De Barlovento a La Aldea: piedras en la carretera

Una señora de Gallegos, me escribe unas letras contando las dificultades que tiene para que sus hijos asistan a clase en Barlovento y Los Sauces. Antes eran nueve kilómetros, ahora son varias horas, y unos treinta kilómetros, cogiendo por Cruz Castillo o por la Carretera del Monte, dando vueltas, ya que en Gallegos hay corte de carretera y hacen una vía de urgencia, pero no trabajan sábados y domingos, cierre total. ¿Estamos para ayudar y mejorar la vida a nuestra gente o para favorecer la huida del territorio? ¡Todos a las zonas urbanas, los pueblos vaciados! 

Le agradezco al periódico El Día que me dé esta atalaya para mirar los acantilados, no solo las piedras en las carreteras, sino sobre todo las piedras culturales que nos aíslan y empobrecen. Tengo que hacer una lectura personal de los alegatos políticos y la vida: cuando era niño me llevaron a Las Mimbreras para pedirle a ministro de Franco, Jorge Vigón, la carretera de Garafía, hoy 70 años después está en el mismo sitio, hay una pista con menos de seis metros de ancho construida por el Cabildo, con túneles de tres metros de ancho y acantilados en sus bordes. 

El Barranco de Gallegos, lo conocí con un saco de postura de tabaco al hombro, hasta el quiosco de la Palmita en obras -la pista por la que hoy se comunican los vecinos del norte de La Palma-cogía la guagua para plantar en las proximidades del faro de Punta Cumplida. Ahora, en nombre de la seguridad cerramos la carretera de manera total, creando condiciones para que los que queden en las islas de Franceses y Gallegos “emigren”. Con el alegato de la seguridad olvidamos que en otro tiempo en la carretera teníamos horas abiertas, para facilitar la vida a los vecinos. Recordemos, ya que podemos recordar, las obras en las vueltas de la carretera Vueltas de San Juanito en Puntallana, y qué decir de la carretera a Valle Gran Rey, piedras de los acantilados, pasando por Arure, Guadá, camino la Calera, etc. Señores responsables políticos, la seguridad total no existe, ni en Gallegos, ni en Madrid, ya que en terrenos planos también caen rayos. 

Lamento pensar que las obras están más condicionadas por el interés de la empresa constructora que pensando en los vecinos y su calidad de vida, seguimos expulsando campesinos hacia los núcleos urbanos. Lamentablemente, “como tienen pocos votos” no hay una preocupación especial.  

En la Aldea se están construyendo túneles, entre otras cosas, porque los aldeanos han peleado por la tierra, por la construcción de las presas de Siverio y Parralillo por la defensa de los cultivos de tomates. 

Gallegos y Franceses han perdido en los últimos años el 70% de la población, y ahora las piedras de la carretera crean ambiente para continuar empobreciendo un territorio y su gente. Tenemos la obligación de tender puentes de entendimiento con los vecinos, buscar la manera de dar la vuelta al territorio, agua, suelo para cultivar, naturaleza, dignificación de la vida rural, vincular a los niños con el territorio y la naturaleza. El espejismo urbano está creando guetos con problemas serios, la Montaña Tenisca “como mayor núcleo de garfianos en La Palma”, dignifiquemos social y ambientalmente la vida y la sociedad en nuestros pueblos. Dejar de recorrer nueve kilómetros de Gallegos a Barlovento, y obligar a recorrer los treinta kilómetros por Cruz Castillo, con obras de urgencia y no trabajando sábados y domingos, indica que no se están haciendo las cosas bien. 

No quieren hablar de política, con respecto a la carretera el papel del Cabildo y las obras públicas del Gobierno ¿dónde están?, ¿no es la carretera de circunvalación de la isla de La Palma?, ¿es entendible que la carretera esté parada más de setenta años? Y que ahora, la obra más importante en la zona sea un mirador turístico desde el porís de Gallegos para contemplar la costa norte de la isla. 

La señora anima a sus hijos, que aquí y ahora pueden hacer una isla visible, con más calidad de vida, hemos de exigir y colaborar en una tierra más solidaria, ya que el gallego de ayer, cuando malvivían y tuvieron que emigrar mil personas no era un mundo ideal. Hoy tenemos recursos para hacer un mundo más solidario y digno, las islas de Franceses y Gallegos no son “guetos marginados”, para las mejoras en la carretera han de contar con los vecinos, se ha de dignificar la isla vaciada, está en nuestras manos. 

Wladimiro Rodríguez Brito