Legitimidad y escrache

El auge de innovaciones en las formas de acción colectiva de los pueblos y grupos sociales no es un antojo subjetivo de estos, responde a alteraciones y cambios sociales significativos. El escrache ha salido del repertorio de recursos de acción colectiva que los movimientos sociales acumulan y consideran que el contexto lo merece. Cuando los pueblos protestan hacen lo que saben hacer, lo que pueden hacer y, sobre todo, lo que los demás esperan que haga, convirtiendo esas formas en parte de la cultura de una sociedad. Por eso, las innovaciones se producen a ritmo glacial. Hartos de manifestaciones aburridas con itinerarios absurdos, hartos de infructuosas iniciativas legislativas populares y de elecciones para que siempre salga lo mismo, en medio de una crisis social provocada por el ultracapitalismo asilvestrado; los grupos afectados responden con innovaciones que se adapten a la nueva situación.

A situaciones crueles, respuestas medio-crueles, a actitudes repulsivas, métodos medio-repulsivos, y el grado de legitimidad lo marca su justificación o no por parte de la ciudadanía, su eficacia, relacionado todo con el nivel de degradación de la autodenominada democracia parlamentaria. Efectivamente, traspasado el límite de putrefacción aceptable, la desesperación de numerosos sectores sociales pone en marcha su imaginación para procurar reorientar una situación que consideran deplorable. Escrachear a las autoridades no es nada comparado con el recurso de los empresarios al matonismo y al asesinato de dirigentes sindicales, al cobrador del Frac y a la policía cuantas veces estiman que sus beneficios no son suficientes, por eso, aprendida la lección, también los que sufren recurren al acoso, simbólico por ahora, contra quienes dirigen la economía y la política que les arruina, que les roba el dinero de sus bolsillos, que provoca cientos y cientos de intentos de suicidios, muchísimos más que los que han acabado en muertes.

En fin, que ante la perspectiva de taparse con cartones o de temer por el plato de comida de su prole, se buscará en el baúl del repertorio de acción colectiva donde, teórica e históricamente, caben cosas mucho más duras que armar bulla en la casa de la élite dirigente. Las culturas políticas son dinámicas.