Florencio ‘el Cubano’ y Canarias vaciada(II)

Wladimiro Rodríguez

Capítulo aparte de Florencio fue la represión franquista, con numerosos represaliados escondidos en la comarca, y nos dice que “los chivatos nunca mueren”. Siempre fue un hombre comprometido con la cultura política antifranquista, ahí nos encontramos.

Florencio y Delfina sembraron compromiso con la tierra y con los surcos, con una cultura de ayer y de mañana.

No hemos de ir a Las Hurdes y a Los Monegros en la búsqueda de la España vacía. Aquí tenemos la Canarias vaciada, ya que los pueblos tienen las casas habitadas, pero no tienen campesinos, no tienen la savia que hace surcos, cultiva, desbroza fincas y barrancos, pastores que retiran pastos que ahora son combustibles para el fuego. Hemos vaciado las cabezas.

Por Canarias vaciada nos referimos a la cultura de los urbanitas, que rompen con los usos tradicionales (labrar, cultivar, pastoreo, gañanías, etc.). Tierras de cultivo cubiertas de maleza, que rodea las viviendas en muchos casos, y que están en la misma condición tanto en agosto como en abril, lo cual hace que las brigadas forestales dediquen más tiempo al cuidado de las zonas pobladas que a la selvicultura de nuestros montes. Eso mismo ocurrió este verano en Gran Canaria, donde se debió detraer muchos recursos antiincendio hacia el salvamento de las viviendas y las personas. Por ello nos referimos a la Canarias vaciada, aunque de hecho los pueblos tienen habitantes. Faltan conocimientos y, en consecuencia, compromiso con el mundo rural; no queremos actividades agroganaderas en los pueblos.

Cualquier cambio en el mundo rural requiere contar con la cultura del lugar, y no con las pretensiones urbanitas, que son las que se imponen en estos momentos, con alergia al sacho, el esfuerzo se reserva para el gimnasio.

La Canarias vaciada es peor que la Canarias vacía, ya que el territorio lo puedes transformar en poco tiempo, aplicando máquinas cuando el medio lo permita, o importando campesinos. El territorio vaciado tiene personas con pretensiones y necesidades, pero no tiene aptitudes para el campo, conocimientos, voluntad de trabajo, dificultando las actividades agrarias, ya que en muchos casos actúan como adversarios de mejoras en el mundo rural, en ganadería o en mejores cultivos, etc.

La cultura que dice que el campo es cosa del pasado, que el sacho con pilas no les disgusta, que el fuego lo apagan las máquinas, en la que el fútbol y los rallys son actividades con muchos seguidores. Valga como ejemplo, en esa cultura, los conocimientos y la preocupación por los frutales -que con pocas horas de trabajo mantienen producción durante todo el año-, están fuera de sus ideales de futuro, están ahogados por la maleza. En Agache, en Guía de Isora o en Barlovento, hacen fiesta con santoral campesino, pero el campo no lo ven, ni hablan de él, porque están ordeñando el WhatsApp. Mientras tanto, encontramos en El Escobonal bancales cubiertos de vinagreras, tabaibas, escobones y cientos de parados importando hasta las papas.

No obstante, es de destacar un cambio en ciertas prácticas, ya que en la anterior legislatura se crearon eco-comedores escolares con productos locales. Desde aquí mi enhorabuena al colectivo que contamina a nuestros niños y niñas con productos sanos de la tierra. Es importante esta gran labor que están consiguiendo, entre colegios, profesionales de la agricultura ecológica y personal de las administraciones, ya que es una buena práctica que puede ser tomada como ejemplo para que las generaciones futuras conozcan la importancia de consumir producto local, redundando en una sociedad mejor y con una mejor redistribución de la riqueza.

Y muchas gracias Florencio, desde los que quedamos aquí, por una lectura tan rica de Agache, esperando que sea una siembra para el mañana.

Lamentamos la pérdida del amigo maestro de la tierra. El más sentido pésame a la familia. Hagamos un homenaje junto al pino de Cha Dionisia en el Lomo de Cho Blas, pinos con nombre y apellidos. Hoy tenemos una familia amplia, que me contaminó con la repoblación en Fasnia y Arico, gracias, gracias?