Feliz solsticio de invierno

Jose Farrujia

Este año ha sido distinto, muy distinto… pero a pesar de todo, cada invierno llega un nuevo solsticio y prosigue el ciclo.  

Este ciclo fue muy importante para los antiguos canarios, que también tuvieron que hacer frente a un mundo distinto, hace seis siglos… Así lo contó Maday, una niña guanche que perdió a parte de los suyos por la modorra:  

“Mi nombre es Maday, que en la lengua de los otros significa ‘amor profundo’. Nací 48 lunas antes de la llegada de los otros, los hombres de la cruz y la espada. Soy de la estirpe del grande, en Achinech, pero una parte de mis ancestros proviene del cantón de Maxorata, donde vivían los hijos de la isla.  

Mis padres, Aday e Imobach, me enseñaron desde pequeña que, a pesar de la llegada de los otros, nuestras raíces son bien profundas y están bien atadas a la madre tierra. Por eso, cuando llega la puerta del invierno, nuestro Tabburt n Tagrest, seguimos adelante con nuestros ritos y tradiciones en el ámbito del hogar: el auchón. Nuestros ritos nos permiten atraer la suerte, la abundancia y la salud, y al mismo tiempo repeler el hambre y la enfermedad.  

El día en que Magec, nuestro Sol, sale de la oscuridad, para entrar en el invierno, también se empiezan a formar los nuevos rebaños, pues ya desde el Beñesmen las cabras están preñadas…  

Por eso seguimos subiendo a las montañas, para recordar que seguimos aquí, que Magec sigue saliendo por el mismo horizonte y que, a pesar de todo, seguimos vivos”.  

Por Maday, por los que no están y por los que gracias a ellos/as seguimos siendo.  

¡¡Feliz solsticio a todos y todas!!

José Farrujia