La viña y el cambio climático

Wladimiro Rodríguez Brito

Todos los días, los responsables políticos en Canarias nos hablan del cambio climático y la soberanía alimentaria. La viña es de los pocos productos que se producen con rendimientos aceptables, con menos de 200 litros m2/año, con rendimientos de entre 0,2 y 0,4 kg/m2, mientras que en platanera hemos de ponerle al m2 algo más de mil litros. La viña, además, tiene otras ventajas: tolerancia a suelos pobres, laderas sin sorribas, malpaís, borde de parcelas en entornos marginales de las tierras cultivadas, etc.

Los alegatos y los hechos del s. XXI. Si leemos lo ocurrido en algunos municipios vinculados a la viña en Tenerife y La Palma, los datos son muy expresivos. Tacoronte-Santa Úrsula, más Icod y la zona Vilaflor-Arico en Tenerife; Mazo, Fuencaliente y El Paso en La Palma (no incluimos de Tinizara a Briesta, que ha mejorado). Entre 2002 y 2018, las zonas de Tacoronte Acentejo e Icod, y el sur de La Palma, han perdido en torno al 30% de la superficie cultivada de viña en 15 años. Hablamos de cambio climático y rentabilidad económica.

No olvidemos que los vinos canarios tienen una calidad acreditada en la historia, por lo que se pagan más en el exterior, exportando por algo más de 4 millones de euros en 2018, con posibilidades de ganar cotas de mercado, -parado ahora por Trump-. Suelo, clima, viña, a la que hemos de añadir el mercado canario, ya que estamos importando 50 millones de litros, mientras que la producción local está entre 8 y 12 millones de litros. El autoabastecimientos demanda más de 15.000 Has. Cultivadas. Léase las hectáreas que podemos cultivar hoy en suelos balutos, máxime si le damos un riego auxiliar con aguas depuradas, incorporando paisaje agrario, puestos de trabajo, prevención de incendios y, por supuesto, diversificación económica y demográfica, mejorando la Canarias vaciada, léase Garafía, Puntagorda, medianías del sur de Tenerife, Lanzarote, El Hierro, entornos de Icod, Tacoronte, que ha perdido el 40% de las tierras cultivadas en los últimos años, con el peligro de incendios o riadas que ello conlleva. Léase el Barranco de San Juan en Tacoronte, lleno de matorrales, zarzas y cañeros, o recuérdese la riada de 1946, con varias víctimas en dicho barranco.

Numerosos campos de cultivos, hoy huérfanos de campesinos, es decir, importamos el equivalente de más de 12.000 Has cultivadas, hoy balutas, para las que tenemos que ganar compromiso con los consumidores de las islas. Aquí no podemos producir uvas que no consigan precios próximos a los 2€/Kg. El vino que vemos en los lineales de los supermercados, de 4 a 5 euros la botella, genera ingresos de miseria y abandono del campo.

Las bodegas, las cadenas de distribución y los responsables políticos, han de plantear que el campo, la agricultura, la rentabilidad, la población en el medio rural, demanda de menos alegatos y más hechos. El esfuerzo humano necesita de más recursos económicos en vez de debates sobre si la huella de carbono, la economía circular, soberanía alimentaria y bla, bla, bla.

Otro debate, la renta mínima vital. Claro que hemos de conseguir unos ingresos de supervivencia, pero también hemos de hablar de trabajo, del campo, del medio ambiente y no del miedo ambiente.

Nuestros jóvenes, no miran para la viña, entre otras cosas por razones económicas. Tenemos números ejemplos de familias de empresas que están consiguiendo dignificar el mundo rural, incorporándose jóvenes y ahorros en Las Tricias, en Puntagorga, en La Guancha, en La Orotava, en Arico, en Vilaflor, en Lanzarote, Fuerteventura, El Hierro, Gran Canaria, etc., hay numerosos ejemplos de éxitos en bodegas, queserías y guachinches, que están ganando cuotas de mercado, prestigiando el vino, el queso, la fruta, las hortalizas, en definitiva la producción local.
¿Para cuándo incorporaremos pastores asociados al medio ambiente?, para limpiar entornos forestales, barrancos, tierras balutas. La administración debe ser una aliada solidaria con el campo, con el medio ambiente y no con el miedo ambiente. Lo de la soberanía alimentaria no debe quedarse en un alegato vacío de presupuesto y contenido.

Es lamentable que Canarias abandone los cultivos menos exigentes en agua. Hemos perdido más de 4.000 Has. de viña, y aquí hablando de soberanía alimentaria y cambio climático sin presupuesto.

Otro campo y otra sociedad son posibles. La gestión del medio rural, agricultura y medio ambiente, demanda compromiso, ilusiones, menos paja y más trigo.

Wladimiro Rodríguez Brito