Canarias en tiempos de crisis

Leemos con preocupación los argumentos de los responsables del Gobierno, bien sea en Madrid o en Canarias, cuando plantean con números, haciendo comparaciones con años anteriores, asumiendo que son los nuevos presupuestos, ya que mejoran algunas partidas (sanidad, educación), pero ignorando la situación que vivimos, ya que los números están alterados y las cosas han cambiado, entre otras, el aparato productivo ha sufrido algo que no podemos medir con lecturas cortoplacistas. ¿Cómo podemos comparar la inversión por habitante/año en Galicia y Canarias, para justificar que la primera triplique la partida por habitante de la segunda?. Es más, ¿se puede comparar el impacto del COVID en la economía canaria y en la gallega?. 

En Canarias, Rodríguez y Torres, comparan los presupuestos para el 2021 con los del 2017/2018. ¿Qué tienen que ver los problemas actuales de Canarias, con la de 16 millones de turistas de esos años? Los datos numéricos, no los situamos en los problemas graves con los que nos enfrentamos: paro, presión demográfica, población desorientada, ¿hacia qué actividad económica nos dirigimos? Sobre la supuesta diversificación económica no hay debate, en la que es básica la solidaridad del exterior y local, con políticas de entendimiento y apoyos más allá de la miseria partidista de la política de cada día. 

Una referencia contundente. El Covid-19 nos hace mirar para el campo, para la naturaleza, la masificación urbana, la deforestación, la contaminación del aire, los mares, el cambio climático, etc. Nos dicen por dónde no podemos seguir. Los alegatos teóricos, Kilómetro 0, economía circular, sostenibilidad, son mucho más que declaraciones, aquí y ahora tenemos que hablar de un modelo, no solo más solidario entre nosotros, y con menos polarización social, también de un territorio más sostenible. No es presentable que cada hora entren en Canarias de 17.000 a 20.000 kilos de bienes perecederos que demandamos para alimentarnos, es decir, más de un millón de kilos diarios, con productos que en la mayoría de los casos, podemos producir en las islas. 

¿Es entendible que la ganadería la alimentemos con forrajes importados?, ¿Qué nuestros campos estén cubiertos de maleza, siendo un peligro para los incendios?. Mientras, el pastoreo casi ha desaparecido, con limitaciones burocráticas y degradación social para una actividad complementaria en la gestión forestal. 

El Covid-19 marca nuevas rutas, nos dice que los arenados de Lanzarote, ahora cubiertos de aulagas, pueden producir boniatos y cebollas, hace 30 años producíamos más de 20 millones de kilos, ahora las importamos de lugares alejados. O incorporar las higueras de La Empalizada a la economía herreña, asociando al Valle del Golfo ganado, paisaje y paisanaje. Las gavias de Fuerteventura o los bancales de La Gomera, reactivando la producción de forraje, incorporando aguas depuradas. En el caso de La Gomera, la producción de frutales, hortalizas, dada la calidad del agua (aguacates, mangos, naranjas). Qué decir de la reactivación de las medianías húmedas de Gran Canaria, Tenerife y La Palma, volver a cosechar papas, aprovechando los jables del sur de Tenerife, garantizando el autoabastecimiento. Sólo las papas pueden generar 10.000 puestos de trabajo, incorporando 15.000 Has. libres de peligros para los incendios, donde la agricultura integrada demanda gran parte de la materia orgánica, que crea problemas ante los incendios en los veranos canarios. 

Es decir, el Covid-19 está marcando nuevas pautas que no hemos incluido en los presupuestos. No miremos solo para la vacuna mientras nos olvidamos de tareas domésticas por hacer. La deforestación de Amazonia, los incendios de California o Australia, las “islas de plástico”, las pateras, el avance del Sahara hacia la costa, son parte de un todo, unido al espejismo de una vida urbana consumista que hace que en nuestros pueblos, la actividad agroganadera la veamos como algo de personal equivocado, es decir, ¿producir alimentos por equivocación?. 

La modernidad lleva a los pueblos toda una parafernalia consumista que degrada las actividades agroganaderas, que las hemos dejado en la generación del racionamiento y la miseria, ¿y el relevo generacional?. Ahora se vende pienso para perros y gatos en Garafía o en Tinajo, no queremos cabras ni gallinas, sólo admitimos mascotas, o caballos, como animal de paseo de nuevos ricos. 

El microscópico Covid le dice a nuestros políticos que una parte de nuestros problemas no se resuelven con vacunas de la farmacia. Tenemos que hacer uso de otras vacunas, relacionadas con el esfuerzo, el sentido común, el trabajo, la solidaridad, el compromiso con la naturaleza. El trabajo no se debe a que Eva tentó a Adán con la manzana, el Covid nos dice que debemos volver a caminar. Trabajo y solidaridad , menos derroche y más naturaleza, menos zarzas y más azadas. 

Wladimiro Rodríguez