El tres por ciento

Antonio Cabrera de León

Entre las personas más ricas de Canarias, hay más de un analfabeto funcional. Personas con capacidad para ganar dinero a espuertas, pero que no recibieron la educación suficiente para tener un nivel cultural medio. Abundan porque gran parte de la riqueza insular se generó por especulación urbanística y hubo quien pasó de albañil a potentado en pocos años. Famoso es, localmente, uno de ellos porque para elegir el vino en los restaurantes acostumbra solicitar la presencia del “somier”. No sé si fue este mismo señor el que alardeaba de que se había hecho rico cobrando comisiones del tres por ciento: “Yo compro a cien y vendo a trescientos. Con ese tres por ciento voy tirando”.

Pero ahora tenemos un tres por ciento diferente. Lo tenemos en las oposiciones a las plazas de Enfermería en la sanidad pública de La Gomera. Hubo tres personas que acertaron el cien por ciento de las preguntas que respondieron. Este “tres por ciento” es algo imposible de lograr para personas comunes. Algo solo al alcance de quien haya tenido una trayectoria académica más que sobresaliente desde el bachiller hasta la carrera. Que esto se dé en tres amigos es, simplemente, imposible. Tanto como que Pablo Casado aprobara en un año dos cursos completos de Derecho después de haber necesitado siete años para aprobar tres cursos. Es lo que Pepe Monagas llamaba “un ser que no puede ser”. Lo de Casado se explica, lo sabemos todos, porque esos dos cursos se los aprobó una universidad que regalaba títulos a los políticos. Lo de La Gomera también se explica, e igualmente lo sabemos todos. Sí. El “tres por ciento” son la hija del presidente del Cabildo Insular, su amiga íntima y delegada sindical, y el novio de esta.

El actual Gobierno de Canarias no convocó esas oposiciones ni las calificó. Cierto, pero eso no le exime de velar por la decencia. Esas oposiciones deben ser suspendidas. Hay que repetir el examen. El sindicato representado por esa delegada también debe pedir esto mismo de inmediato. Lo contrario nos lleva a la diputación gallega en la que la familia entera del presidente obtuvo plaza de funcionario. Nos lleva al nepotismo perpetuo. A que sea mejor tener un familiar político que estudiar una carrera. Nos lleva a Lifeblood, a Gürtel y a los ERE. A la corrupción. A una sociedad de mierda.

En la misma convocatoria, pero esta vez en las oposiciones de Fisioterapia en Gran Canaria, se dio el aún más inverosímil caso de que una sola persona acertó también todas sus respuestas, contestando incluso un mayor número de preguntas que las enfermeras del “tres por ciento”. Este “uno por ciento”, este resultado inverosímil, lo ha conseguido la hermana del entonces director del Servicio Canario de la Salud. Es decir, hermana del máximo responsable de la convocatoria pública, del garante de la limpieza de la misma y del custodio del proceso. Ese antiguo director forma parte del actual organigrama político del Gobierno de Canarias. Si no dimite antes del amanecer, su cese es responsabilidad directa del presidente del Gobierno. Estas oposiciones deben repetirse igualmente. Y si hay que animar al presidente, que no debería ser necesario, Podemos y Nueva Canarias están tardando en hacer oír su voz. El espeso silencio de sindicatos, gobierno y colegios profesionales no debe durar un día más. Estamos esperando. A ver si va a ser que solo es corrupción cuando nos conviene.