los siglos posteriores a la conquista. Sin embargo, el Tagoro de Teno o de Bujamé, dado su emplazamiento, ha perdurado en el tiempo como muestra de una cultura y de unas costumbres, las guanches, que forman parte de nuestro legado.

José Farrujia