Civilización

Antonio Cabrera de León

España impulsó hace 15 años una política de diálogo entre cristianos y musulmanes: la “Alianza de Civilizaciones”. Como política de entendimiento era acertada, pero el nombre exageraba. Era solo una alianza de culturas porque el mundo islámico y el cristiano son hoy la misma civilización; como lo son también las culturas asiáticas. Salvo algunos pueblos minúsculos, recluidos en bantustanes, todo el planeta vive en la misma civilización.

La nuestra es una civilización en peligro de extinción, como otras se extinguieron antes. Lo sabemos desde la explosión de la primera bomba atómica. Ese peligro se ha contenido porque no hay monopolio: quien lance una recibirá otra. Pero igual que fabricamos la bomba hemos alterado el clima, sin que nadie se prive de arrojarse a sí mismo y al vecino una bomba climática cada día. Bastó confinar al 40% de la población mundial durante unas semanas para ver recuperarse al planeta, demostrándonos que no nos necesita. Nadie nos echará de menos si nos extinguimos, como nadie añora a los dinosaurios.

Si la vida se mide en años (lo dudo) esta es la civilización más avanzada, porque nunca fuimos tan longevos. Pero 25.000 personas mueren de hambre cada día, y serán millones si no paramos el cambio climático. La epidemia ha desvelado lo que escondíamos: almacenamos a nuestros viejos. Los hacinamos como pollos de granja. No son guarderías de viejos, sino almacenes. Nadie los recoge al salir del cole, son depositados en el olvido. Renunciamos a cuidar a nuestros viejos, a disfrutarlos en sus últimos días, para poder vivir uncidos al trabajo hasta que nos hagamos viejos y nos almacenen a nosotros. Hasta que nos depositen.

En el confinamiento, millones de niños pequeños han disfrutado de sus padres más tiempo que nunca. Donde la pobreza familiar no lo impidió, crecieron afectiva e intelectualmente más y fueron más felices que nunca. También a ellos los uncimos al yugo apenas nacen para poder trabajar nosotros, y que siga la rueda.

Viejos, niños, patria. La civilización educa para que la patria sea la cultura dominante. La de bandera, rey, partido único, emperador, dios, obedece, trabaja, almacena a los tuyos. Pero la patria son los viejos que almacenamos. No hablamos de matria porque el patriarcado lo impide. Pero la patria es el seno de la madre y hasta su barriga. Cuando ellos mueren tú eres la patria. Quizá triste patria almacenada.

Hoy es el día de mi patria canaria. Suena Braulio. Cuando la profesión me llevó a vivir lejos comprobé que la patria también es el idioma. Los investigadores hispanos, no importa de qué país, nos juntábamos a celebrar en español. En los sentimientos, la patria se hace más grande cuanto más lejos. Pero como dijo Sagan, desde los confines del sistema solar la Tierra es solo un punto azul pálido. La patria de esta civilización.

Antonio Cabrera de León