La otra corona vírica

Antonio Cabrera de León

Mientras te machacan con el coronavirus, no te dicen quiénes son los ladrones que te atracan sin ponerse mascarilla. Un grupo de militares fascistas dio un golpe de Estado para deponer la República que nos habíamos dado democráticamente. Colaboraron los banqueros, financieramente, y el rey que había huido al exilio perdiendo el chollo. Pasaron a media España por las armas y robaron a manos llenas durante 40 años. Nunca fueron juzgados por ello. Antes de morir, el cabecilla de los fascistones repuso en el trono la monarquía que los españoles habíamos depuesto en 1931. Sin referéndum sobre ella, sino entronizada por la gracia de un dios y el dedo de un asesino, así regresó la monarquía y así fue rey este campechano franquista.

La frase vino de Francia, como ellos: “Es costumbre monárquica el robar, pero los Borbones exageran”. Esos son sus antecedentes familiares. Campechano sólo siguió la tradición. La mascarilla póntela tú, si vas a robar, que ellos no la necesitan. No dejes de leer el artículo de Ignacio Escolar para que veas como mueven su dinero de paraíso en paraíso. Te aclaro: paraíso significa que pagues impuestos tú, imbécil, que ellos ya si eso. Ahora, cuando necesitemos mascarillas en los hospitales, las pagarás tú, y tú y tú. Yo también. Ellos no.

El peligroso diario comunista New York Times, estimó la fortuna campechana en unos 3000 millones de euros. Si ésa es la de su padre ¿A cuánto asciende la fortuna de Felipe VI? ¿No la tiene aún y por eso sólo come sopa, el probe Felipe? ¿Tiene pensado recaudarla o se va a limitar a heredar? Por de pronto, sabemos que su hermana no esperó a heredar y estuvo recaudando con Iñaki, el del penal de Brieva. A ella no la internamos porque habría estado feo, que la justicia es para los de la mascarilla.

La izquierda española, y hasta la derecha que sea democrática, harían muy bien en abstenerse de aplaudir las intervenciones del rey. Si quieren mostrar respeto institucional mientras sea jefe de Estado, limítense a no abuchearlo y a pedir un referéndum sobre la monarquía. Guarden silencio cuando hable el rey y vigilen cuando calle. Presten atención a sus manos, en todo caso, a ver si captan el truco de prestidigitación con el que vive la familia desde hace siglos. En las Cortes, déjenlo que coseche en exclusiva los aplausos y los vivas al rey de los fascistas. Es el rey de la ultraderecha. Porque de eso se trata, de que volverían al absolutismo si pudieran. Vivan las caenas