Funeral por el Estado de Derecho (1)

Se atribuye a Alfonso Guerra la frase “Montesquieu ha muerto”, pronunciada con motivo de la reforma de la Ley del Poder Judicial de 1985 tras la cual era el parlamento el que nombraba a los miembros del Consejo General del Poder Judicial. Si la división de poderes murió en España hace 35 años, nuestros representantes políticos (que no representantes públicos, pues mal representan lo público) practican la necrofilia con el llamado Estado de Derecho. (1  y  2)

Llueve sobre mojado, se trata de profanar un Estado que sufre de inanición a base de saquear el erario público y mercadear con sus recursos, y tampoco puede decirse que sea de Derecho, salvo que entendamos por derecho aquello que discrimina y se aplica con desparpajo al más débil (a los roba gallinas, palabras del presidente del Tribunal Supremo y del CGPJ, Carlos Lesmes, elegido por el parlamento en virtud de dicha reforma de 1985) (3)

¿Cómo nos hemos convertido en un país que incita a regodearse en la descomposición? Creo que ha sido un proceso lento pero constante, basado en la elección de los más incapaces como gobernantes, aquellos cuyo único mérito es el sometimiento al poder omnímodo del partido, y en la putrefacción de las instituciones del Estado mediante el trueque del interés público por el interés partidista. Estos dos pasos dieron lugar a la inevitable y creciente desconfianza de la ciudadanía en todo lo que suena a público (servicios públicos, hacienda pública, gestión pública, representante público…) y a la patrimonialización partidista de toda infraestructura (mueble, inmueble y cuerpo funcionarial) llamada a sostener la estructura del país, de las comunidades autónomas y de las entidades locales. (4)

 Solo mediante una actuación mafiosa (organizada y coordinada) dirigida a la destrucción de los requisitos mínimos de los que debe dotarse una Democracia puede entenderse este nivel de degradación. Una actuación mafiosa alimentada con el metódico saqueo de los recursos públicos, protagonizada por los traidores a la comunidad, aquellos que hicieron de la corrupción su medio de vida, y por los cobardes, aquellos que prefirieron ser mudos, ciegos y sordos y hacer dejación en el cumplimiento de sus deberes y obligaciones (art. 52 EBEP). No en vano, el principal partido de la oposición ha sido condenado por participar a título lucrativo en actos de corrupción cuando estaba en el gobierno (PP), atraco que no pudo realizarse sin la previa eliminación de las instituciones llamadas a fiscalizar la gestión pública (parásitos, que no interventores, ni secretarios, ni fiscales, ni inspectores, ni auditores…), y sin la falta de acción, responsabilidad por omisión, del actual partido en el gobierno (PSOE). ¿Alguien ha visto que unos denuncien a los otros por corrupción? No, se alternan en la mamanza. En la gran mayoría de los casos denunciamos y acusamos los ciudadanos, y si lo hace un cargo o funcionario público sufre las consecuencias al salirse del tiesto. (5)

Como país permitimos la creación de los esclavos de la deuda (modificando la Constitución con nocturnidad y alevosía) y del rescate bancario, fomentamos la desigualdad ante la ley (aforamientos ilimitados, indultos indiscriminados, ordenamiento penal permisivo y laxo en los delitos contra el interesé público…), y finalmente hemos dado escandalosas muestras de permitir la aprobación y aplicación de leyes que fomentan la injusticia y la desigualdad social al abandonar de forma consciente y deliberada el camino de la defensa de los derechos más elementales que dotan de contenido a la dignidad humana (libertad de expresión, intimidad, vivienda, educación, salud, medio ambiente… (6 y 7)

No hay ciudadanos libres de culpa, no vaya nadie a creerse que los políticos que sufrimos no son parte de esta sociedad. Como sociedad admitimos pacíficamente que la corrupción se instaurara como un elemento estructural y transversal en nuestras vidas, conviviendo con ella hemos contribuido a cavar la fosa de este suicidio colectivo y ahora el olor de la putrefacción nos alcanza a los ciudadanos en todos los ámbitos de la vida.  Así, el 50% de la población dejó de participar en la vida pública por no considerarla ni vida ni pública, y el partidismo entró en nuestras entrañas hasta tener un político dentro del plato de sopa de cada votante de modo tal que la primera especie en peligro de extinción es la del ciudadano libre, crítico, despierto y sin prejuicios que le impidan percibir los matices propios del arco iris. (8)

Aceptamos impasibles que el Estado se corrompiera, que los traidores vendieran los activos públicos a precio de saldo y a los amiguetes, que la educación se tornara ignorante, que la sanidad enfermara, que el agua muriera de sed y que el territorio se convirtiera en suelo. El mercado ocupó el espacio que dejamos libre en el ágora, y cada departamento institucional quedó parasitado por un gerente político, un director político, un jefe de servicio político, un funcionario político. Encajamos que “uno de los suyos” entrara dentro de las tripas de la administración para que gestionara el interés partidista, que no público, en los efímeros cuatro años que determinan una política cortoplacista. (9)

Asistimos impasibles a la agresión, con violencia e intimidación de las instituciones públicas hasta convertirlas en meros objetos maltratados sometidos al saqueo generalizado del norte al sur, del este al oeste. Representantes públicos convertidos en representantes empresariales y delegados de sucursales bancarias transformaron la acción política en voyerismo de las prácticas pornográficas de los que alternan, esperando su turno como clientes en la puerta del burdel esperando a compartir la cama caliente. Cuando se trata de la financiación del sacrosanto partido a costa del erario público no hay ideología, no hay pelea de gallos, hay complicidad en la alternancia. (10 y 11)

Permitimos que nos gobiernen delegados empresariales que se presentan a las elecciones religiosamente, tomando decisiones a diario que perjudican y ponen en riesgo nuestra vida, pagando con nuestros impuestos los beneficios empresariales y los patrimonios personales. Nos arruinamos como sociedad para mayor gloria de un banco que nos estafó y una fortuna que vale millones de vidas. Y aun así les adoramos y tememos a partes iguales. Sometidos cual rebaño de idiotas (idiotez: aquel que se desentiende de los asuntos de la comunidad) inmunes a la humanidad. (12 y 13) 

Y ahora que pasean ante nuestros ojos los primeros cadáveres de un sistema neoliberal que se fortalece con la depredación, ahora que somos conscientes de la tormenta perfecta que amenaza nuestro estado del bienestar, ahora venimos a mostrar un mojigato asombro al constatar que vivimos en un estado fallido, ¿es que nadie leyó las noticias sobre las causas de corrupción? ¿Nadie oyó sus conversaciones cargadas de estulticia ni vio sus fortunas personales convertidas en la apoteosis de la horterada? ¿Nadie los vio comportarse como rapaces con el cadáver del Estado?  (14)    -Continuará-

Inma Ferrer