El virus de la Corona

Felipe VI está intentando, por todos los medios, que su padre no le infecte con sus infectos negocios. A diferencia del coronavirus, con el virus de la Corona, el peligro no es que el más joven mate al más viejo sino al revés. Para evitarlo, el rey en activo ha impuesto una distancia de seguridad con el rey emérito y se ha lavado las manos. Pero desde Poncio Pilatos lavarse las manos en política es una forma de manchárselas. No puedes quitarte toda responsabilidad sin parecer un irresponsable. Al limpiarse de toda culpa, se ha ensuciado.

Dos veces al menos. Ha reconocido que sabía hace un año que era el segundo beneficiario del dinero que la dictadura saudí le regaló a su padre en una cuenta en un paraíso fiscal y ha dejado en evidencia que lo reconoce ahora porque ha salido en prensa y las fiscalías suiza y española lo están investigando. Dice que lo puso en conocimiento de la autoridad competente sin especificar cuál y que se fue al notario para dejar por escrito que renunciaba a esa parte de la herencia. No consta lo primero y no cuadra lo segundo.

Si conocía un posible delito de su padre tenía que haber sido el primero en ir a denunciarlo como ciudadano ejemplar y debiera haberlo hecho público. No hizo ninguna de las dos cosas sino esconderlo hasta que le han descubierto. Por otro lado, no es posible legalmente renunciar a una herencia hasta que no muera el benefactor ni es posible renunciar a una parte de ella. Tendría que renunciar a toda. El trono también es hereditario, no lo olvidemos.

Durante estos días angustiosos de pandemia, ha sido estruendoso el silencio de la Casa Real. El que tanta prisa se dio en salir a reprender a la mitad de Cataluña por el referéndum, no había tenido tiempo ni de mandar un comunicado de aliento a las familias. No sale ahora en televisión preocupado por su pueblo sino preocupado porque su pueblo le quiera echar del puesto. Es vergonzoso que utilice nuestras tragedias para limpiar sus miserias. Es muy habitual el enjuague con la bandera de los que más la agitan. Nada nuevo.

Pero el momento no puede ser peor, aunque se crea lo contrario. El coronavirus no vacuna del virus de la Corona, acentúa su efectos. Como le ocurrió a su padre con la cacería, un país quebrado es mucho menos paciente con los vicios de la monarquía. Entre otras cosas, no hay papel higiénico para limpiarlos. A su favor juega que vivimos en un país de partidos y periódicos cortesanos que han salido todos al rescate y que los más republicanos son socios de un gobierno en plena crisis pandémica que no está para debates. En su contra, que el virus ya lo ha contraído y aún quedan por ver más síntomas de esta epidemia que son los Borbones para España.

El hijo ha matado al padre en vísperas de San José. Pero el padre es un Saturno que puede acabar devorando a su hijo. Cada vez quedan menos miembros en esa familia disfuncional que ya no cumple el único requisito que justifica su existencia: dar ejemplaridad y estabilidad. De ésta podríamos quitarnos los dos virus, el coronavirus y el virus de la Corona.