Reforma laboral, derogarla o no derogarla, una cuestión de intereses

Chema Tante

La Pachamama, para sacar a la superficie la verdadera identidad de la gente. Ya la conocíamos, pero ahora las observamos de manera todavía más nítida. 

Sin embargo, el fenómeno no solamente se da con el espantoso virus. También se da en otros acontecimientos, como este asunto del denostado por una parte, celebrado por la otra, acuerdo a que han llegado el PSOE y UP con EH BILDU, para recuperar la legislación laboral que defiende los intereses de la gente trabajadora, contra los abusos de las patronales.

Al anuncio del acuerdo, siguió una supuesta rectificación surgida de las profundidades del neoliberalismo enquistado en el PSOE, que intentó a posteriori modificar la realidad de lo pactado. Pero, el acuerdo está ahí, como dice Mertxe Aizpurua. Y se ajusta además al acuerdo de legislatura que dio origen al Gobierno Progresista, como ha dicho cristalinamente, en sus propias palabras, Iglesias.

En definitiva, guste o no, que no le gusta, al neoliberalismo confeso empresarial o al sibilino que infecta a una parte del PSOE, el acuerdo de derogación, eliminación, desaparición, liquidación o como quiera llamarse, de la reforma laboral, puede y debe cumplirse.

No hay duda, estamos frente a una cuestión de intereses.

Ahí están los medios. Vemos, leemos y escuchamos a los medios no conservadores, que serían aceptables y aceptados, pero no los hay, sino los de la derecha cerril, exasperados, aullando contra una medida que es de justicia. Pero también a otros que se venden como progresistas, como la ínclita SER, también indignados por el acuerdo de derogación de la dichosa reforma laboral. Desde el mismo momento en que se supo la noticia, el hiperbólico Javier Ruiz empezó a gritar sin cesar “van a encarecer el despido”. Claro. Es que son los intereses. En el caso de estos medios, el interés por satisfacer los de sus clientes.

Y las empresas, las patronales y los grandes empresarios, graznando el guineo inaguantable de que “la reforma laboral, creó tres millones de empleos, y su derogación, los va a destruir”. No dicen, porque no les interesa, que esos tres millones no fueron de empleos, sino de contratos precarios, con salarios mezquinos, de hoy trabajas y el viernes te vas. No les interesa decir que esos trabajos miserables igual se hubieran creado, seguramente en mejores condiciones, con una legislación laboral justa. Y tampoco les interesa decir que el paro actual y el que viene no se debe a la legislación laboral, sino porque, parece que no se han enterado, sufrimos una terrible crisis económica derivada de la sanitaria. Es, otra vez, una cuestión de intereses. Con el despojo de derechos que sufrió la clase trabajadora, las empresas han visto crecer sus beneficios en una paz laboral impuesta por el miedo y el chantaje. 

Y los sindicatos oficialistas, sus dirigentes, los que se codean en amigable compadreo con las patronales. Ahora se han irritado porque no han contado con ellos. Todo indica que lo mejor ha sido no hacerlo. Porque hubieran puesto un montón de inconvenientes, porque no les interesa perder esa posición confortable en que se encuentran, bien lejos de sus bases.

Y esa parte del PSOE que deserta de los ideales de su partido y presta siempre toda su atención a servir al neoliberalismo, también está movida por los intereses. Sus intereses, en recibir los favores del poder real, el poder del dinero. Los intereses de recibir los premios que Bruselas derrama sobre su gente elegida. Porque Bruselas sí que paga a traidores y a traidoras. Lo sabe muy bien Nadia Calviño.

Y al final, ¿a quién le importan los intereses de las trabajadoras y los trabajadores? Parece que no hay duda. A quienes han hecho honor a su condición de gente de izquierda y han firmado el acuerdo de libertad laboral.

Chema Tante