CANARIAS Y SU ABANDONO SECULAR. LA “CONTRIBUCION EN SANGRE DE 1878”

Publicado el Por Intersindical
jULIO hERNANDEZ

 Julio Hernández García

(In Memorian)

(Artículo del profesor Julio Hernández, elaborado para la asociación Solidaridad Canaria en 1978 y que publicamos con ocasión de su reciente fallecimiento). 

Mi pueblo, mi tierra, son siete islas y unos cuantos peñascos perdidos, olvidados secularmente en medio del océano. Cuando, a veces, echo la vista atrás y pienso en la Historia y sus !;lentes, me invade una inmensa tristeza, una rabia infinita. Al canario, al isleño, a nuestros antepasados (¡no lo olvidemos!) se les ha explotado sistemáticamente. Se ha abusado de su miseria, ignorancia y analfabetismo. Ello acontece desde el instante mismo de la Conquista de Canarias por los españoles.

Los aborígenes (primeros habitantes del país canario) que antes se autoabastecían, se vieron precisados -cual nuevo pueblo judío- a vagar, a errar fuera del terruño; abando­nando, a su pesar, la familia, los amigos, las playas, los amores, … A más de uno le fué imposible soportar la diáspora y en los mismos veleros que les conducían a América, prefirieron el suicidio, arrojándose al mar, que abandonar la Patria. Otros, en cambio, morirán durante la travesía, víctimas del hacinamiento, falta de alimentos, epidemias y malos tratos. Se dio, incluso, el caso de que en el siglo XIX algunos emigrados canarios fueron bárbaramente sacrificados -en los veleros, para así poder alimentar al hambriento pasaje (las “Actas de la Diputación Provincial de Canarias” certifican lo que afirmamos).

¿Qué canario no ha tenido un pariente en Cuba?. ¿Qué canario no posee un amigo o conocido en Venezuela?. En efecto, día a día, hora a hora, minuto a minuto, instante a instante, nuestro acento nos delata y nos habla de los sempiternos lazos que Canarias tiene con América, pues, los canarios se han, visto, una y otra vez, expulsados para subsistir. Razón le sobraba a don Benito Pérez Galdós cuando (en carta autógrafa que poseemos) afirmaba que el canario era tratado por el Estado español, peor que el cubano.

Por otro lado, se ha dicho muchas veces que los canarios eran, por su sobriedad y amor al trabajo los mejores emigrantes en América y que casi partían para “hacer Améri­ca” por afán de aventura Nos lo creíamos y nos sentíamos orgullosos. Pero basta profundizar seriamente y a fondo en la historia de la emigración insular para comprobar la cruda realidad. Veamos, si no, un ejemplo tomado de nuestra Historia: la Real cédula de 25 de mayo de 1678. Lo que algún autor ha calificado con evidente acierto de “contribución en sangre”.

Durante el reinado de Car1os 11, la política seguida por el Estado español para poblar Canarias ante el temor de una posible invasión extranjera, dá un giro de ciento ochenta grados, al dictarse en 1678 la Real cédula de 25 de mayo; por la cual se imponía a las Canarias, como condición para poder comerciar con América, el que se enviase a cinco familias por cada cien toneladas exportadas.(siendo seiscientas el total de toneladas permitidas). En definitiva, ya no se impide que los canarios puedan emigrar, sino que se les obliga a hacerlo, a cambio de su economía. Asimismo, conviene recordar que la política de tipo poblacionista impera en España hasta bien avanzado el siglo XIX, hasta 1853 para ser exactos.

¿A qué obedece esta excepción que se hace con el Archipiélago Canario? ¿Acaso las Canarias estaban suficien­temente pobladas?… ¿Había desaparecido el peligro anterior de una posible incautación de algunas de las Islas por otra potencia colonial?. N i lo uno ni lo otro. Vayamos por partes.

Los ataques piráticos contra las Islas Canarias con­tinuaron durante los siglos XVII y XVIII, como se puede constatar en la? obra del profesor Antonio Ru­meu de Armas: .. Piraterías y ataques navales contra las Islas Canarias”. De otro lado. la población canaria seguía siendo escasa; como prueba un reciente trabajo de José Sánchez Herrera, que nos brindó la oportunidad de conocer en detalles la población de las Islas Canarias en la segunda mitad del siglo CVII (año de 1678). B Archipiélago no llegaba a los cien mil habitantes: 98.991 exactamente. Las Islas más pobladas eran Tenerife (44.130H.). Gran Canaria (22.461 h.), y La Palma (13.892 h.). Las menos pobladas ?: El Hierro (3.297 h.), Fuerteventura (3.579 h.). Lanzarote (4.146 h.), y La Gomera (4.376 habitantes).

Si calculamos los saldos de excedentes del total de las Islas en los años que nos permite la fuente citada, observamos corno el número de emigrantes predominan sobre el de inmigrantes en 1678 con una pérdida de 1607 personas; en 1680 son 21882; en 1681. 1517 y, sobre todo en 1683, con una salida de 7213 tránsfugas. Si exceptuamos 1682 (año en el que el censo experimenta un aumento de 4001 personas) el resto de los años se caracterizan por un crecimiento demográfico no muy elevado. ¿A qué obedece ésto?

Aunque los  factores que influyen en la emigración de ciertos años y en el escaso aumento de la población en otros, son variados (crisis económica que por entonces atraviesan las Islas,. a consecuencia de la depreciación de la vid; levas, ataques piráticos, etc.), pensamos que cierto peso debió tener las duras condiciones  impuestas a partir de la Real cédula de 1678. Que obliga a· Canarias a enviar no emigrantes aislados, sino familias completas. Según el historiador Manuel María Marrero, casi un siglo duró vigente la cláusula “… por la cual enviaron las Canarias más, de 15.000 hijos a los puertos americanos. Sobre este particular agrega Rumeu de Armas:

“Se obligaba a emigrar a casi 150 isleños para aumento de la población muy escasa en densidad de las Américas. Si la emigración canaria al Nuevo Mundo había sido hasta ahora importantísima, desde 1678 viese incrementada por esta contribución humana, que si de manera aislada no impresiona, es altísima si se totaliza  la población de toda la una centuria”.

¿Cómo es que si la población canaria, demográficamente hablando es poco relevante, durante los siglos XVII y XVIII, como acabamos de promulgar, se promulga la Real cédula de 1678 y se mantiene vigente durante un siglo?.

La razón, pensamos, es que el Estado español, pon su política inconsciente, prefirió despoblar a las Islas Canarias, a riesgo de caer bajo otra potencia, para poder poblar a Puerto Rico y a las lndias en general, pues, sus autoridades demandaban emigrantes para poder contrarrestar los peligros que suponía la progresiva injerencia de otros países; para tal menester se pide precísamente colonos canarios.· George Glass, testigo de excepción en la descripción que hace en-1764 de las Islas Canarias, dice al respecto:

“Muchos isleños se van a las lndias Occidentales para hacer fortuna, la mayor parte de los cuales se casan ye instalan allí. El Rey de España estimula esta emigración, y obliga a cada barco que se dirige allá desde las Islas a sus dominios americanos, a transportar cierto número de familias pobres, cuando solicitan pasaje por él, paga un tanto al capitán por parte del Gobierno. La intención de este estímulo es aumentar el número de españoles en las vastas y casi deshabitadas provincias de las Indias Occidentales Españolas.

¿Cómo reaccionaron las autoridades canarias ante la disposición que estamos comentando, que si bien en un principio se promulgó a petición de las mismas, en el atan de dar salida al sobrante de población, luego resultó que quién se despoblaba era Canarias? ¿Fueron escuchadas sus jus­tas y patéticas peticiones?

La obligación de comerciar a Canarias con Indias, a cambio de enviar a sus habitantes, fue considerada muy perjudicial para las Islas, y así, éstas en 1696 acuden al Rey en demanda de que se le exima de ella. En su petición ponen de manifiesto el número de personas que ya han salido (por dicha medida) de Canarias y las que en ese momento se proponía conducir a Puerto Rico el Gobernador” efecto, Juan Fernández Franco de Medina; la tercera parte de los mil hombres que en 1693 había puesto en Rancies. Los anos críticos que atravesaban las Islas, a consecuencia de las malas cosechas de 1691 y 1692, así como la epidemia de viruela de 1696.

Tales peticiones de clemencia de las Islas Canarias, no sólo fueron desoídas por la Corona, sino que por Real despacho de 1697 se prorroga la licencia de exportar familias canarias, a cambio de permitírsele comerciar de nuevo con Indias; aunque en esta ocasión se señala que el lugar adecuado fuese Santo Domingo. Decisión que se ratifica en el Reglamento de 1718. Comentando al respecto José Pérez Vidal:

.. Si en alguna ocasión resultaba imposible embarcar tales familias, el dueño del Registro tenía que pagar mil reales de la moneda corriente en la isla, por cada una que se dejaba de llevar, cantidad que se destinaba al dueño de otro Registro que las condujese. A pesar de obligar” tan estrechamente a los exportadores canarios, estas disposiciones no produjeron todos los resultados que se esperaban. A los posibles emigrantes no les satisfacían las condiciones en que tenían que marchar.

Como quiera que a las familias canarias no les atraía la idea de poblar Indias, bajo tan duras condiciones, se hubo que recurrir (en detrimento del buen nombre y  fama de Canarias a los aventureros de uno y otro sexo. Circunstancia que se deduce de la Real cédula dirigida en 1741 al Juez de comercio de Indias en Canarias, en la que se aclara que las familias que en lo sucesivo se enviasen a la isla de Santo Domingo:

“Sean bien alojadas, tratadas y asistidas durante el viaje, y de la buena calidad que se requiere para la agricultura y defensa del país, y no como las que llegó en el año de 1737 a la misma isla española, compuesta de muy pocos hombres labradores y la mayor parte de la gente vagabunda y delincuente y de mujeres viciosas y solteras, sin formalidad de familias”.

A la luz de todo lo expuesto no resulta extraño que en el siglo XVIII, un grupo de gomeros (o “gomeranos”, como en cierta ocasión dijese un alto representante de la Administración Central. Este y otros despistes más gordos son habituales en las autoridades que, a veces, nos visitan) se amotinasen y pidiesen la separación de España e incorporación a la Corona Inglesa. Asimismo se produjeron algunos motines (como los de La Laguna) de canarios que se niegan a embarcar  bajo esas condiciones impuestas por la Corona española.

Una vez más el testimonio de George Glass sobre la atención que España prestaba al Archipiélago canario, resulta altamente elocuente y nos exime de cualquier comentario:

“Aunque ESTAS ISLAS (CANARIAS) SON POCO ESTIMADAS POR EL GOBIERNO ESPAÑOL son del más alto valor; pues si fueran sometidas por otra nación, Palma y Tenerife caerían naturalmente, ya que Lanzarote y Fuerteventura les suministran el trigo. Además los puertos de Lanzarote siempre serán un refugio conveniente para los barcos enemigos navegando por allí, en donde podrían carenar y aprovisionarse”.

Con la frase de Glass pensaba dejar concluido este trabajo, pero (aunque sea extrapolar momentos históricos diferentes. Lo que a veces no resulta desaconsejable) me viene a la memoria una frase antológica, del libro del Teniente general Francisco Franco Salgado-Arauja: “Mis conversaciones privadas con Franco”, que en el año de 1963 pronunciase el general Franco y que hoy tiene, desgraciadamente para los canarios, rabiosa actualidad. Decía Franco en octubre de dicho año a la pregunta de si el Sáhara era o no negociable:

“No, porque CONSTITUYE UNA BASE DE DEFENSA DE NUESTRO ARCHIPIELAGO CANARIO, y además puede proporcionarnos petróleo. Por otra parte ya tenemos allí fosfatos de buena calidad que nos serán útiles”. (pág. 396).

Sin comentarios.

POR JULIO HERNANDEZ GARCIA

(Profesor de la Universidad de La Laguna)

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