Canarias y la inmigración

Ha habido mucha polémica estos días y aunque lo más sensato sería pasar totalmente y no pronunciarse, me hierve la sangre cuando se llama a mi pueblo xenófobo.

Y antes de seguir, he nacido en Canarias y por lo tanto en África y no tengo ningún problema con mi africanidad.

Con independencia de que pueda haber alguna persona involucionada que sí tenga rechazo hacía otras por su color de piel u origen, no creo que se pueda generalizar e insultar a todo un pueblo.

La respuesta de muchos canarios es una respuesta motivada en la frustración por la falta de un futuro digno en su propia tierra y que se torna más oscuro que nunca. Con estos compatriotas en todo caso habrá que razonar o hacer “pedagogía” (no me gusta usar la palabra en este contexto) pero el insulto y el odio no son una respuesta adecuada.

La peor xenofobia que se sufre en Canarias es la que sufre el propio Pueblo Canario en su propio Archipiélago, en su hogar (y de esta no se acuerda nadie).

Llevamos siglos sufriendo un particular “apartheid” (con diferentes grados de intensidad a lo largo de la historia) que nos ha convertido en un pueblo totalmente “dependiente” del exterior tanto material como psicológicamente.

Nos han arrebatado nuestra tierra, la hemos malvendido por 4 duros a manos foráneas que nos han saqueado a placer (sector turístico) pensando que hacíamos negocio como idiotas y destruido nuestra naturaleza. Cuando le cuento a gente extranjera que Canarias es capaz de mover 6 veces su población en número de turistas lo primero que me responden es que si somos todos ricos, cuando les cuento la pobreza y el subdesarrollo que existe en Canarias se piensan que estoy de broma y no son capaces de comprenderlo porque para ellos no tiene explicación racional.

Y este expolio que sufrimos no se ciñe solo a nuestra tierra también abarca a nuestro mar canario, con el petróleo o el telurio como bienes preciados entre otros.

Se han empeñado en convertirnos en una reserva india, sumisa y obediente y para ello con leyes han hecho inviable nuestro campo, nuestra agricultura y nuestra ganadería, para que tengamos que comprar a precio de oro (subvención + gasto particular) los alimentos de mala calidad que en Europa no quieren, y han conseguido que le demos la espalda al océano y destruido nuestra pesca.

Con la misma arma, unas meras leyes nos han apartado de la globalización dificultando al extremo nuestro comercio con África, y hecho inviable cualquier atisbo de diversificación industrial y de autosuficiencia energética. De igual forma que han capturado por completo nuestro sistema financiero (cajas de ahorro).

Han desdibujado nuestra identidad, trivializado nuestra cultura y dejado huérfanos de un auténtico sentimiento de comunidad mediante el pleito insular.

Ante este “apartheid” la respuesta de todos los canarios es mirar hacia otro lado, porque asumirlo y aceptarlo, implicaría tener que actuar y nos da miedo movernos y quedar señalados con las consecuencias que eso trae.

A un trato de tercera para los nativos en el mundo laboral, tanto en la Administración como en el sector privado (vean quienes son los currantes y quienes son los gerentes en una importante cadena de alimentación germana por ejemplo). Le tenemos que sumar que el empleo del turismo está más peligro que nunca. Y todavía se extrañan que la gente esté nerviosa y explote de muchas formas cuando en condiciones de normalidad no lo harían, poco está sucediendo la verdad.

Desde que llegaron los europeos a Canarias hemos puesto todos los huevos en la misma cesta, a un monocultivo económico (caña de azúcar, la vid, la cochinilla…) cada vez que ha caído uno de estos monocultivos la consecuencia ha sido la misma, hambre y miseria y periodo de emigración masiva. Si cae el monocultivo turístico ya sabemos lo que nos espera.

Espero que quienes hablan de solidaridad ahora lo hagan después si llegamos a ese extremo (que espero por el bien de todos nosotros que podamos escapar) porque dudo que al mundo exterior, un pequeño archipiélago africano y su pueblo le importemos lo más mínimo (si no es para el correspondiente saqueo). Teniendo en cuenta que los canarios  tenemos la mala costumbre de no ser solidarios con nosotros mismos no tengo esperanzas por ver las mismas voces pronunciándose con igual contundencia por su propia gente.

En fin, sé que esto acabará en saco roto, pero no podía quedarme callado.

Ruymán Henríquez