Fuencaliente y el cambio climático

Los responsables políticos de Canarias nos hablan todos los días del cambio climático, de la subida del nivel del mar, del avance de los desiertos, de plantas adaptadas a la aridez, de economía del agua, de la huella de carbono, de una sociedad sostenible. ¿Toman alguna medida?

Veamos algunas referencias. Fuencaliente ocupa un territorio con suelos pobres, carencia de arcillas, domina el picón de un volcanismo reciente, carencia de manantiales, ya que no tiene cortes verticales en el relieve y los barrancos están comenzando a arañar el territorio. Los vientos dominantes son tangenciales al relieve, y solo llueve con borrascas de sur-suroeste, poco frecuentes en Canarias.

En estas condiciones de hostilidad, los campesinos han incorporado plantas tolerantes a la aridez (higueras, viña, centeno), pero también demandantes de agua, como boniatos, o la variedad de viña malvasía.

La viña ha sido el principal cultivo, dada su resistencia a suelos áridos y pobres, adaptándose a una pluviometría que en numerosos años no supera los 200 l. / m2. Los agricultores incorporaron a los secanos de Fuencaliente una planta que en Canarias la habíamos cultivado en regadío, -la malvasía-, ya que requiere calor y humedad, por eso, las vides que aún perviven, se localizan en cotas entre 400 y 600 metros, en Llanos Negros y Las Machuqueras, perviviendo aquí más del 70 % de los algo más de 150 Has. cultivadas. No olvidemos que en el año 2000 superábamos las 300 Has., con cultivos en zonas ahora marginadas.

El agua y la viña

Con un aporte de algo más de 200 litros, que humidifica las raíces, conseguimos una cosecha, es más, ahora lo podemos hacer en invierno. Cuando dejamos de regar algo más de 500 Has. de plátanos, nos sobra agua, ya que no tenemos presas para el almacenado. Este año llevamos más de un mes tirando más de 1.000 pipas/hora entorno a dos canales: Barlovento y Breñas-Fuencaliente, vertidos al volcán, y los agricultores abandonando la viña. La cooperativa de Fuencaliente, ha vendido toda la cosecha con campos sin agricultores y viñedos cubiertos de maleza (al igual que en el vecino pueblo de Mazo), mientras en Canarias importamos más de 50 millones de litros de vino cada año.

Existe una iniciativa encomiable: crear unos depósitos y una red de agua para un riego de mantenimiento en invierno, como ya de hecho han comenzado a hacer unos agricultores en Las Machuqueras, incorporando unos riegos de auxilio, dadas las carencias de la pluviometría.

En la lucha contra el cambio climático el sentido común nos dice que no debemos continuar en la cultura del despilfarro con el agua, como ocurre ahora desde Barlovento a Fuencaliente, y en otros puntos de la isla, cuando se vierten al barranco o al volcán más de 1.500 pipas/hora. En Barlovento, al norte, encontramos La Laguna vacía, no tenemos derivación de las galerías bajas, y en las Breñas-Mazo-Santa Cruz de La Palma, el agua da para regar unas 400 Has. de plátanos, es decir, más de 1.300 pipas/hora, mientras una importante superficie de viña, cultivada hasta los años 80, hoy la coloniza el rabo de gato y las vinagreras, y hablamos de paro, cambio climático y sostenibilidad.

Por ello, la enhorabuena para los agricultores que han planteado, junto con el ayuntamiento y el Consejo Insular de Aguas, la construcción de unos depósitos y una red de riego en los dos núcleos de viña más importantes del municipio, ya que la viña es cultura, paisaje y paisanaje, es domesticar la naturaleza, es la cultura de ayer sembrando y plantando un mañana.

Espero que la iniciativa de Fuencaliente acabe “contaminando” a los agricultores y políticos de otros puntos de la isla.

Qué decir de una cultura que ha dignificado un medio hostil, casi sin suelos, con lavas casi calientes, con poca lluvia, cultivando boniatos que demandan en los trópicos más de 600 litros, y sin embargo aquí los han incorporado de secano.

Estamos en un paisaje que dignifica a su gente. Nos encontramos con el ayer, con una cultura cargada de sabiduría, de observación del medio, con la incorporación de mucha experiencia cosechada con la suma de miles de errores para conseguir los aciertos para producir en tierras de los volcanes más jóvenes de Canarias. Aquí, las lavas y las piedras dan cosechas.

La viña y el vino son un homenaje a los hombres y mujeres del campo, domesticando plantas y naturaleza en un medio hostil, cada sarmiento tiene incorporada mucha cultura del medio, de un ayer comprometido con mañana, de un pueblo que siembra y planta su futuro.

Enhorabuena para los que vuelven a la incorporación de la viña, al agro, ya que es la agricultura más sostenible que podemos incorporar en esto que llamamos cambio climático y plantas adaptadas a la aridez.

Wladimiro Rodríguez Brito