Antonio Cabrera de León

Francia es quizá el país con mayor tradición de que una protesta popular detenga los abusos de quienes ostentan el poder. Suya fue la revolución que puso las bases de los sistemas democráticos a finales del siglo XVIII. En Francia hemos visto recientemente el triunfo de la revuelta de los chalecos amarillos, que no ha sido otra cosa que la explosión de la gente que vive al límite cuando intentaron subirle el precio del transporte.

Ahora estamos viviendo la lucha de los trabajadores franceses contra el intento de recortarles las pensiones. Por supuesto los poderosos no lo llaman recorte, sino reforma. De momento ya han logrado la dimisión del principal ministro encargado del recorte, al cual le descubrieron intereses ligados a las aseguradoras privadas que se quieren quedar con el negocio de los planes de pensiones de las clases trabajadoras. Es probable que la revuelta vuelva a doblarle el pulso al gobierno francés porque consigue paralizar el país cada vez que convoca uno o varios días de huelga.

La lucha por las pensiones públicas, como la de la sanidad pública o la educación pública es puramente ideológica. El ultraliberalismo dominante intenta la privatización de todos los servicios públicos mientras la socialdemocracia menguante trata de salvar un estado de bienestar al que mucho socioliberal traiciona. Allá cada cual con el modelo de sociedad que quiere para sí mismo y para su familia.

El ultraliberalismo no es una doctrina que tenga a la democracia en un altar. En los escritos y en la práctica profesional de sus grandes popes, tanto Hayek como Friedman, se encuentra la defensa de los gobiernos autoritarios. Ahí quedó para la historia la colaboración de los dos con la sangrienta dictadura de Pinochet. Como cualquier grupo de fanáticos, como cualquier Mengele, Hayek y Friedman aprovecharon el régimen de terror del fascista chileno para experimentar sus ideas.

Con una población sometida a sangre y fuego, impusieron la privatización del sistema de pensiones en Chile. Hoy, cuando ha llegado la hora de cobrar aquellas maravillosas pensiones privadas que los fanáticos impusieron, los pensionistas chilenos se han encontrado con 200 euros mensuales y la noticia de que los miles de millones que entre todos pagaron se los llevó la banca, el empresariado y sus militarotes. Recomiendo que no dejen de leer el artículo que les pongo abajo.

Los pensionistas españoles vienen manifestándose por la salvación de las pensiones públicas y la dignificación de las mismas. ¿Dónde están los trabajadores españoles que los acompañan? ¿Dónde están los sindicatos que convoquen a los trabajadores?