Alemania última frontera

Antonio Cabrera de León

Ninguna escalera llega hasta el cielo. Toda Torre de Babel acaba derrumbándose. Con la misma certeza sabemos que el ultraliberalismo genera acumulación ilimitada de capitales. La codicia sin fin de las clases ricas genera pobreza extrema en las clases pobres. Cuando la desigualdad supera lo tolerable surge la revolución de los pobres para sobrevivir, y el fascismo de los ricos para conservar sus privilegios.

En esas estamos. Tras 40 años de ultraliberalismo nos enfrentamos a una acumulación de capitales sin precedentes. En algunos casos la desigualdad económica ha vuelto a los tiempos de Dickens, cuando Oliver Twist y sus compañeros de orfanato pasaban hambre. Conforme se agudiza la acumulación, las clases ricas han empezado a financiar el regreso del fascismo al que han recurrido históricamente. Por eso hoy vemos que los partidos de ultraderecha, inexistentes hace 20 años, surgen como setas de otoño.

Poco a poco los nuevos fascismos van normalizando su existencia. Acaban siendo el caramelo que se ofrece a las fuerzas políticas conservadoras para alcanzar mayorías parlamentarias que, sin el partido fascista, perderían. Allí donde la derecha sucumbe a la tentación, la democracia perece. Ese peligro existe ya en España porque la derechita cobarde nunca se vacunó contra el franquismo y abraza a los fascistas en Andalucía, Murcia y Madrid.

Aún hay países como Francia, Holanda, Suecia o Alemania que han logrado interponer una línea roja, una frontera, mediante el compromiso de los demócratas de cualquier ideología para no aceptar nunca los votos del fascismo en beneficio propio.

Pero la tentación es muy golosa. Así que finalmente ha habido personajes en la derecha democrática alemana capaces de aceptar los votos nazis para hacerse con el gobierno regional de Turingia. Sólo la repulsa aún mayoritaria de la población alemana, educada durante 70 años para no volver a echarse en brazos de los nazis, ha generado el ruido necesario para revertir este primer acuerdo de la CDU con el fascismo.

Como dirigente histórica de la derecha democrática europea, Ángela Merkel ha estado en este caso a la altura de Adenauer y Monnet. Sólo ella ha conseguido imponer la rectificación, incluida la dimisión de quien ya era considerada su sucesora. Con esto ha quedado claro que el núcleo duro de la derecha democrática alemana había aceptado el pacto con los nazis, es decir, habían abandonado la decencia. Hemos estado al borde del abismo y parece que no nos hemos dado cuenta.

Pero a Merkel le quedan 10 minutos para el retiro. Todo apunta a que la nueva generación de líderes de la derecha alemana ya no está vacunada. Si cae Alemania, nada detendrá la nueva instauración del fascismo en los gobiernos de Europa. Nada impedirá entonces la ruptura de la Unión Europea. Europa se habrá roto y el imperio habrá ganado. Alemania es la última frontera. Si ella cae, el estado social habrá sido un paréntesis histórico de 70 años.