SECUNDINO DELGADO, VISIONARIO DEL FUTURO

Publicado el Por Intersindical
Francisco Javier 2007

Francisco Javier González


 

En un país desmemoriado a la fuerza, como nuestra colonizada tierra, saber desde niños quienes y que somos es una rara suerte que, generalmente, es fruto de muy concretas circunstancias. Yo aprendí el significado de ser “canario de nación” gracias a una abuela que había parido hijos en Cuba y en Canarias y perdido al marido en esa diáspora y cuya vida transcurría en permanente espera de algún regreso, pendiente tanto de las cartas de los hijos transmarinos y de las visitas a los que una feroz dictadura les hizo conocer los “Salones de Fyyfes”, el campo de concentración de Gando y los trabajos forzados en las carreteras de las cumbres tinerfeñas hasta bien entrados los años 50, como de las cortas estancias en su propia tierra de mi tío Ramón que, como marino, estaba siempre embarcado hasta que recaló en la patria de Bolívar y que, cuando llegaba de Venezuela, junto a los pequeños bolívares de plata, traía palabras tan sonoras como “Independencia”. En las tardes laguneras, mi tío-abuelo Ramón me contaba sus vivencias mambises de la guerra con los españoles, me hablaba del rizado cabello del gigante Maceo cargando a machete y rememoraba su visión dorada de El Vedado donde nació parte de mi familia materna, y su bullicio de algo más de medio siglo atrás. Súmese a ello que mi padre guardaba celosamente los pequeños tomos de la “Biblioteca Canaria” que editara Leoncio Rodríguez junto a una antigua edición de la Historia de Viera, una completa colección de la “Revista de Historia” desde 1924 (hoy “Revista de Historia de Canarias” ) y una colección encuadernada en dos tomos de “Leviatán”, salvada de los registros fascistas escondida, junto a otros libros, en latas enterradas que casualmente encontré, y se entenderá que cuando, a mediados de los años 50, leí en la “Guía Histórica de La Laguna” de Rodríguez Moure una nota de los editores (Instituto de Estudios Canarios) complementando la relación de periódicos laguneros desde la fecha en que Rodríguez Moure terminara su obra (1900) hasta la de su edición (1935) y leí “VACAGÜARÉ. Periódico autonomista” rebusqué en la entonces mejor biblioteca y hemeroteca de Canarias, la del antiguo “Instituto de Canarias” donde era alumno –hoy depositada en la Universidad de La Laguna- y en la de la Económica de Amigos del País sin encontrar ni rastro del Vacagüaré buscado.

Unos años después, universitario ya, junto a la primera bandera independentista que veía, con sus 7 hermosas estrellas rojas que había izado con su compañero Erasmo García en un petrolero de la Gran Colombiana venezolana, traía mi tío Ramón Pérez Suárez desde la patria de Miranda y Bolívar algunas hojas tanto del MAC (Movimiento Autonomista de Canarias) como del MIC (Movimiento por la Independencia de Canarias). En ellas, junto a llamadas a los canarios de la emigración venezolana para que no enviaran “plata” a las islas para forzar a los españoles – cuyas reservas de divisas dependían en gran parte de la emigración isleña- a cambiar el status del Archipiélago, figuraban de nuevo referencias al Vacagüaré y a “El Guanche” en las que, junto al nombre de su autor, figuraba una frase suya “Todo por y para la libertad de los pueblos y de los hombres”. Así supe quién era Secundino Delgado, aunque nadie a los que pregunté conocía algo más o, los que si lo conocían, lo ocultaban. Tuvieron que pasar más de 10 años hasta que Julio Hernández encontrara, en los fondos del Museo Canario de Las Palmas, los ejemplares de “El Guanche” caraqueño y, con la complicidad del bibliotecario de entonces Sr. León, los fotocopiara y los distribuyera clandestinamente a los amigos en La Laguna, para que la conspiración de silencio que encarcelaba a Secundino se rompiera, haciéndose la luz sobre parte de su obra.

Muchos de nosotros, lectores de los libros de la moscovita “Editorial Progreso”, de la argentina “Losada” o de la parisina “Ruedo Ibérico” que vendían clandestinamente algunas librerías de Aguere, que tratábamos de saber más de Lumumba, de Fanon o del Che y estudiábamos los “Cuadernos” de Marta Hanneker, comprendimos entonces el profundo significado de las palabras de Sekou Turé “Enterrar la memoria histórica de un pueblo es desarmarlo frente a la opresión, es enterrarlo a él mismo”. Entendimos, y adoptamos entonces, el pensamiento de Amílcar Cabral sobre el papel de la cultura y la importancia vital de la recuperación y la valoración de la memoria histórica en la lucha de liberación de un pueblo. Caímos en la cuenta de nuestro profundo analfabetismo y supimos que lo que conocíamos, incluido Viera, eran solo visiones muy parciales y subjetivas de nuestra verdadera historia colonial, escrita hasta entonces por los colonizadores.

La seguridad del final del franquismo rompió los candados de muchas mentes y de muchas lenguas. Todos queríamos saber más y aprendimos actuando, iniciando una nueva etapa en la recuperación y construcción de la Nación Canaria que deseábamos y deseamos. Catalizadores importantes de la acción fueron “La Voz de Canarias Libre” por las ondas argelinas, el trabajo terco, cotidiano y arriesgado de los miembros de “Solidaridad Canaria”, de las organizaciones de trabajadores como la CCT y el SOC, y de los militantes de partidos y organizaciones que creían en y luchaban por nuestra liberación nacional, pero –y de nuevo traigo a colación el pensamiento de Amílcar Cabral- creo que el factor que más contribuyó a sacudir la modorra de siglos fue la lucha cultural , las charlas pueblo a pueblo, los “Cuadernos de Nombres Guanches” y los otros editados por Solidaridad Canaria que difundían nuestra nueva visión histórica desde la óptica del colonizado y no la del colonizador. Secundino entonces, del que conocíamos muy poco, se convirtió en bandera de combate. Todas las charlas terminaban con el verbo encendido de Hupalupa, viviendo más que recitando el poema delgadiano “Mi Patria” que nos sacudía con la pregunta “¿Qué quiere España de mí/ yo olvidar donde nací/ por la madrasta arbitraria?” avivando en los oyentes “la saña que sintió en su pecho el guanche”. Uno de los retratos de Secundino, aportado por su sobrino-nieto Raúl Delgado y reproducido a plumilla, se convirtió en el inseparable compañero de los poster del Che en las paredes juveniles. Como no podía ser de otra forma empezó a “aparecer” el resto de la obra delgadiana. Se encontraron ejemplares de su “Vacagüaré-Vía Crucis” que daba luz humana a lo que hasta el momento era solo un mito, y se encontraron en la Biblioteca Municipal de Santa Cruz –que cumple estos días su 125 aniversario- colecciones de “El Obrero” y, con el esfuerzo de unos pocos, se fue rompiendo el velo con que la historiografía colonial oficial y la criolla, domesticada y servil, cubrían la figura de Secundino.

Desde 1978 la Asociación Pro Independencia de Canarias APIC venezolana, heredera del MAC y el posterior MIC, ilustra la portada de su publicación “Siete Estrellas Verdes” con la imagen y frases de Secundino. Ese año, en Caracas, el herreño Enrique Gutiérrez, otro gran luchador casi ignoto, esculpe su busto poco antes de que en Tenerife, por encargo de la CCT, Fernando García Ramos lo plasme en un bajorrelieve que se coloca en el local da la Rambla santacrucera a la espera de mejor destino y en mayo de ese año Julio Hernández lee su tesis doctoral en La Laguna sobre la emigración canaria a la América del XIX -que más tarde le publicaría el Cabildo grancanario-en que sentaba la tesis de que la participación isleña en las luchas independentistas cubanas fueron, a su vez, la matriz del independentismo canario en América. Julio ya había traído a Tenerife, subrepticiamente, fotocopias de “El Guanche” de la hemeroteca del Museo Canario que le suministró de los “fondos reservados” su bibliotecario José León. En mayo de 1980 Manolo Suárez publica la primera biografía de Secundino, que subtitula como “Padre de la Nacionalidad Canaria”, con la pionera Editorial Benchomo de Cándido Hernández, edición que el gobierno español secuestró en la Litografía Maype de Aguere y en las librerías que pudo, faena que remató con la detención del pintor autor de la portada, Paco Domínguez, aunque no se pudo incautar de la pintura, en pequeño cuadro que colgaba de una pared de la finca “La Pasada” por haber sido un encargo de HermógenesAfonso/Hupalupa. En el 81, y también con la Editorial Benchomo, Oswaldo Brito y Julio Hernández publican, con comentarios previos, la edición facsímil de “Vacagüaré-Vía Crucis” y la misma editorial reedita “El Guanche” de Caracas como hará al año siguiente, también en facsímil, con los ejemplares conocidos de la 2ª época de “El Guanche” de La Habana. Ese año de 1982 se coloca, el 4 de mayo, en el viejo cementerio de San Rafael y San Roque de Santa Cruz donde se sepultó a Secundino el bajorrelieve de la CCT que celebra, por primera vez, un acto necrológico, acto que desde entonces y con diferentes oferentes se celebra anualmente. La plancha de mármol con el bajorrelieve se colocó en un muro del lateral derecho por no haberse podido localizar la sepultura que no constaba en los registros incompletos del viejo cementerio. El 5 de mayo de 1984, en el Teatro Leal de La Laguna, el Centro “Amílcar Cabral” organiza el primer acto público multitudinario, con lleno absoluto del teatro con varias intervenciones, entre las que recuerdo la de Paco Tarajano, Tomás Chávez, Paco Viña y yo mismo, y que cierra Taburiente –venidos gratuita y expresamente de La Palma para ello- con su “AchGuañac”. A partir de aquí, Secundino, al que los Sabandeños llevan a su discografía, es ya un personaje popular. Manolo Suárez recopila “El mejor de los mundos y otros relatos” y publica una segunda biografía en que el subtítulo cambia a “Padre del Nacionalismo Canario”, mientras que José Manuel Vilar, en medio de amenazas de bombas y desalojos policiales, estrena en un abarrotado Teatro Leal su “Proceso a Secundino”, que años más tarde llevará a la letra impresa en una edición de “Baile del Sol” que tuve el honor de prologar.

Era tan poco lo que sabíamos de Secundino en realidad cuando lo colocamos en el lugar que reservábamos para los antiguos héroes anticoloniales, junto a Doramas, Bentejuí, Hupalupa, Hautakuperche, Tanausú, Benchomo o Tinguaro, que los actos en su honor que anualmente celebrábamos –en el Ateneo de La Laguna el Centro “Amílcar Cabral y en el cementerio de San Rafael y San Roque el conjunto, siempre variable y pocas veces unidos, de partidos y organizaciones que se autodefinían como independentistas- se hacían el 4 de mayo, aniversario de su temprana y trágica defunción por ignorarse la de su nacimiento hasta finales de esos 80 cuando Manolo de Paz tiene acceso al Archivo Militar de Salamanca y, estudiando los documentos de la prisión de Secundino en la Cárcel Modelo de Madrid, descubre la fecha de su nacimiento, un 5 de octubre de 1867, lo que nos permitió a partir de ahí conmemorar su natalicio. Así, en el 92 –mientras la españolera celebraba su desembarco en tierras americanas- celebramos su 125 aniversario con motivo del cual “Los Lunes de Diario de Las Palmas”, que llevaban entonces al alimón Víctor Ramírez y Rafael Franquelo, editó una separata que me encargaron de redactar.

Me he extendido más en reseñar como, poco a poco, lo descubrimos, que en el propio Secundino, pero pienso que no es un ejercicio gratuito. Mi intención es que nos facilite entender el porqué de otras posiciones, diversas y divergentes, respecto a su figura y obra, que van surgiendo a medida que se va conociendo y ganando relieve público y que, a “El Guanche” caraqueño se le une su autobiografía en “Vacagüaré-Vía Crucis”, sus artículos en “El Obrero” y la fundación del “Partido Popular” –evidentemente no el PP de la derecha española- voces que tildan a Secundino de “autonomista” y, algunas incluso, como “españolista” por su apoyo a la candidatura republicana en las elecciones de 1903.



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