Las redes sociales y las granjas

Los criterios convencionales no se respetan en las guerras. El rastro en internet descubre cómo somos. A partir de la acumulación de grandes volúmenes de datos agregados – Big Data – se nos permite conocer y predecir las tendencias y los comportamientos humanos, creando mapas de opinión. Hoy en día es un nicho de negocio. El análisis y la venta de información forma parte del mercado. No sólo del mercado para vender productos, sino para promover cambios en la opinión pública, e incluso, influir en las campañas electorales. Sería la llamada guerra sucia por otros medios.

El uso de los bots, los robots que permiten conseguir seguidores comprándolos, son más conocidos. Pero son menos conocidas las granjas de telefonía: personas que trabajan en habitaciones llenas de télefonos y dedican las horas, en condiciones laborales muy precarias, a simplemente, cliclar bajo la dirección de una empresa: se llaman ‘Click Farms”. No hace falta que estén localizadas en tu país, en países como India, China o Bangladesh, puede usted hacerse con sus servicios, bien sea para ganar algún concurso, algunas elecciones, o si quiere ganar popularidad. El diario ingles The Guardian (2013) denunciaba estas granjas.

En estas semanas con el COVID-19, la guerra sucia ha estado presente. El grado de actividad de los censores de internet han estimado que se han reiterado más de un millón de noticias falsas sobre el COVID-19, han aumentado las llamadas al 112 por violencia de género, se ha recrudecido la lucha política, a través de plataformas online, con oleadas de campañas que han sido, cada vez más fácil de detectar para el mortal común, con un hastío compartido. Se sabe francamente poco de estos tipos de granjas de clics porque trabajan en la clandestinidad, aunque se comienza a saber que hay agencias que las controlan, y que cada vez más, trabajan de forma normalizada. Estos robots intentan inclinar los intereses de la red, desvirtuando su sentido originario.

En un reciente informe de Google sobre el confinamiento, en relación a España, señala que hemos sido muy disciplinados , con un cumplimiento del 97% de las órdenes del Gobierno. Y en Corea del Sur, han vuelto a la vida normalizada un 87% de sus ciudadanos. Parece ser que, entre más se extienda el virus hay menos espacio para la estigmatizacion de los que han sufrido el contagio. Así mismo, en este tiempo, ha sido significativa la mayor demanda del consumo de cervezas, aceitunas, patatas fritas, con el consiguiente efecto colateral, aumentar de peso.

Esperamos que cada vez más, la investigación y la transparencia de la red no se desvirtúen. ¿Estaríamos todos interesados?. La conciencia crítica en la ciudadanía es más que necesaria.

Francisco Rodríguez Pulido