Epidemia laboral

Antonio Cabrera de León

Hasta mediados de mayo, España tenía 51.000 profesionales sanitarios positivos en los test de coronavirus covid-19. Esto es el 22% de los 230.000 casos positivos del país en esos momentos.

Aceptando que más del 99% de los infectados trabajan en la sanidad pública y que esta tiene 540.000 trabajadores (médicos, enfermeras y demás trabajadores) comprobamos que el 9’4% de los sanitarios se había infectado (51.000/540.000). Si a los 230.000 casos positivos del país le quitamos los sanitarios nos quedan 180.000, que divididos entre 47 millones nos dicen que el 0’4% de los españoles no sanitarios se infectaron. Finalmente, dividiendo 9’4 entre 0’4 obtenemos que los sanitarios han corrido un riesgo 24 veces mayor que el de las demás personas. Es así, arriesgando su vida 24 veces más que los demás es cómo se han ganado la admiración y los aplausos. Podemos modificar los números incluyendo a quienes no se han hecho un test, pero entre quienes se lo hicieron ese es el resultado: 24 veces mayor.

La reforma laboral de 2012 permite que la administración de cualquier comunidad autónoma contrate y despida 24 veces en un mismo día al médico o enfermera que se jugó la vida sin mirar si le aplaudían. Una hora de contrato y un despido por cada vez que se jugó la vida. Los sábados y domingo desempleo. Esa reforma la firmó una ministra que ahora cobra de la CEOE. El virus causa la enfermedad y la muerte, pero son las condiciones precarias de trabajo las que le preparan el caldo de cultivo.

Si un trabajador asalariado no apoya la derogación de la reforma Rajoy/Báñez/CEOE, conviene que se mire al espejo. Que se pregunte si quiere una sanidad pública de empleos precarios y desempleo. De médicos que no cotizarán para una pensión decente. Una sociedad que forme médicos y enfermeras para que los disfruten los ingleses.

Aprovechemos el revuelo de la prensa empresarial sobre este tema para dejar claro que la reforma de 2012 debe ser derogada. No dudo que se hará con concertación social porque nos conviene a todos. Sí, a todos y todas, incluidos los empresarios. Aceptarán la derogación porque también a ellos les conviene. Impusieron su reforma sin negociar para que todos les trabajáramos más por menos. Entonces podían, pero saben que ahora no pueden. La aceptarán.

¿Por qué van a aceptar la derogación los empresarios? Porque con el brusco cierre de su actividad solo hay una salida: el Estado, es decir la sociedad, salvará las empresas y a los autónomos, pagaremos sus costes durante el tiempo en que no perciban ingresos. No lo haremos para que nos den un empleo a todos en la CEOE, sino para que no sucumba la economía nacional.

No queremos que se arruinen. Pero impondremos nuestras condiciones como trabajadores. Será imprescindible endeudarnos como Estado para obtener el dinero necesario. Pero esa deuda no la van a pagar solo los trabajadores, como en 2012. La pagaremos entre todos, incluidas las empresas. Empezando por la derogación.

Antonio Cabrera de León