Administración, profesionales e interés general

Publicado el Por Intersindical
Francisco

Ni que decir tiene que en la Administración pública hay muchos profesionales que ejercen sus funciones desde las buenas prácticas de su profesión y desarrollan con celo su actividad. Pero hemos visto en los procesos judiciales por corrupción que muchos también actúan con conciencia de ciudadanos. Bueno, algunos que lean esto pueden decirme que ya el ejercicio de la buena práctica es ejercer de ciudadano. Sí, efectivamente, pero hay algo más, que sólo emerge en situaciones críticas y determinadas: cuando observas que lo que está ocurriendo afecta al interés general y altera la legalidad o el buen hacer. Ahora bien, se presupone que el medidor de estas situaciones determinadas es muy personal, pero tienen en común una vivencia, y es que la conciencia del profesional es violentada. Y luego, cuando los asuntos llegan al terreno judicial, ya se sabe, el más débil de la cadena carga con la prueba, pero el fuerte, “no sé”, “no recuerdo, ha pasado tiempo desde los hechos”, “no era mi función”, “venía con todos los informes favorables”, o le aparecen nuevas enfermedades. Por lo tanto, el umbral de tolerancia a lo que se ve, a lo que se oye, a lo que se lee, o a lo que se firma, y a lo que se calla, es muy variable, generalmente, proporcional a cuantas situaciones pueden presentarse en el desarrollo de la actividad y más aún, se rompe cuando la verdad de la memoria es salpicada en la ausencia de conocimiento. El gestor actúa como si los que estuvieran alrededor suyo hubiesen llegado a ese espacio por primera vez, cuando el último en llegar ha sido él. La sociedad actual necesita de ejemplos de compromiso, de defensa del bien común, desde dentro de la burocracia administrativa, como diría Weber, y más aún, cuando parece que no hay valores. Y esos ejemplos también se han venido produciendo. Digamos que el bien común pertenece a la ciudadanía. 

Los profesionales no se deben ni al lobby de turno ni a sus gestores. Pero es verdad que a veces aspiran a ascender en sus responsabilidades y en su categoría profesional, y les lleva a ser más comedidos, a esperar, a dar más tiempo a la inoperancia, aunque lo sepan. Sin embargo, esta posición a veces les puede comprometer; por ejemplo: imaginen un arquitecto o un ingeniero que tuviera que dar el visto bueno a un proyecto donde sabe que hay una operación fraudulenta. Él lo sabe y lo denuncia a su jefe, pero él tiene que firmar. Lo he vivido en mi consulta y acuden rotos por la encrucijada ética en la que otros le hacen vivir. O el médico que trabaja en urgencias y porque no reúnen condiciones las instalaciones ni cuenta con personal suficiente somete a sus pacientes a sujeción física, vulnerando sus derechos. Lo denuncia a sus responsables y no hacen nada, continuando todo igual. Verdad es que al comunicarlo a sus jefes superiores ya ha actuado como profesional, pero ser ciudadano exige algo más, ¿no les parece? El profesional no debe identificarse a sí mismo con la institución, aunque debe ser leal a ella, pero leal precisamente no es callar, es ejercer el derecho a la libertad de expresión, maniatado hoy día por todo lados, más aún en un clima de mucha incertidumbre.

Miren lo que puede ocurrir cuando un profesional olvida que su lealtad no es a la institución sino al ciudadano. Suele ocurrir que la mayoría de quienes reconocían haber participado en horribles crímenes contra la Humanidad manifiestan ante los tribunales haber actuado por órdenes; pero no se opusieron a casi ninguno de los horrores implícitos en sus acciones de guerra. Algunos de ellos declararon luego que no podían hacer otra cosa, y especialmente, que tenían miedo. En la sociedad, cuando los funcionarios coraje denuncian, ya sea un interventor, una técnico, un gerente, etc, suelen sufrir la venganza de aquellos a quienes han denunciado, y son arrinconados con demandas pagadas, paradójicamente, con el dinero público que ellos defienden. Lo peor es que los compañeros de trabajo miran para otro lado, por diversas circunstancias. ¿Y qué no será lo que sucede a una escala inferior, en lo cotidiano? Somos capaces de argumentar cualquier cosa. Muchos sobrevivirían sin mirar hacia otro lado si tuvieran una instancia u órgano superior al que elevar sus informes de ilegalidad y si además supieran que serán protegidos de presiones y amenazas.

Deja una respuesta