Al final y tras echar cuentas, los conseguidores de euros en Madrid para invertir en Canarias, vuelven a ser burlados por el gobierno del PP, hecho este nada novedoso si repasamos lo ocurrido anteriormente por los ejecutivos de Zapatero y Aznar. Todo ha sido una suerte de campaña propagandística en la que sus actores pretenden sacar tajada electorera: los que dan, apareciendo comprensivos con Canarias, y los que reciben, proyectándose como los salvadores de la patria periférica. Ni lo uno ni lo otro: el gobierno español incumpliendo o dejando prescribir las cantidades prometidas, de las que ni la mitad son luego invertidas, y los de Coalición y Nueva Canarias, rascando financiación de los Presupuestos Generales del Estado para asfalto, o para subvencionar el transporte aéreo de unos ciudadanos que, mayormente, no viajan por no contar con recursos ni para comer. El culebrón entre el PP y los diputados Oramas y Quevedo para sumar mayoría con el PP y aprobar los PGE, causan rubor. Pese a tanto teórico maná inversor, aquí, en la colonia, la calamitosa realidad de la mayoría social que son los trabajadores, continúa inamovible y los servicios públicos del ciudadano siguen en caída, siendo, como siempre, los sectores económicos y empresariales especulativos los únicos beneficiados de estos miserables trueques y mercaderías.

 
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