Cebollas de Nueva Zelanda y soberanía alimentaria

Publicado el Por Intersindical
Wladimiro Rodríguez Brito

Wladimiro Rodríguez Brito

  

Estos días de mayo, hemos visto en los lineales de los supermercados cebollas de Nueva Zelanda, Méjico o Senegal, algo que pone de manifiesto la ruptura que tenemos en Canarias entre lo que ponemos en la mesa y lo que sacrifican los que hacen surcos en las tierras de las Islas, apenas valorados en una sociedad que ignora y margina al mundo rural, pues solo asocian el producto local en las épocas de fiesta, con supuesta indumentaria de campesinos.

¿Y la huella de carbono? Veamos: hace solo 30 años, exportábamos cebolla temprana de Canarias al exterior. Podemos destacar a Lanzarote, que en algunos momentos alcanzó los 20 millones de kg. exportados, manteniendo un paisaje enarenado cultivado, que a día de hoy ha sido recubierto por aulagas. En Tenerife, hasta la década de los ochenta, exportábamos semilla de cebollino a los Estados Unidos. ¿Recuerdan los campos de cebollino en el Valle de Güímar? Qué decir de las cebollas de Carrizales y Guayonje, productos de calidad con nombre y apellidos de nuestro territorio. Alimentos que generaban: paisaje, economía local fija, población en el territorio -creando paisaje y paisanaje-, menor presión en las zonas urbanas, más estabilidad social, menos dependencia del exterior.

Lo que ahora oímos como huella de carbono, soberanía alimentaria, no deja de ser un vano eslogan electoral, alejado de lo que hacemos cada día, ya que compramos mirando el bolsillo. Ignoramos los valores locales, y estamos faltando al compromiso con nuestra tierra, debemos trabajar por la responsabilidad ambiental y social, avanzando en cuestiones como el kilómetro 0, la huella de carbono (real), etc.

Otra lectura de la tierra se fundamenta en que no sólo hay que pedir a los responsables políticos medidas que favorezcan la producción local -ya que tenemos numerosas limitaciones por parte de la Unión Europea-, sino que hemos de crear una cultura colectiva como pueblo, entendiendo que los productos locales no sólo generan riqueza y puestos de trabajo aquí, sino también algo de lo que hablamos todos los días, la huella de carbono, el cambio climático, dignificar lo próximo, lo nuestro, como tema de solidaridad social y defensa medioambiental.

Papas de Israel, Egipto, Inglaterra, pero nuestros campos siguen sin cultivos. Hay un alto porcentaje de parados. Estos son algunos de los temas ignorados en la campaña electoral, sin embargo se ha realizado un buen trabajo en las últimas legislaturas, de las que hemos de destacar las mejoras significativas, sobre todo en la ganadería, con una importante revalorización del queso, mejoras económico-culturales en los comedores escolares y productos locales, intensificando lo de los alimentos cultivados en ambientes sanos con un mayor equilibrio con la naturaleza. También debemos destacar como elemento positivo de la vida política, las ayudas para incorporar jóvenes al campo en explotaciones ganaderas cultivos de aguacates, caña de azúcar, proteas, plantas ornamentales y aromáticas, etc.

El equipo de la Consejería de Agricultura ha sembrado luces que pueden ser una referencia en el ignorado y maltratado campo canario, en el que hemos marginado elementos básicos en generar riqueza y estabilidad social, compatibles con el turismo y una sociedad menos dependiente. No miremos solo para la Administración como responsable de la política agraria, los demandantes de alimentos y calidad de vida, medioambiente, estabilidad social y ambiental, tenemos mucho que decir. Está en nuestras manos hacer un modelo de sociedad más solidaria, tanto en el plano social como ambiental.

¿Cuál es el coste ambiental y social de la perdida de cultura rural? ¿Cuántas enfermedades y plagas entran en las Islas con los productos agrarios que podemos cultivar aquí y ahora con una cultura menos dependiente? La soberanía alimentaria es algo más que un eslogan electoral.

La alergia al sacho y al trabajo es parte de un síndrome introducido en Canarias en los últimos años, para el que debemos vacunarnos con la cultura de ayer, para sembrar un mañana con menos traumas, con tierras labradas y campos con menos maleza.

*Concejal de Barlovento

 

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