Estrategia estatal de exterminio continuado y saqueo capitalista

En 2019, Colombia ha seguido padeciendo el Exterminio contra miles de líderes sociales, que se inscribe dentro de una Estrategia Estatal del Terror, para facilitar el gigantesco saqueo capitalista de los recursos del país. El Exterminio es perpetrado a través de las herramientas represivas del propio Estado, que cuentan con “asesoría” militar estadounidense: militares, paramilitares y policía actúan para reprimir la organización social y la protesta. El Exterminio contra las y los líderes sociales es perpetrado cada día, de manera continuada. En 2019 no solamente ha seguido el exterminio, sino que se ha incrementado la cantidad de líderes sociales asesinados anualmente.

Los paramilitares son una Herramienta del terror, preconizada desde directrices estadounidenses, cofinanciada por el ejército, la burguesía, el Narco y las multinacionales, y articulada al mismo Ejército: su labor de exterminio se ejerce contra toda organización, contra toda persona que se oponga al saqueo que perpetran transnacionales y latifundio, que devastan regiones enteras, envenenando ríos y desplazando comunidades. En Colombia, miles de sindicalistas, de ambientalistas, de campesinos organizados, de líderes agrarios, indígenas, afrodescendientes, reclamantes de tierras, maestros, estudiantes, artistas e intelectuales críticos han sido asesinados para callar sus voces que se elevan contra la depredación de pueblos y medio ambiente.

Las herramientas militares y paramilitares del Estado colombiano están perpetrando un Exterminio descomunal: asesinan o desaparecen a toda persona que se oponga al saqueo, que reivindique por justicia social. Hay en Colombia más de 200.000 personas desaparecidas, yaciendo en miles de fosas comunes a las que las han arrojado militares y paramilitares. La fosa común más grande del continente se destapó en terrenos del propio ejército colombiano, en la Macarena: contenía 2000 cadáveres de personas detenidas y desaparecidas por el ejército. Recientemente se destapó una Fosa Común en Dabeiba, con al menos 50 cuerpos de personas asesinadas por el propio ejército: civiles asesinados desarmados para usar sus cuerpos, disfrazándolos y presentándolos como “guerrilleros abatidos en combate”. Esta macabra práctica del ejército colombiano se conoce como asesinatos “falsos positivos”, y forma parte de la guerra sicológica: pues la mediatización incesante de supuestos cadáveres de insurgentes es parte de la guerra sucia desatada por el Estado colombiano.

Así avanza la acumulación capitalista de un puñado de multimillonarios, latifundistas y multinacionales: moliendo vidas. Así es perpetrada la acumulación de gigantescas fortunas en todo el planeta: mediante la explotación de las y los trabajadores y el saqueo de la naturaleza, y mediante el Exterminio de las personas que se oponen a tal saqueo, particularmente en los países concebidos por el capitalismo transnacional como meras “bodegas de recursos”… En Colombia se expresa la barbarie capitalista en la cima de su terror.

Desde la firma de lo que algunos ya llaman la “Paz-Estafa” (pues el Exterminio sigue vigente) al menos 185 exguerrilleros han sido asesinados, y decenas de sus familiares han sido también asesinados o desaparecidos. Al menos 780 líderes sociales han sido asesinados desde la firma del llamado “acuerdo de paz”. Asimismo, los proyectos extractivos de multinacionales mineras y energéticas han avanzado a pasos agigantados en regiones en las que antes la presencia guerrillera no les permitía depredar.

Pero pese al Exterminio, el pueblo colombiano sigue la lucha por sus derechos. Desde el 21 de noviembre 2019, la clase trabajadora, la clase explotada, se levanta contra el saqueo capitalista y el empobrecimiento que conlleva para las mayorías, en un gigantesco Paro Nacional. En todo el país, pese a la brutal represión y al toque de queda impuesto por el régimen, el Paro ha sido masivo: bloqueos de carreteras y paro productivo. Varias semanas de manifestaciones. Más de un millón de personas manifestando en las calles de Bogotá, cientos de miles en otras ciudades, semanas sucesivas de movilización. El régimen ha asesinado, lisiado y mutilado de sus ojos a varias personas durante el paro: vidas truncadas por un Estado que perpetra exterminio contra las personas que se oponen a la rapiña capitalista y al empobrecimiento que provoca para las mayorías, mientras un puñado de multimillonarios acumula fortunas. Además de asesinar, la policía también perpetró golpizas aberrantes y detenciones a granel, varios periodistas han sido brutalmente golpeados. Hay miles de heridos por la brutalidad policial.

Colombia es otro país que se suma a las gigantescas protestas continentales contra el saqueo capitalista y las medidas económicas que impone el Fondo Monetario Internacional. En Colombia la injusticia social es dantesca: la privatización de la sanidad empuja a millones de colombianos a morir por inasistencia médica; la privatización de la educación excluye a millones de personas del acceso a la educación. Las familias viven endeudadas para poder salir adelante, esclavizadas al pago de intereses usureros. El saqueo de la naturaleza por parte del capitalismo transnacional deja socavones donde un día hubo verdes bosques y desplaza de manera forzada a millones de campesinos, desposeídos de sus tierras. Pueblos enteros están padeciendo genocidio por causa de la depredación multinacional, como es el caso de los indígenas Wayú, que están muriendo de física sed y hambre porque las multinacionales que explotan la mayor mina de carbón a cielo abierto del mundo desviaron todo un río para su uso, secando la tierra. Las multinacionales Glencore, BHP Billiton y Anglo American desviaron el río Ranchería causando ecocidio y genocidio; el carbón sale por toneladas en gigantescos barcos dejándole a Colombia una herida abierta: más de 14.000 niños Wayús muertos de física hambre. A todo lo anterior se suma la explotación laboral aberrante, y la imposibilidad de reivindicar por justicia social sin correr un elevadísimo riesgo de padecer exterminio a manos de las herramientas militares o paramilitares del Estado colombiano. Estos y muchos más, son los motivos del paro nacional y la lucha que continúa. Porque esto no para.