Cuando el cielo nos habló

Jose Farrujia

“La poesía de la tierra nunca ha muerto”
(John Keats)

Hubo una época en la que el conocimiento del cielo fue muy importante para los canarios.

Tras mucho tiempo de observación, de comprender su entorno y armonizar con él, los canarios y sus ancestros aprendieron que la posición del Sol durante los solsticios y equinoccios les permitía establecer su calendario, las estaciones y definir el momento de la siembra o predecir el momento en que debían celebrar sus festividades.

Durante la etapa indígena, la observación de la posición del Sol y las fases de la Luna les llevó a establecer el inicio del año coincidiendo con la Luna nueva, posterior al solsticio de verano.

Para poder determinar el momento exacto de estos fenómenos, los indígenas canarios realizaron en las Islas toda una serie de marcadores solares.

Muchos grabados rupestres y muchos de sus enterramientos se encuentran orientados sistemáticamente hacia la salida y la puesta del Sol en solsticios y equinoccios. En el caso de Gran Canaria, algunas pintaderas reproducen la figura solar, mientras que algunas cerámicas incorporan en sus decoraciones motivos astrales.

El culto al Sol, a Magec, debió tener un origen común, norteafricano, y no independiente, insular, pues encontramos analogías entre estas prácticas presentes en Canarias y las del mundo amazigh del vecino continente.

Hoy sabemos que, siglos después de la conquista, nuestros antiguos campesinos eran llamados magos por el culto que rendían al Sol para obtener buenas cosechas.

Hoy sabemos que siempre ha habido un libro abierto para todos/as… La NATURALEZA, y que si aprendemos a leerlo, comprenderemos todo mejor.

Hubo una época en la que el cielo nos habló… y supimos escuchar

José Farrujia