El cuidado de los bienes públicos y comunes. El caso de los incendios (1)

Antonio González Veitez

1. BIENES PÚBLICOS.

Hoy, constituye un lugar común afirmar (algunos lo hacen de forma apasionada) que solo la propiedad privada, además de ser la única eficiente, es capaz de cuidar con atención los bienes que maneja. Supóngase que admitimos sin más esa extendida tesis. Aún así, hasta la Economía Convencional acepta que la preeminencia de la propiedad privada no existe en determinados casos. Se trata de lo que, técnicamente, se denomina como “Fallos de Mercado” a los que, nadie se extrañará, no se les suele mencionar ni estudiar con mucho entusiasmo. Uno de sus supuestos más contundentes es el de los “Bienes Públicos”. Se trata de unos bienes muy peculiares: a) porque no son excluyentes como los bienes privados. Es decir hay libertad de acceso y consumo, sin necesidad de pagar ningún precio y b) su consumo no es rival. Es decir son bienes que no se agotan por el hecho que una persona los consuma, porque el consumo de alguien no impide el consumo de los demás.Un sencillo ejemplo aclarará lo que parece realmente extraño. Hay bienes necesarios para la vida como el aire para respirar. Se trata de un bien público, porque a) existe libertad de respirar sin tener que pagar por ello. No es excluyente, al menos por ahora. Y b) cuando respiro, no rivalizo con nadie más y todos pueden seguir respirando, también por ahora. No existe rivalidad en el consumo. Los manuales de Economía suelen poner otros ejemplos como la luz de un faro, la luz del sol que me permite poner un placa en la azotea, el agua limpia de un río, el paseo por un bosque, mirar las estrellas… La principal razón por la que la propiedad privada no puede cuidar estos bienes es que nadie se tiene que hacer responsable de ellos. Están ahí y estarán siempre ¡son inacabables! Por eso, si podemos consumirlos sin pagarlos… “a mí que me registren, no seré yo el bobilín que los cuide”. Y si nadie es responsable y nadie los cuida, ocurre lo que hoy es una evidencia y un drama para la Humanidad. El terrible destrozo de los Bienes Públicos: el cambio climático, la invasión de los plásticos, la contaminación de las aguas y del aire, la desertización, los atascos, las saturaciones, las migraciones. Cierto es que la lacerante percepción que hoy se tiene sobre el estado de nuestra Biosfera, no existía hasta hace medio siglo.  Fue necesario que los niveles y los ritmos de consumo se multiplicaran y se sobrepasara la posibilidad de regeneración de nuestros bienes públicos. Con una situación fuera de control, entró en funcionamiento la segunda ley de la Dialéctica, aquella que declara “los saltos de cantidad en calidad”. Y cuyos efectos ya fueron analizados en prospectiva en 1972 por el Club de Roma, en su informe sobre “Los límites del Crecimiento”. Y, desde entonces, se evidenció socialmente que: “es imposible el crecimiento continuo en un mundo finito”.Su consecuencia evidente fue comprobar la necesidad de encontrar una estrategia para gestionar y cuidar nuestros bienes públicos, diferente a la del mercado. De eso ya hablaremos.

2. ECONOMÍA LINEAL Y ECONOMÍA CIRCULAR
2.1. Simplificando, Economía Lineal es aquella que tiene en cuenta todo el proceso productivo desde el final y solo desde el final: la cantidad de bienes o servicios producida. Su análisis se centra en la cadena de producción del valor. Su estrategia es maximizar las salidas (la producción).  Su contabilidad se centra en el saldo de entradas y salidas monetarias. Por eso no considera los residuos físicos que puedan originarse (no existen porque no significan nada contabilizable por la empresa). Su objetivo es maximizar las salidas. Y, así, nos tienen acostumbrados a su continua letanía con los porcentajes de incremento sobre el periodo anterior. En resumen, se mide (y se valora) por medio de una contabilidad exclusivamente monetaria. Su principal problema es que desatiende y no toma en consideración la cadena de residuos físicos y consecuencias colaterales de todo tipo (por supuesto incluidas las sociales) que ocasiona todo su proceso productivo. (Técnicamente se conocen como externalidades o deseconomías externas). Así, el que vende botellas de agua de plástico, no se preocupa sino de que se las paguen. Lo demás no es asunto suyo.


2.2 Simplificando, Economía Circular es aquella que tiene en consideración y atiende a los procesos productivos en su integridad. Tanto en sus aspectos monetarios como físicos, tanto en sus salidas como en sus entradas y, también, en sus residuos. Pero, además, su principal característica se centra en considerar los residuos como recursos, los deshechos como riqueza. Esta idea, revolucionaria en la sociedad de las modas, del usar y tirar y del consumismo desenfrenado, va a tener tremenda potencia transformadora. A partir de ahora se va a tener que priorizar el reciclaje, la reutilización, el ahorro de recursos, la austeridad social. Ahora, la actividad productiva deja de ser lineal y despilfarradora y se transforma en circular y ahorradora. Las entradas serán tan importantes como las reentradas. Y la actividad económica no se va a medir (y valorar) por las salidas (por ej. tantas unidades con un % anual de crecimiento). Tendrá que valorarse, además de las “salidas” convencionales,  el conjunto y la densidad de los nuevos procesos que reutilicen los antiguos residuos convertidos en recursos, también que utilicen recursos renovables no utilizados (fuentes energéticas primarias), y también que gestionen recursos del mundo rural abandonados por la despoblación… En suma, se va a medir por la densidad y potencia de sus procesos, reprocesos y ahorros [hoy aparecen, por ejemplo, como ahorro de emisiones contaminantes]. En suma, irse acercando a una forma de organizar la sociedad de acuerdo con el viejo descubrimiento del ilustrado químico Lavoisier “nada se crea ni se destruye, solo se transforma”. <Resulta curioso recordar la semejanza de todo esto con el mundo que vivió mi generación en su infancia rural grancanaria: en la práctica no había basuras (los residuos de hoy). Todo tenía usos y reusos continuados y, al final de la cadena, las fregaduras para los cochinos y las gallinas hacían innecesario el papel del camión de la recogida>

3. LA ECONOMÍA DE LOS CUIDADOS
Ya podemos relacionar dos cosas. La primera es que los Bienes Públicos, a pesar de su importancia vital para nuestra supervivencia en la Biosfera, no pueden ser manejados por el mercado y resulta obligatorio cuidarlos y gestionarlos socialmente. La segunda es que la forma más adecuada es la de la Economía Circular. La que permite ahorrar recursos ( es decir, la eficiencia), las reutilizaciones  y las “reentradas” y, en fin, habilita para la lucha social por la imprescindible Sostenibilidad Global. 
Por esas razones, hoy, por infinidad de resquicios de la sociedad mundial, está surgiendo con inusitada potencia la exigencia de cuidar y atender los Bienes Públicos. Algunos de ellos son de obligada dimensión universal. Y todos sabemos que la Humanidad del primer siglo del segundo milenio de nuestra era, no está a la altura de esta exigencia. Y que tendremos que seguir haciendo enormes esfuerzos para que los deficientes e incompletos Acuerdos de Tokio (1997) y París (2017) se vayan completando y culminando de forma correcta. 
Pero donde de verdad se está librando la verdadera batalla, es en el día a día en cada uno de los pueblos de la Tierra. Porque es cierto que hay que tener una Ordenación Mundial, pero esta nunca será real si no se conquistase todos los días en todos y cada uno de los lugares. La sociedad canaria, también. Y, en opinión de muchos, con un nivel de exigencia superior, debido a nuestra actual especialización económica en turismo de masas. Porque esa especialización se fundamenta en ofertar residencia de calidad, “excelente”, para animar a que nos visiten. Y el éxito de esa “invitación” dependerá de la calidad de lo que les ofrezcamos. Y, todos lo sabemos, el clima, el mar de las playas, el aire de nuestras ciudades y pueblos, los paisajes naturales y humanos, la tranquilidad social , calidad de los servicios (trabajo decente, urbanismo “humanizado”, comidas sanas de kilómetro cero…) dependen de la salud de nuestros Bienes Públicos. Y será la valoración que hagan de ellos la que decidirá su elección de destino.


En Canarias, el cuidado de nuestros Bienes Públicos está bajo mínimos, entre otras mucha cosas, por el predominio incontestable (cantos de sirena aparte) de la Economía Lineal en la actividad turística. Su estructura empresarial solo puede estar preocupada por sus “salidas”, medidas en beneficios contables. Y si consiguen mejorarlos con trabajo precario, lo hacen. Si consiguen alimentos y bebidas a precios más baratos que los de la producción local, los importan. Si alguien les vende que con una regasificadora les bajan los precios de la luz, la defienden sin más…Pero todo esto se puede hacer porque el “destino canario” tiene unos valores excepcionales que les permite, en ocasiones, batir récords durante varios años, como ocurrió hace poco. Y ese destino, basado en unos Bienes Públicos excepcionales lo están utilizando (ingresos invisibles) en su contabilidad de beneficios. Y, gratis. Porque ya aparecerá alguien que se encargue de atenderlos. Y así se está degradando el destino canario.