Guanches desplazados

Jose Farrujia

El pastoreo trashumante fue una práctica común entre la sociedad guanche. El desplazamiento con el ganado, según la estacionalidad de los pastos, llevaba a los guanches a recorrer la isla, en sentido costa-cumbre, para garantizar la alimentación de su ganado y la base de su economía.  

La conquista de Tenerife en 1496 supuso la imposición de nuevos modelos de explotación de la isla, con un mayor protagonismo de la agricultura. También implicó la reubicación de buena parte de las comunidades indígenas en nuevos espacios para vivir.  

Los conquistadores no querían que los guanches vivieran “fuera de poblado”, es decir, en sus cuevas en los barrancos y cumbres de la isla, por el miedo a que siguieran al margen de la ley y a que pudieran sublevarse.  

El Cabildo de Tenerife, entre finales del siglo XV y principios del siglo XVI, tomó medidas al respecto, obligando a los guanches a residir, por ejemplo, en la por entonces capital de la isla, San Cristóbal de La Laguna y a que “vistieran como cristianos”.  

La convivencia en Aguere entre conquistadores y guanches no debió ser fácil, pues en 1519, el mensajero del Cabildo, Juan de Armas, solicitaba al por entonces rey de España, Carlos I, que los guanches “sean eximidos de residir en la capital, limitándose a habitar en poblados”, es decir, en núcleos cercanos que contaran con iglesia y clérigos.  

Muchos de los guanches volvieron a las cumbres, donde se juntaron con los alzados. Por ello, años después, en 1525, otro mensajero del Cabildo, Juan de Aguirre, pedía a Carlos I que se tomaran medidas contra los guanches que residían fuera de poblado, porque “andan alzados, fuera de la obediencia de sus señores, robando… y se han vuelto a cubrir con cueros y andan detrás de sus ganados”.  

Con el paso de los años, estas disposiciones contra los guanches desaparecen progresivamente y se deja de legislar sobre este asunto, lo que evidencia que se produjo finalmente un proceso de fusión e integración social.  

Sobrevivir al etnocidio después de la conquista fue, sin duda, un acto de resistencia, y este es un hecho crucial para aquellos que quieran entender esta etapa de la historia de Canarias y su legado indígena.  

José Farrujia