El carro de la compra y el paisaje

Wladimiro Rodríguez Brito

Una de las referencias de los últimos acontecimientos han sido los incidentes con los carros de la compra. La comida como algo atávico, tan antigua como las especies. En unas horas hemos pasado de la preocupación por las fiestas (fuegos artificiales, entierro de la Sardina en Barlovento, Fallas en Valencia, Semana Santa), a vaciar las estanterías de los supermercados. Del consumismo empobrecedor (salmón ahumado del Canadá para el gato) a pelear por los rollos de papel higiénico.

El carro de la compra construye o destruye paisaje. Es bueno que sepamos, que a la hora de comprar estamos decidiendo la suerte o la desgracia de un territorio y su gente. Nuestros campesinos se movilizan en toda España por la distancia que existe entre el agricultor y el consumidor, pero también por la procedencia de los alimentos que distribuyen los supermercados, en muchos casos alejados de nuestros campesinos.

Por ello, aquí y ahora, es bueno que veamos, que en un medio insular como Canarias, la decisión de comprar alimentos es más importante de lo que pensamos. Debemos apoyar a los que hacen surcos, creando paisaje, cultivando las tierras que ahora están cubiertas de maleza, creando puestos de trabajo y, lo que es más importante, haciéndonos menos dependientes del exterior.

No veamos la agricultura solo en el carro de la compra, asociémosla también a los temas ambientales. Los incendios que hemos tenido el pasado mes en el norte de Tenerife, durante el episodio de supercalima, que provocaron incluso el corte de la autopista, son parte de lo que genera un campo huérfano de campesinos.

Nuestro pueblo, tiene un ADN, una cultura y conocimiento del medio, que han ido destruyendo los alimentos importados y la desagrarización del territorio. Hemos perdido el conocimiento sobre el medio y los cultivos: semillas y plantas aclimatadas a diferentes medios, costa, medianías, barro, malpaís, arena, jable, maíz enano en Lanzarote aclimatado a la aridez y al viento, batatas cultivadas con rendimientos aceptables, con solo el 20% del agua que demandan los trópicos, castaños, perales y damasqueros en el sotavento de Tenerife, las vacas y las cabras del país, etc.

Los acontecimientos marcan otra lectura en la gestión de los recursos: más de 150.000 Ha. forestales gestionadas con menos de 4.000 personas, incluidas las oficinas. La prevención de los incendios demanda más recursos humanos, qué decir de la limpieza de los barrancos, tanto ante lluvias torrenciales como ante los incendios, o las más de 100.000 Has cultivables, hoy ocupadas por maleza.

Los tiempos indican que hemos de mirar para el entorno, con ojos de ayer, para sembrar un mañana con menos nubarrones. Otra lectura del territorio, optimizando recursos que hemos tenido ociosos, como de hecho ocurre con más de 300 millones de pipas de agua urbana que debemos depurar y reutilizar, incorporando zonas áridas a la producción de forraje, frutales y otros cultivos.

Hemos de hacer una lectura nueva para los tiempos que se presentan. Una lectura del ayer como referencia de futuro. En Canarias, hace 50 años ¿malvivíamos? con el cultivo de 2.000 m2 de tierra por habitante, que casi completaban nuestra alimentación, excepto cereal, aceite, azúcar y arroz.

Hemos de entender que en dicha época apenas sobrevivíamos con una superficie reducida, fue el tiempo de la emigración y la miseria, ya que de lo que producíamos en las tierras de regadío, una gran parte lo exportaban, próximo a 300.000 Tm de plátanos, unas 170 a 150 mil Tm de tomates, junto con unas 30.000 Tm de papas. Ahora tenemos 50 personas por Ha cultivada, y nos toca incorporar más de 100.000 Has de tierras balutas.

Parece claro que hemos de hacer una política agraria que incorpore campesinos, y ello es sólo posible con precios para la producción local, que cubran costes con inversiones que capitalicen al medio rural, sobre todo en la Canarias vaciada.


Sería ideal que el futuro del campo no lo marquen los estómagos vacíos. Sería bueno que fuese una propuesta de una sociedad que dignifique el campo, que valore una Canarias heroica, que ha sobrevivido construyendo más de 2.500 Km de galerías y pozos, sorribando, abancalando, cultivando en malpaís, en una tierra en la que los campesinos han sido capaces de cultivar sobre el jable que deposita la marea en la playa de Famara, y el alisio distribuye por el interior de Lanzarote.

Dignifiquemos nuestra historia y sembremos futuro

Wladimiro Rodríguez  Brito