Fernando Roger: “Tener la mayoría sindical en el sector de hostelería, no significa representar a la mayoría de trabajadores”

050819 FERNANDO ROGER

Conversamos con Fernando Roger, representante sindical  de la Federación de Hostelería de Intersindical Canaria. A cuesta lleva un despido por su activismo como representante de los trabajadores, sanción que fue impugnada por el sindicato y luego  declarada radicalmente nula por sentencia judicial. Tras incorporarse el pasado año a su trabajo en la cadena hotelera SBH, encabezó la candidatura del sindicato en las elecciones al Comité de Empresa, logrando mayoría absoluta. Ha sido el enlace del sindicato con la lucha de las camareras de piso para mejorar las condiciones laborales de ese colectivo. Hoy es uno de los referentes del sector de hostelería de Intersindical

¿Cuáles son las actuales demandas y reivindicaciones más sentidas por los trabajadores del sector y que el empresariado  debería  atender con inmediatez? 

Desde la reforma laboral que se preparó con Zapatero y se ejecutó con Rajoy, por primera vez se ha dado la increíble circunstancia de que son las normas generales las que empeoran los convenios de empresa y sectoriales. El problema sigue siendo la justa remuneración del trabajo conforme al coste de la vida. Es evidente que todas las demás condiciones de trabajo se han visto rebajadas por la vulnerabilidad económica que representa una reducción salarial que alcanza al 50 por ciento de pérdida de poder adquisitivo de las familias, porque ha conducido a un círculo perverso de competencia a ver qué empresario consigue imponer las peores condiciones y qué trabajador o trabajadora es capaz de aceptarlas. La reforma laboral lo que hizo fue anular los límites legales que frenaban esta espiral perversa.

¿Por qué debe ser debe ser de aplicación la propuesta de la ecotasa sobre la que Intersindical se ha manifestado favorablemente?

 La tasa turística es consecuencia del turismo depredador porque los gobiernos sencillamente se rinden ante las trampas fiscales de las corporaciones que practican la extracción de valor sin ninguna reciprocidad en los territorios que ocupan. Entonces se promueve una tasa turística como recurso desesperado para recuperar algo de la vergüenza que esas prácticas suponen. En Canarias los asesores fiscales del turismo, por un lado, han duplicado sus sociedades en la Zona Especial Canaria de baja tributación, desviando a ella los beneficios para evadirse de las obligaciones de Hacienda. El nuevo gobierno ha anunciado una auditoría de la ZEC: dudo mucho que cuando alguien les diga qué hay en ese pozo de cocodrilos hagan algo. Son intereses muy poderosos, es el poder colonial. En la parte que mantienen fuera de la ZEC, primero pidieron una exención total del IGIC, es decir, yo exploto tus recursos y solo tú pagas por ello. Este tipo de planteamientos desvergonzados sólo se lanzan en colonias o dictaduras neocoloniales. Por ahora, han logrado la exención del IGIC de productos básicos, mientras los canarios pasábamos hambre, y sin que nadie controle si luego se comercializan de nuevo.

En las islas hay numerosas empresas turísticas explotando los acuíferos de manera clandestina, incluso si la regulación es bastante laxa al respecto. Al hacerlo, eso no sólo es criminal en territorios insulares donde el agua es vital, sino también es una exención indirecta de impuestos. Nosotros les pagamos la red hidráulica exterior y ellos se van desconectando para no pagar ni contribuir en nada. Lo mismo ha empezado a suceder con la electricidad: ahora quieren hacer plataformas fotovoltaicas para desconectar a los hoteles de la red básica. De esta manera, dejan de pagar impuestos y contribuir al sostenimiento del sistema y a revertir la pobreza energética. Es de este tipo de trampas fiscales de las que tenemos que hablar, pues suponen una pérdida de ingresos públicos probablemente mayor que los que supondría la tasa turística. Como sindicato, nosotros tenemos que martillar sobre la idea de justa reciprocidad de la empresa turística con el territorio y la sociedad que ocupan: si extraen beneficios, tiene que haber reciprocidad.

¿Cuál es el papel de los sindicatos que actualmente controlan la mayoría en el sector?

Habría que tomar conciencia de cuál es la dimensión real de esa mayoría. La sindicación ha caído tanto que ya tener la mayoría en el sector no significa, ni de lejos, representar a la mayoría. Se representan a ellos mismos, muchas veces con intereses ni siquiera sectoriales, sino de las cúpulas que controlan las sedes y hacen un buen negocio con la representación, aunque sólo vote el 5 por ciento de las plantillas. Estos representantes mayoritarios, muchas veces negociados en los despachos de los directores, tienen más en común con agentes de seguridad que con afiliados a una asociación de trabajadores. Para ellos, cualquier planteamiento conflictivo es una oportunidad de prebenda a cambio de defraudar y engañar a los trabajadores y trabajadoras.

¿En qué quedaron las demandas de las camareras de piso tras la campaña contra su discriminación laboral?

Ha habido algunos avances en el plano judicial. La visibilidad del problema, que nosotros intentamos hace quince años, se ha politizado y eso es bueno, siempre que quienes han alcanzado responsabilidades en el poder no se olviden de dónde vienen. Pero ya sabemos lo amnésico que puede resultar un puesto y un buen sueldo. Pero esta lucha ha estado muy bien llevada, se han resistido a la manipulación. Para la patronal siempre es más fácil comprar representantes receptivos y machacar a los resistentes, antes que negociar un acuerdo. Sobre todo en esta época de reforma laboral, como dije al principio.