No hace mucho Clavijo utilizaba durante sus viajes al exterior los bajos salarios de los trabajadores canarios como reclamo para que los empresarios foráneos invirtieran en Canarias. Esos miserables salarios que son la consecuencia de la desaforada concentración de beneficios de las empresas que en Canarias ni pagan ni crean empleo, produce ahora tardía e inesperadamente la atención de Clavijo para, cariñosamente, aconsejar a la patronal que pague algo más a sus empleados.  La reacciones de la avariciosa y cavernaria patronal asentada en las islas no se he hecho esperar con perlas tales como que antes de incrementar los sueldos, el gobierno tiene que adjudicarles mayor número de servicios provenientes de lo público, o aquella otra, de que es una falacia que en Canarias hayan tantos pobres como dicen los indicadores y estudios. Pocas horas después el mismo  gobierno que ha promovido y animado la despreciable actitud empresarial, reconocía que tras haber iniciado una campaña inspectora, cerca de la cuarta parte de los trabajadores de las islas soportan condiciones abusivas e ilegales impuestas por la patronal. Vamos, que no sólo la mayoría de la clase empresarial en Canarias paga los perores salarios y acumula los más altos beneficios, sino que además la actividad delictiva y el desprecio por los derechos humanos y laborales se confirma como su enfermizo modus operandi.