Historia de ayer

Jose Farrujia

Cuentan los documentos de aquella época (Acuerdos del Cabildo de Tenerife y protocolos notariales), que entre los guanches que pervivieron tras la conquista estaban los alzados (los que se rebelaron contra el conquistador y vivían en las montañas y riscos más innaccesibles), los esclavos y también los guanches de los bandos de paces (que colaboraron con el conquistador en el proceso de conquista de la isla).El temor de los conquistadores hacia los alzados les llevó a adoptar medidas severas contra ellos/as: pena de muerte para los hombres, y azotes y expulsión de la isla para las mujeres.Pero la solidaridad entre los guanches y el sentimiento de pertenencia al colectivo indígena les llevó a ayudar a los suyos, por ejemplo comprando la libertad de sus iguales. Para ello robaban el ganado a los nuevos colonos y, con el producto de la venta, manumitían a sus parientes y a sus amigos.Ante este comportamiento, el Cabildo de Tenerife prohibió la liberación de esclavos que no hubiesen estado sirviendo a sus amos, al menos, durante 16 años. También obligó a los guanches a dejar el campo y a vivir en “poblados que tuviesen iglesia y clérigos”. Y también acordó sustituir a los pastores guanches por pastores castellanos y prohibir que los esclavos circularan fuera de las haciendas de sus amos.Durante la primera mitad del siglo XVI, los guanches no se acostumbraron a la vida urbana y a las actividades sedentarias propias de la agricultura. Siguieron apegados al pastoreo, con sus ancestrales costumbres. Siguieron viviendo en cuevas y recorriendo las alturas con sus cabras.Por eso, aún en 1525, una provisión del Consejo Real pedía revalidar las medidas represivas contra los guanches, porque “siguen alzados fuera de la obediencia de sus señores, robando…”Aún a mediados del siglo XVI los Acuerdos del Cabildo señalaban que son pocos los guanches “buenos y que visten como cristianos”, pues han dejado sus “vestidos de paño” para cuando acuden a la ciudad y se han vuelto a cubrir con “cueros”. Asimismo, se les prohibía “poseer armas” por miedo a que se enfrentaran al conquistador y a que hicieran una deserción en masa.Lo que pasó después, probablemente, ya lo saben… siguieron aferrándose a la vida, a SU vida.

José Farrujia