El fuego y la sequía cultural

En los últimos años nos han sorprendido los incendios forestales en las zonas pobladas, es decir, fuego en las zonas antaño ocupadas por bosque, agricultores y ganaderos, y ahora ocupadas por viviendas, generalmente habitadas por una población cultural y económicamente alejada del mundo agroambiental, que mira para lo que conoce en el mundo urbano, los bomberos, ahora reforzados por equipos aéreos y otros elementos mecánicos.

El ser humano está separado de la naturaleza. En muchos casos asociamos tal situación al cambio climático, y en contadas ocasiones leemos el paisaje y le pedimos a los urbanitas, que habitan el paisaje con cultura de ciudad, que hemos de cumplir con pautas del mundo rural, al menos, en los entornos, tanto en la estación seca como en los cauces de agua en los inviernos.

Aquí en Canarias, – como en Australia y zonas urbanas del oeste de EE.UU.-, tenemos un ejemplo de libro  en Fontanales, Teror, Arucas, qué decir del noroeste de Tenerife, donde abundan antiguos pueblos agrícolas que ahora son dormitorio (desde La Guancha al Tanque, o desde La Victoria a El Rosario), La Palma vaciada llena de tierras sin campesinos, o Valle Gran Rey, etc. Campos cubiertos de cañeros y zarzas, poblaciones con bardos secos a cuatro metros de las viviendas, y, lo que es peor, población que ignora el entorno en el que vive y solo mira para los “apaga fuegos”, con supuestas máquinas milagrosas. En EE.UU. utilizan las máquinas más sofisticadas, y el fuego ha alcanzado estos días más de 1 millón de hectáreas quemadas, desde la frontera con México hasta Canadá, según describen es “el mayor de la historia”.

Claro que el cambio climático tiene que ver, la sequía, las temperaturas de más de 40 Cº, pero también influye el abandono del campo, la pérdida de la cultura del pastoreo, la crisis rural, ignorando pautas básicas para vivir en el campo. Siendo aún más expresivo, hay supuestos ecologistas, que dicen encontrarse con la naturaleza y haber huido de la ciudad, pero habitan en el campo ignorando las reglas básicas del territorio. Léase en La Palma, la colonia de las Buracas y otros asentamientos, por los que las brigadas forestales tuvieron que jugarse su seguridad para rescatarlos del fuego.

Aquí y ahora, entramos en contradicción sobre el comportamiento humano y el interés público. El papel de las administraciones, -ayuntamientos y Cabildo-, en la seguridad de la población está equivocado, la lectura cortoplacista de los votos, escapar tolerando todo, derivando la responsabilidad a los pirómanos o al cambio climático, y esperando que unas “máquinas milagrosas” (hidroavión, helicópteros, U.M.E.) cubran las deficiencias de un sistema que no funciona.

En California, en Australia, en Portugal, se pone de manifiesto el viejo lema “el fuego se apaga en invierno”. Hemos de hacer prevención, es decir, en los inviernos hemos de retirar vegetación, que antes era pasto para ganado a lo largo del año, y ahora es combustible para el fuego.

Necesitamos otra política agroforestal, incorporando actividades agroganaderas, lo que requiere presupuesto que mejore las rentas de los campesinos, más recursos para los hombres y mujeres que trabajan la tierra, y menos parafernalia, menos fuego como espectáculo mediático electoral, “muchas fotos y poco personal en el suelo”.

Estas líneas pretenden utilizar lo que ocurre en uno de los países con más medios materiales del planeta, del que hemos copiado mucho, lo cual debemos corregir, ya que allí, se repiten cada año incendios con miles de hectáreas quemadas, vidas humanas perdidas, pueblos barridos del mapa, lamentos y responsabilidades al cambio climático, y cada año el fuego es más problemático. Y no se habla de una política ambiental equivocada, de prevención, gestión del territorio con leyes que cuenten con los campesinos. Antes, cuando éramos “pobres”, no se quemaban casas, ni moría gente. Leer lo que ocurre en Portland, Vancouver o Seattle, y que el señor Trump nos diga en que el tema está en que tenemos que barrer los montes y que el clima comenzará a enfriarse, y bla, bla.

Aquí y ahora, hay una buena cosecha de zarzas y cañeros entorno a nuestros pueblos esperando las lluvias de octubre. Tenemos lugares en Canarias con maleza a 100 metros del ayuntamiento, hagamos prevención, seamos más humildes. Aprendamos con los campesinos, reguemos el campo con la sabiduría rural.

Wladimiro Rodríguez Brito