Las cabras y la bolsa de Chicago

Estos días nos han dado un tirón de orejas, ya que las gallinas y las cabras que creíamos que eran animales marginales en la economía familiar, que cuando éramos “pobres” nos alimentábamos con lo que quedaba en nuestros pueblos, ahora resulta que su alimentación mira para la bolsa de los alimentos en Chicago. Aquí y ahora, nos hemos olvidado del campo y de los campesinos, de la relación del campo con el estómago.  

El año que más pasto tiene el suelo canario, apenas tiene cabras y vacas que lo muerdan, ya que no tenemos pastores y ganaderos, tenemos miles de parados y lo que es peor, peligro de incendios para el próximo verano.  

Hemos declarado el 50% del territorio protegido, sin embargo, la ganadería la hemos echado del monte y los campos sin cultivar, dependientes de alimentos importados. El gobierno canario habla de un plan forrajero, que nadie conoce, su aplicación gran parte de las granjas las situamos como “alegales”, ya que nos hemos hecho “finos”, hasta el canto de un gallo nos molesta y cuando llevamos el ganado al manchón tenemos que barrer el camino. 

Pepe Monagas nos describía en la época del racionamiento en las azoteas de Las Palmas de Gran Canaria, las cabras. Aquí y ahora no queremos pastores en los entornos forestales, ni en los barrancos, hemos roto con los usos tradicionales, no queremos mirar para el entorno ni para atrás. Han entrado en las islas excedentes agroganaderos de fuera, leche, mantequilla, queso, nos han hecho olvidar el campo, agricultura, ganadería. 

Las leyes ambientales se han realizado con una cultura urbana, ignorando a los campesinos, rompiendo con los usos tradicionales de una gestión compartida: forraje, leña, abono para la agricultura. Cuando hemos planteado la gestión del monte con pastoreo lo han parado en nombre del medio ambiente, cosa que nos ocurrió en Chivisaya con Nicomedes, en Gran Canaria tras el incendio del 2017.  

Los pastores han conseguido los logros de la trashumancia, aquí hemos tenido freno a los procesos de urbanización física y cultural con ganaderos con nuestro querido Pedro Molina, gracias a él no ha desaparecido la vaca basta y un número importante de explotaciones ganaderas, desde Fuerteventura a La Palma. Qué decir de las romerías y el arrastre de ganado como referencia, sobre todo ante los urbanitas, supuestamente protectores de los animales. Qué decir de Pedro y el REA, ante importaciones de aluvión que inundaban los mercados, con excedentes ganaderos del mundo, arruinando la producción local. También Pedro logró la importación de alimentos para el ganado en el REA que han favorecido lo que tenemos hoy, sobre todo en las granjas de gallinas, cabras y ganado de engorde. Hoy tenemos un tejido empresarial con numerosos jóvenes que defienden una dignificación del campo, separando la ganadería de un mundo marginal, seguro que el bache actual lo superamos. 

Ganadería y dependencia en Canarias  

Tenemos techos de cristal en el campo canario, la actividad ganadera es dependiente de alimentos importados: millo, soja, cebada, paja… por otro parte importamos queso, leche, carne… tanto de la UE como de terceros países, sin aranceles, caso del pollo de Brasil, huevos de Marruecos, mientras que le aplicamos a nuestros ganaderos la Ley de Bienestar Animal con un control en alimentos y en los mataderos.  

No sabemos lo que ocurre fuera, el campo canario no ha realizado una serie de mejoras para facilitar tanto los establecimientos ganaderos como el pastoreo en terrenos no cultivados incluido sistemas que faciliten el movimiento del ganado en el medio rural incluido montes adehesados, es decir, una actividad más complementaria entre agricultura, medioambiente y ganadería.  

Revalorizar la agricultura biológica, estiércol con más materia orgánica (limpieza del monte relacionada con actividades ganaderas). En otro estado de cosas, pastores eléctricos, y corte de fayas y brezos para cabras, ovejas, y vacunos como complemento alimentario y para estiércol, es decir, una integración de ganadería, medioambiente y agricultura. 

Nuestros ganaderos se han encontrado, no solo con una subida de los alimentos: soja, millo, cebada… hasta un 30%, la mayor subida de los últimos diez años, y lo que es peor, no tenemos el anunciado Plan Ganadero, ni cuidado de forrajes propios, como los de las zonas húmedas: tagasartes, millo, fayas, brezos, o lechugones; y en las zonas más áridas: tederos, vinagreras-calcosas, tuneras. O bien riego con aguas reutilizadas, alfalfas, pasto del Sudán. 

No hay un planteamiento político sobre ganadería, agricultura, medioambiente, gestión del territorio, prevención de incendios, coordinación entre los pastores y la administración. Son numerosos los países del entorno en los que hay una colaboración entre ganaderos y medioambiente, colaboración entre los pastores y su ganado haciendo prevención ante los incendios, aquí hay barreras burocráticas, aquí y ahora, las actividades familiares en el campo las castigamos. 

Gallofas o trocapeón para segar y retirar pasto del campo con participación y apoyo del entorno está castigado como fraude a la Seguridad Social. 

Los últimos acontecimientos nos obligan con urgencia al tratamiento de los problemas del campo como algo precario en Canarias, es lamentable que hasta las gallinas en Garafía estén mirando para el precio de millo en Chicago. 

Wladimiro Rodríguez Brito