Cati Darias Delgado copiaCati Darias Delgado 

Ciertamente los empleados públicos, los docentes, la clase trabajadora en particular y los canarios en general, somos tratados por el Estado español como algo de usar y tirar. Las cifras hablan por sí solas en cuanto a niveles de paro, precariedad laboral, brecha salarial, pobreza, índices de analfabetismo, niveles de salud, modelo energético, superpoblación, falta de soberanía alimentaria y todo aquello que convierte a Canarias en un país en vías de desarrollo, sólo comparable a otras naciones tercermundistas        

Nos resulta complicado entender que desde una posición sindical canaria se haga una defensa insuficiente de la estabilidad en el empleo público de un colectivo profesional, por otro lado tan imprescindible en la formación de nuevas generaciones que puedan impulsar el tan ansiado y necesario cambio social para nuestra tierra. No se trata sólo de permutar, en un remedo de negociación con los responsables del gobierno canario que se ha mostrado como pernicioso alumno aventajado del trato dispensado por la metrópoli, la prolongación de la inestabilidad en el empleo a cambio de la permanencia de los que ahora están a cualquier precio, porque la avalancha de foráneos vendrá en una, dos ó tres oleadas si nos limitamos a escalonar la consolidación de plazas. Se trata, más bien, de abanderar aquello que alguna vez dijimos en cuanto a proteger y estabilizar a los trabajadores canarios por su singularidad, mediante  una Ley de Residencia, en una nación como Canarias con los niveles mal altos de desempleo

            Siendo los docentes el caso que nos ocupa, sabiendo a qué se dedican, siendo ajustados los datos sobre temporalidad y con una problemática paralela a la del resto del sector de servicios públicos en cuanto a la descapitalización para favorecer las concertaciones y romper la equidad, no hay que olvidar que la sensibilidad y la fragilidad de nuestras raíces identitarias están en juego y son también un factor que, cómo nuestro medio ambiente, requiere especial protección y de ahí la necesidad de establecer filtros en la docencia al acceso de foráneos sin vínculo alguno con nuestra idiosincrasia y maneras que colaborarán a desdibujar en el alumnado las señas de su identidad, comenzando por el propio modelo de léxico o comunicación hablada.

            En atención a lo planteado, tal vez, sería más correcto exigir para el acceso a una plaza de enseñante determinado recorrido curricular, experiencia profesional y un perfil competencial relacionado con lo nuestro, con la idiosincrasia de nuestro pueblo y su identidad y arraigo para acceder al ejercicio de este tipo de puestos. ¡Casi nada lo que nos jugamos¡ El desarraigo de nuestros hijos y la continuidad de un acervo cultural establecido a través de la formación reglada.

            Lógicamente, la precariedad no va a desaparecer si quienes consolidan el empleo, de una, dos o tres tandas, vienen del Estado español. A través de comisiones de servicio, retornarán a sus lugares de origen, dejando en Canarias más empleo precario, más temporalidad. A través de los listados de contratación, éstos justificarán la no concurrencia a ofertas cortas de contratación, mientras para el canario quedan los restos.

 

                          MIGRACIÓN

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