La ganadería y el cambio climático

Wladimiro Rodríguez

Tenemos lecturas a corto plazo sobre el cambio climático y el futuro. Parece claro que estamos ante una nueva época respecto a los modelos de vida, el clima, la naturaleza, el trabajo, las prioridades de la población, la demanda de cada uno de nosotros, los valores de los pueblos, etc.

En Canarias, hemos dado por hecho que el campo no es una prioridad dentro de la sociedad. Es más, las generaciones que gestionen el campo en los próximos 40 o 60 años no serán campesinos. El modelo de vida y las prioridades sociales, no miran para el sacho o el tractor.

Un agricultor no se improvisa. La vida en el medio rural tiene mucho de vocación y conocimientos transmitidos en el entorno familiar, cosa que no ocurre en una sociedad que ha devaluado lo rural, tanto a nivel social como económico, con alimentos baratos y poca valoración de la producción local. Se desprecia el sector agrario (“El que sirve, sirve, y el que no para el campo”; “Estudia para que no tengas que coger la guataca”).

La gestión del campo no es sólo aporte de alimentos, es también paisaje, cultura, seguridad, hoy muy devaluados. Se habla de economía circular, de kilómetro cero, pero no se ponen los medios. Con la contribución que hacemos al avance del cambio climático, el medio es cada vez más hostil (sequías, incendios, lluvias torrenciales, vientos), aparecen nuevas plagas y enfermedades, en un campo con o sin campesinos.

Hemos de entender que los mayores interrogantes para los próximos años están en vivir en el campo siendo urbanitas, es decir, pretender gestionar el medio rural con cultura urbana.

Los campesinos han aprendido a gestionar su entorno con pocos recursos del exterior, sin equipos mecánicos que apagan el fuego, sin problemas para las zonas pobladas. Cuando antaño se quemaba el monte, el poblamiento estaba fuera del fuego, los entornos no tenían combustible. Ahora la gente vive en el monte pero no vive del monte, vive en el campo pero no vive del campo. No quieren ganado, el gallo ha de cantar en horario urbano, que no moleste. Y las vacas en Lomo Largo (en el medio rural de La Laguna), han de tener pañal para ir al manchón, ya que ensucian los neumáticos de los coches. Hace 70 años teníamos vacas en la puerta del Obispado, en San Agustín, en la Granja de Los Núñez (La Laguna).

Hemos visto estos días en Gran Canaria, que las zonas con más problemas han estado en la zona del alisio, ya que la vegetación tiene mucho pasto -hablando en lenguaje campesino-, mucho combustible, según los forestales.

En este marco, pongamos un ejemplo. Dos ganaderos ubicados en suelos en los que los urbanitas rodean a los campesinos (en este caso en La Laguna-Tenerife): Telesforo y Germán. Uno con años y otro joven, ambos con vacas de toda la vida, pero el ultimo se está incorporando a la profesión; en ambos casos son ejemplo, referencia. Telesforo mantiene un suelo limpio entre San Diego y la Mesa Mota, cada vaca demanda unos 20.000 m2 de suelo limpio para vivir. Puede ser una referencia para la Canarias de los alisios, la superficie que demanda el vacuno para la prevención de los incendios, como en el caso que nos presenta Telesforo.

Germán tiene las vacas estabuladas y pastando, tiene numerosas dificultades, entre otras, de suelo, en la ladera este de la Vega Lagunera, en donde le limitan el pastoreo y establo por supuestas categorías de suelo (suelo de protección paisajista II).

Terrenos balutos, focos de incendios: habrá que establecer algún criterio que penalice los terrenos sin gestión, cargados de maleza, dada la carencia de cuidados. Habrá que establecer un plazo de limpieza de los terrenos, que no debería ser superior a 2 años.

En una lectura de los barloventos de las cinco islas más occidentales, la situación es similar tanto en Puntallana como Tacoronte, Agulo, Moya, La Guancha, Barlovento, Fontanales, etc.

En el otro plano está Germán Gutiérrez, con 21 años y 20 vacas, que le han limitado el pastoreo y establo en terrenos, por supuesta protección ambiental, cuando en ellos lo que abunda actualmente son cañeros y zarzales por abandono, y en consecuencia son terrenos para la propagación del fuego. Nos dice que hay jóvenes en disposición de incorporarse al campo, y la principal dificultad es humana, burocracia, papeles y más papeles, tanto para poner un establo como las categorías del suelo, y qué decir de los vecinos, incapaces de entender lo que implica habitar en zona agraria.

Cambio climático: parece que los veranos serán más duros. Estamos obligados a la retirada de combustible -pasto para el ganado-, y ello es posible con un marco legal que obligue a la limpieza de los campos, y que facilite que los jóvenes como Germán produzcan leche y carne, haciendo un trabajo ambiental básico, retirando la maleza en más de 100.000 ha, que cultivábamos hace unos años, y que ahora podrían generar miles de puestos de trabajo para la agricultura y la ganadería, generando un medioambiente más estable, para que lo ocurrido estos últimos días en Gran Canaria no sea una espada de Damócles en todas las Islas.

Este nuevo marco legal es necesario tanto en el uso del suelo, como en el freno a la importación de productos lácteos y cárnicos. Y, sobre todo, es necesario un cambio de mentalidad de nuestro pueblo, dignificando económica y culturalmente a los que doblan la espalda, también a la hora de comprar.

La sociedad ha de incorporar a los agricultores y ganaderos como trabajadores ambientales.