Sáhara occidental, solidaridad e hipocresía

El 14 de noviembre, el presidente de la República Árabe Saharaui Democrática, Bahim Ghali, también secretario general del Frente Polisario (Frente de Liberación Popular de Saguia el Hamra y Río de Oro, los dos territorios que componen el Sáhara Occidental), anunció la ruptura del alto el fuego acordado en los acuerdos de 1991, tras la incursión del ejército y la gendarmería marroquí en su territorio en la zona de Guerguerat, para reprimir las legítimas protestas de la población saharaui. Otro capítulo en la historia de la resistencia de este pueblo, abandonado a su suerte por el “demérito rey fugitivo” de España, el poder administrativo, tras la descolonización, olvidado por sus sucesivos gobiernos (también el actual gobierno “progresista”), apoyando la ocupación marroquí de las tres cuartas partes de su territorio, la construcción de un muro de más de 2.700 km, la violación constante de sus derechos, la represión, las desapariciones forzadas, las mutilaciones por minas chantajeadas en su territorio, los presos políticos y presos torturados en prisión, sus recursos naturales saqueados por Marruecos y empresas europeas, la impotencia de contemplar cómo, ni las sentencias dictadas por los tribunales europeos, ni los convenios internacionales traen consecuencias para quienes no las cumplen … y todo ello bajo la presencia pasiva de Minurso, en connivencia con el Estado opresor, en lugar de lanzar el Referéndum de Autodeterminación que había sido encargado por la ONU. 

Hay muchos intereses estratégicos en el apoyo a Marruecos por parte de las potencias occidentales, especialmente Francia y la monarquía española, que la utilizó como moneda para asentarse en el régimen del 78. También de las monarquías del Golfo Pérsico y, por supuesto, del Estado de Israel. Una escalada de guerra en la zona podría tener graves consecuencias. El ejército saharaui, con recursos limitados, tendría que lidiar con un ejército marroquí poderoso y modernizado, que compró material de guerra de estados europeos (también España), drones a Israel y más de 12 millones en armamento, solo en la era Trump, a Estados Unidos, que estableció su posición y control en la zona y una base militar, intimidando, de paso, a la vecina Argel.  

Hay que destacar el trabajo que viene desarrollando la asociación Gallega Solidaria con el Pueblo Saharaui.

El Sáhara Occidental tiene la misma desgracia que otros pueblos víctimas del imperialismo: tiene un interés geoestratégico y unos recursos naturales muy valorados para su explotación. Mientras tanto, su gente vive bajo ocupación o en los campos de refugiados de Tinduf, en condiciones de extrema pobreza y dependientes de la ayuda y la solidaridad.  

Solidaridad que viene de Cuba, que aporta personal sanitario y docente, instituciones locales y asociaciones de otros países y, por supuesto, Galicia, donde hay que destacar la labor que lleva a cabo la asociación Gallega Solidaridad con el Pueblo Saharaui (Sogaps).  

Pero el problema del Sáhara Occidental no es solo un problema humanitario que deba ser resuelto por la caridad. Este conflicto solo puede tener una solución política, que pasa por respetar su derecho a la autodeterminación y aplicar los acuerdos alcanzados. 

Ya cansado de tanta hipocresía de los representantes institucionales y políticos, con declaraciones, discursos o tuits en las redes sociales, e incluso intervenciones muy grandiosas en foros como la Eucoco (Conferencia Europea de Apoyo y Solidaridad con el Pueblo Saharaui), responsables del PP y del PSOE, que nunca tuvieron interés en resolver el problema cuando les tocaba gobernar. Y también estamos hartos de escuchar a representantes de la nueva política española con discursos solidarios, ahora tuits de resoluciones de la ONU y el silencio absoluto desde el cargo de gobierno. Al final, lo tiene muy claro: las organizaciones políticas, sindicales y sociales que mantienen, a la perfección, el compromiso con el pueblo saharaui, acaban siendo las que de verdad creen en ese derecho a la autodeterminación que también reclaman para sus pueblos, algo que dejó la española, que se presentaba a sí mismo como un rupturista, no encajaba del todo en su concepto de democracia, en un estado monárquico, posfranquista y centralista, limitándose a la pura postura mediática.  

Xose L. Rivera Jácome 

Responsable Relaciones Internacionales  

Confederación Intersindical Gallega