Doramas, el alzado del pueblo que desafió a los reyes católicos

El noble teldense Maninidra, tratando de impedir que Doramas cortejase a su hermana, la confina en el Roque de Gando. Un peñón situado a 300 metros de la costa este de Gran Canaria, pero el guerrero, desafiando la férrea custodia que la protegía y despreciando el peligro que suponía atravesar aquel brazo de mar, lo cruza a nado cada noche para reunirse con su amada. 

Los bienes materiales no son lo único que se heredan de padres a hijos.  También se trasmiten historias y ésta es una de ellas. Quizá las más trascendental de cuantas pueblan el imaginario colectivo de los canarios, pues tiene como protagonista a un alzado del pueblo que vivió a mediados del siglo XV, y cuya muerte en combate contra las fuerzas invasoras supuso una pérdida importante para la moral de la resistencia de la Isla, por lo que fue llamado, según el historiador José de Viera y Clavijo, “el último de los canarios”. Un Aquiles que en mitad de esta guerra vive una intensa historia de amor con “Sahar”. 

Ve la luz Doramas bajo los pies de nadie (Drago Blanco Editorial), del cineasta y escritor Armando Ravelo, la primera novela que tiene como protagonista a la figura de uno de los principales líderes de la resistencia indígena en la isla de Gran Canaria frente a la llamada conquista realenga del Archipiélago, emprendida por los reyes católicos para la Corona de Castilla. El libro se convierte en uno de los más vendidos nada más colarse en las librerías isleñas este pasado mes de mayo.  

La novela tiene cierto carácter mágico porque la Maguada Oscura, una anciana que conecta con lo arcano y atávico, hace casi de hilo secuencial a lo largo de las 200 páginas. La estructuración narrativa de la obra es cinematográfica. Dramática en cuanto a sus diálogos, lírica en cuanto al monólogo interior de los personajes. El escritor omite fecha y lugar de nacimiento exactos de Doramas, por las imprecisiones historicistas que existen, aunque se le supone natural del Guanartemato de Telde (San Mateo o Utiaca).  

Doramas cuestiona la autoridad y la propia guerra en que se halla implicado; se interroga acerca del sentido de la vida y el papel del azar en el drama humano 

La obra arranca desde su edad adulta, los 21 años, cuando el joven guerrero se enfrenta a todas las normas dominantes: “¿Por qué poseen más ganado que nosotros? ¿Por qué, si somos los hombres libres, ellos tienen más libertad que los comunes?”. Doramas cuestiona la autoridad y la propia guerra en que se halla implicado; se interroga acerca del sentido de la vida y el papel del azar en el drama humano. Sucumbe a la ira, pero se conmueve ante el dolor. Estamos ante una narración llena de esperas, que nos da la medida del alma de los protagonistas, su mundo y sus creencias. 

Es fundamental la relación de Doramas y sus tres hermanas Tasat, Mida y Fatit, que vivían en una “habitación-cueva labrada en forma de cruz”. El escritor se detiene, sobre todo, en la figura del padre de Doramas, las normas y credos que le trasmitió, la ausencia de la madre que murió al dar a luz a Fatit, la más pequeña, y la protección del patriarca sobre sus hijas a las que esconde para que no sean asesinadas. Ambos se oponen a la ley infanticida de Benragoche de matar niñas recién nacidas debido a la sequía y escasez de alimentos. Los enfrentamientos armados eran continuos y la hambruna les devastaba. La guerra contras las tropas castellanas obliga a los aborígenes a abandonar las mejores tierras de cultivo y pastos y trasladarse al interior montañoso. Con lo que “las élites gobernantes imponen estas prácticas al conjunto de la antigua sociedad indígena grancanaria” (mencionadas en las crónicas de Abreu Galindo). 

Las visitas de Doramas al visionario Maraguya son constantes. Un hombre que tenía la “cordura del loco” y que, como carnicero pertenecía a “la casta de los apestados”. Por entonces “los hombres comunes no mataban a su propio ganado, no tenían contacto con las vísceras o con la sangre. Cuando había necesidad de sacrificar a un animal para comerlo o aprovechar su piel para confeccionar la ropa con la que los canarios se vestían, llevaban sus reses” ante ellos. 

A lo largo del tiempo, la leyenda ha acumulado crónicas, investigaciones y numerosas narraciones en torno a la figura del joven guerrero, pero hasta ahora nunca una novela lo había situado como actor principal. Un hombre cuyo primer desafío fue dejarse crecer el cabello, “decide ser libre”. Los guanches nobles lo llevaban largo como símbolo de distinción; los plebeyos, muy corto, y Doramas era originario de la casta más humilde de los canarii, un “trasquilado” que se rebela ante la jerarquía social. Sin embargo, su fama como líder indomable, “fuerte, valiente y leal” le hizo escalar socialmente hasta convertirse en guaire (capitán y miembro de la nobleza isleña), lo que termina por forjar todo un mito en torno a su figura. 

A pesar de que algunos cronistas e historiadores como Abreu Galindo y Gómez Escudero hacen referencia al significado del nombre de Doramas como “narices anchas”, el escritor apenas se detiene a describir a los personajes. Da breves pinceladas, majestuosas, las suficientes para que el lector complete en su imaginario a los personajes de la novela. Sin embargo, sí describe minuciosamente la naturaleza que les rodea, los barrancos, la forma en que él y sus amigos se deslizan por ellos. Como Tejid “un bello y fértil valle entre la costa al este y la montaña al oeste, entre Tufia al sur y Telde al norte. Mirabas alrededor y no encontrabas vestigio de otra vida humana que no fuera la de ellos mismos. Las palmeras convivían con los acebuches, y el trino de los pájaros regalaba encanto al reencuentro con los rebeldes”, el sendero hasta Gitagana, los encuentros en Cuatro Puertas. 

En el libro hay planos cronológicos que juegan a quebrar la cadena lineal de la narración. Unas veces son los hechos quienes ayudan a dar el salto temporal, otras una voz en off sugiere un pasado incierto. “Contrario a lo que ciertos detractores pensaban, él solo aceptó venir a Tufia para luchar contra los que abusaban de su pueblo”, pero se quedó por Sahar. “Es por ella que ahora está nadando en las entrañas de la madrugada, luchando porque la corriente no se lo lleve”. En mitad de toda la lucha, Armando Ravelo, realiza flashbacks a la niñez de alzado para expresar los fuertes lazos de afecto que establece con sus amigos Abián y Gurmad, logrando crear esa veracidad íntima que poseen los personajes. 

Los protagonistas aparecen tal cuales son ellos, y el escritor se aleja de toda pretensión de hacer historia. Doramas bajo los pies de nadie aborda el conocido robo del ganado de los nobles en tierras del gaire Arguineguín, con quien tiene un enfrentamiento. También la toma y destrucción de la Torre de Gando, base de operaciones en Gran Canaria de los señores de las islas, en la que logran entrar disfrazados con ropajes castellano. Una reacción de los canarii ante los frecuentes abusos que perpetraban los españoles con los aborígenes, tales como robarles el ganado o forzar a sus mujeres. También describe el escritor la nobleza del encuentro con Bentagaire, cuya pronta muerte llevó a Doramas a tomar el trono. 

Es necesario destacar el capítulo donde aparece el guanarteme de Telde, Bentagoche, que permite a los extranjeros establecerse a cambio de regalos y honores.  “Un hombrecillo que se aprovecha de su posición para vivir una vida mejor que ninguna, no al servicio de su pueblo”, acusa Doramas ante su presencia. “Sin honor. Vendido. Podrido. Amigo de extranjeros que dañan al pueblo”. 

El orgullo, la dignidad y la incertidumbre están presentes en todos los capítulos del libro, lo mismo que un fondo musical. La novela aborda las reyertas con los españoles, los pactos con los reyes de la isla, las reuniones con Faya y sus oscuras estrategias, las conversaciones con el magnánimo guayre de Telde y señor de Tufia, Maninidra. Sus dudas: “Gáldar, la gran incógnita, ¿tomarán represalias? Y Telde. Sí, Telde, ¿qué pasará a la muerte de Bentagoche cuando expire el juramento?”.   

“Apostados sobre una colina desde la que se divisa el valle de Aguere, en la isla de Tenerife, los hombres del capitán Alonso de Lugo se preparan para entrar en batalla. Más de dos mil soldados, algunos recién llegados, otros curtidos en el combate con los isleños, aguardan la señal que dará comienzo al enfrentamiento. Abajo, los hombres del imponente Bencomo, del bando de Taoro, líder de la resistencia indígena del norte de la isla, comienzan con sus gritos amenazantes”. Este trascendental pasaje de la historia de Canarias es interrumpido por Las cosas que importan. Un canto a la paz y la concordia a través de diálogos entre Doramas y Abián, entre Maninidra y Autindana. Sin embargo, las palabras que intercambia Sahar con su prima (hermana de Autindana) son de un extremado lirismo. El escritor reserva para ella, la amada de Doramas, los pasajes más hermosos del libro. 

Según avanza la novela se sienten los ecos del horror. El desembarco de una expedición de conquista bajo el mando del capitán aragonés Juan Rejón y del deán Juan Bermúdez, dando comienzo a la llamada conquista realenga del Archipiélago. Luego la derrota de los canarios y un nuevo enfrentamiento recurriendo a tácticas de guerrilla, reyertas e incursiones. Los cuadros cobran vida independiente, insobornablemente. 

En un giro de los acontecimientos los reyes católicos deciden nombrar gobernador a Pedro de Vera, a quien mandan zarpar hacia Gran Canaria con la orden de hacerse cargo de las operaciones de conquista. Tal era la fama heroica de Doramas, que el capitán jerezano emprende una campaña personal contra él, hasta que ambos se encuentran en la Batalla de Arucas. El caudillo canario le desafía a las puertas de la Selva de Doramas. 

La novela de Ravelo termina con su muerte, acaecida entre 1480 y 1481 

Son varias las versiones de los cronistas ante el encuentro entre las tropas de Vera y los hombres de Doramas. La novela de Ravelo termina con su muerte, acaecida entre 1480 y 1481. Según las crónicas de la época, el guerrero en su agonía exclamó: “No eres tú quien me ha matado, sino ese perro traidor que me atacó por la espalda”. En la novela de Ravelo, el escritor nos ahorra la descripción de este enfrentamiento, y a cambio nos regala el monólogo más hermoso jamás imaginado sobre los últimos segundos de Doramas antes de morir. Una amplia y sublime evocación de la devastación que supone cualquier guerra de cualquier época: 

(Spoiler). “Hay algo que quiero decirte, Sahar. Cuando he estado a punto de morir, muchas veces, en una u otra pelea, cuando tenían sus manos sobre mi cuello o golpearon mi cabeza con fuerza, nunca tuve miedo a morir. Me lanzaba contra la muerte como las olas estallan contra las rocas en la costa. Ahora no dudaría en volver a hacerlo por lo que sé que es justo, no me entiendas mal. No voy a dejar de luchar, Sahar. No podría. Pero ahora, todo el tiempo, siento un deseo ardiente de volver a casa. Un deseo de evitar la guerra, el odio, porque mis entrañas están llenas de lo contrario (…)”. 

Ana Sharife