La sanidad pública, presidente

Antonio Cabrera de León

Difícilmente la sociedad canaria, que anda a la cabeza de España en pobreza, puede tener una sanidad a la altura de otras que invierten más. Tenemos buenos profesionales, buenos centros de salud y hospitales, pero si hubiera una liga de la sanidad ocurriría como con la de fútbol: estaríamos en segunda.

Ante una situación dramática como la actual el personal sanitario, que sí es de primera, se juega su salud para salvar la de todos. Saben que salvan vidas, pero me pregunto si saben que están salvando la sanidad pública.

El anterior presidente de Canarias manifestó que a la gente no le importaba si la sanidad era pública o privada, sino que le resolvieran su problema. Tremendo error. Hoy no se atrevería a decirlo. La clase media, a la que se empujó hacia las aseguradoras privadas, acaba de comprobar que cuando el coronavirus llama a tu puerta la única respuesta es la sanidad pública.

Ahora hay otro presidente. Parece una persona comprometida, pero en sanidad lo ha hecho mal desde el minuto uno. Designó a una consejera desconocedora de la sanidad y le nombró un equipo sin conocimiento sanitario. Quizá la directora fuera una buena gestora. Pero si la directora no conoce la sanidad la consejera tiene que conocerla, o viceversa. Y a cargo de hospitales con miles de trabajadores tiene que haber personas expertas, presidente.

Mientras estuvieron al frente, Teresa Cruz y Blanca Méndez sufrieron el acoso de los intereses corporativos y empresariales existentes en torno a la sanidad pública. Los más poderosos usaron los medios de comunicación y presionaron en la pata más receptiva del gobierno. Han aprovechado la epidemia para entrar a degüello. El presidente ha mostrado debilidad y falta de lecturas jesuíticas: “En tiempos de tribulación, no hacer mudanza”.

Cuando todo el país, y casi todo el mundo, se ha visto sin material sanitario y con los profesionales desprotegidos, es truculento emplear la desprotección de los sanitarios canarios para pedir un cese. La evolución de la epidemia en Canarias no ha sido peor, ni ha estado peor gestionada, que en otras comunidades ¿Quién manda hoy en el SCS? Volvemos a tener, en otro error del presidente, un consejero y un director sin conocimientos sanitarios ¿Qué decisiones toman estas personas? ¿Con qué criterio y conocimientos? ¿Las toman ellos? Se ha creado un comité científico para la emergencia sanitaria presidido por una persona que tampoco es sanitario (nuevo error, presidente), y que tras dos años como director del SCS dejó para el recuerdo una convocatoria de oposiciones con familiares y amigos vencedores ¿Está tomando esta persona decisiones que firman otros? Eso ya no sería un error, sino otra cosa.

Conozco a los otros cuatro miembros de ese comité científico, los tengo en gran estima personal y profesional. Pero dejando su valía y mi amistad aparte, me pregunto si el presidente tiene algo contra los profesionales del SCS ¿No hay en ese comité ningún especialista del SCS en enfermedades infecciosas? ¿No hay sitio para los intensivistas? ¿Ningún microbiólogo ni inmunólogo de los grandes hospitales? ¿No hay epidemiólogos ni estadísticos del SCS? ¿Dónde están los médicos de familia que estos días atienden a dos millones de canarios en sus domicilios? ¿Dónde las enfermeras que saben cómo están las plantas y los centros de salud? ¿Los médicos de urgencias, quizá? ¿Ningún gerente en el comité?

Hoy en la sanidad pública canaria no se sabe quién manda, pero sí quiénes la salvan y nos salvan a todos. Gracias compañeros y compañeras. Ninguna profesión es más dura, ni más hermosa.

Antonio Cabrera de León