El sábado 15 de junio y la sequía campesina

Wladimiro Rodríguez

La gestión de los ayuntamientos democráticos ha ignorado en Canarias al mundo rural, siendo uno de los más destacados la carencia de política agroganadera en los municipios. Los sueños urbanizadores, abonados con los alimentos importados, animados con los planteamientos del supuesto suelo protegido, y una economía de servicios, han dejado al campo como algo residual; en unos años, pasamos de más de 200.000 campesinos en Canarias a unos pírricos 25.000 en estos momentos y, lo que es peor, seguimos cuesta abajo. Tenemos la obligación de poner en los ayuntamientos concejales de Agricultura. Ahora se cuentan con los dedos de la mano los concejales con dedicación a tal actividad en nuestros ayuntamientos. Sin embargo, Urbanismo, Fiestas y Deporte, entre otras, son concejalías con recursos económicos y poder político en nuestras corporaciones. En Tenerife tenemos Los Realejos, el municipio con más fiestas de España, sin embargo ¿tiene concejal de Agricultura?

La sequía de ideas, ilusiones con nombre y apellidos, que hagan de pararrayos y de defensores y protectores de la actividad agroganadera como actividad social ambiental, y que otorguen el valor estratégico que tiene el campo aquí y ahora, es uno de nuestros males. Necesitamos interlocutores municipales que armonicen lo rural, los usos tradicionales con los nuevos moradores del medio rural, y que también tiendan puentes en las mejoras que hemos de incorporar para que las actividades de los abuelos sean posibles. Ahora hemos de convencernos de que la actividad agroganadera es básica en los tiempos que nos toca vivir. El concejal de Agricultura no es una guinda en el pastel; las corporaciones canarias tienen que poner nombre y apellidos en cada ayuntamiento a la persona que mira y lea lo que ocurre en el campo y en el mar, tanto a la hora de sembrar como al final de la cosecha. La cultura agraria y la producción de alimentaos es un tema mundial, la cultura de los excedentes tiene las horas contadas. Problemas mundiales en la producción de maíz y soja, dificultades en Argentina o en USA, o los debates sobre los problemas para la salud en el uso de herbicidas claves en la producción, lo ponen de manifiesto.

Demandamos como colectivo un cambio de rumbo para los ayuntamientos, con un mayor impulso de la agricultura y la ganadería, con concejales motivados, con compromiso, conscientes del importante papel que juega el campo, no solo como productor de alimentos, sino, por ejemplo, como agente clave en la crisis internacional del cambio climático, en la prevención de incendios, en el mantenimiento de un paisaje y su cultura, relevo generacional y un largo etc., sobre agricultura y futuro. Hemos de darle continuidad al trabajo y la ilusión de un grupo de jóvenes que hacen surcos en nuestros campos, que han dado pasos positivos en ganadería, mejorando de manera importante la producción de queso, mejorando las razas y las instalaciones ganaderas. En otras cosas hemos mejorado, caso de la producción de cultivos ecológicos: vino, hortalizas, frutales? y mejorado en la rotación de cultivo para conseguir una alimentación más sana. La Consejería de Agricultura ha dado pasos positivos en los comedores escolares con alimentos de la tierra. En otro estado de cosas, el equipo de la Consejería de Agricultura ha mejorado las ayudas que adeudaban a los agricultores, bien de la UE o de Madrid, congeladas en muchos casos desde el 2011, o bien las ayudas al forraje o al cereal. También tenemos problemas con las importaciones de productos alimenticios de terceros países con arancel cero, o de carácter territorial derivados de los usos y calificaciones de los suelos, vecinos de cultura urbana, usos tradicionales, nuevas leyes y nuevas pretensiones. El mundo rural demanda concejales preparados, con vocación y compromiso con una cultura que ahora no se aprende en la escuela o en la universidad, como bien nos planteaba el querido Pedro Molina, con criterios técnicos y sociales, lucha contraincendios, tierras volutas, polilla de Guatemala y otras plagas, problemas comunes: mercadillos de agricultores comarcales, ferias y otras actividades que dignifiquen al mundo rural.Tenemos la obligación de mirar para el campo con ojos de campesinos. La tensión que existe entre lo urbano y lo rural se debe, entre otras cosas, a leer el campo desde la ventanilla del coche o de la pantalla del ordenador y tener la nevera llena de productos de importación. Pongamos en cada ayuntamiento al menos un campesino con vocación de aprender, que lleve un sacho al gimnasio o un gimnasio al campo y pongan en la mesa productos de la tierra.