La colonia y la nación

El 14 de enero, el profesor y africanista Víctor Morales Lezcano impartió una conferencia en el Instituto de Estudios Canarios titulada: Pérez Galdós: Descifrando Aita Tettauen. Con su amenidad y vasta cultura nos mantuvo interesados al pequeño grupo de asistentes, casi todos profesorado de distintas disciplinas de la ULL.

Nos desveló detalles desconocidos de la vida del célebre literato grancanario, y al compás de la novela tratada anduvimos construyendo imaginarios sobre la presencia española en el norte de África, en el contexto de la guerra de 1859-60. Una breve guerra colonial en el Marruecos que disputaba España.

En la parte final de su intervención hizo una referencia a la guerra de 1898, que enfrentó a los EE.UU. contra España. Nos dijo que había escuchado algunas veces a sus padres decir que Canarias no se había independizado en ese momento de pura chiripa (no es literal). Una reflexión muy pertinente, porque entre los meses de abril y julio de 1898 esa posibilidad existió. Si se estudian los acontecimientos sucedidos en ese periodo puede darse una explicación bastante convincente. Enseguida me vino a la mente mi respuesta que hoy escribo.

El empeño por construir la identidad nacional española era ajena a la gran mayoría de la población, la cual era campesina, analfabeta y esclava de las condiciones sociales de pobreza extrema y de explotación desmedida.

No existía una república de las letras interesada en tal empresa. La intelectualidad canaria que abogaba por esa solución estaba en la emigración. Era débil y escasa. La que se encontraba en el interior de las islas mayoritariamente estaba apegada a la oligarquía colonial y al poder militar. 

La preocupación que manifestaban los militares estaba centrada en el desapego de los campesinos canarios respecto a la “defensa de la patria”. Cuando las islas se enfrentaron a la tesitura de ser atacadas por los norteamericanos, las poblaciones campesinas fueron reconcentradas en campamentos militares para mantenerlas sujetas bajo la disciplina castrense. Lo mismo se había hecho en Cuba.

En ese momento Canarias está debatiéndose entre la colonia y la nación. Las amplias masas subalternas viven en un régimen colonial, son ignoradas, no tienen voz, y tampoco capacidad de organización, su única arma es el nomadismo, escapar hacia las repúblicas libres de América. Las élites se decantaron por la integración en la nación española. Entre 1898 y 1940, las islas, bajo la batuta de sus clases dirigentes, abrazaron el proyecto nacional de España sin que ninguna identidad nacional canaria canalizase una alternativa, tal como había ocurrido en Cataluña y Euskadi.

Canarias entró en el ciclo de la modernidad manteniendo los rasgos fundamentales de su historia colonial. Esta aseveración que a día de hoy puede sonar intempestiva es fácil rastrearla en la documentación militar y civil que cito en mi libro, El expansionismo norteamericano a las puertas de Canarias en 1898.