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Falsedades históricas (I): Francia VS Córcega / USA VS Liga Iroquesa.

Es una gran verdad que los vencedores siempre escriben la Historia a su conveniencia. No sólo sobre los motivos de las guerras que los han enfrentado a los vencidos, sino también a la hora de apropiarse los avances, beneficios e inventos que hicieron los vencidos, y que ahora se agregan a su particular morral. Este año 2018, a los cuarenta años de la sagrada, estupenda y maravillosa Constitución Española, es seguro que se vomitarán en todos los medios de comunicación del Sistema alabanzas no merecidas, falsedades manifiestas, y reescrituras interesadas de la verdad histórica. Sus medios son poderosísimos, avasalladores, pero hay que intentar, dentro de lo posible, que cada uno aporte sus conocimientos, sus estudios, sus investigaciones y sus recuerdos vividos frente a tanta marea previsible de desinformación. Por tanto, en lo que a un servidor le toca, intentaré escribir, argumentar y razonar sobre este tema en varias ocasiones a lo largo del año, dentro de mis limitadas posibilidades.

Voy a comenzar atrás, mucho más atrás de nuestra Constitución del 78. Me voy a remontar a los orígenes de las formas y usos de las actuales constituciones de las democracias occidentales, en las que se ha producido un olvido histórico, un falseamiento y una ocultación interesada de la realidad que causa estupor a quien la llega a conocer.

Comencemos por la gloriosa Revolución Francesa, madre de nuestras constituciones liberales europeas. He aquí un dato prácticamente desconocido de antecedentes previos, olvido histórico, colonialismo salvaje y apropiación de méritos ajenos: El caso de la isla de Córcega y su relación con la madrastra Francia.

Córcega, isla disputada entre diversas potencias del Mediterráneo, de cultura, idioma y etnia predominantemente de influencia italiana, desde el siglo XI hasta el siglo XVIII se había caracterizado por ser gobernada en su mayor parte por un sistema auténticamente democrático llamado “Tierra de Comunas” en donde, asombrémonos, las elecciones eran por sufragio universal, el voto era un derecho para todos los residentes, sin tener en cuenta su nacionalidad de origen, su sexo (también las mujeres podían votar) su estado financiero o religiónLa Constitución del Estado Corso, en época del líder nacional Paoli, fue imagen en la que se inspiraron pensadores como Montesquieu en Francia, y los pioneros de las, años después, rebeldes colonias americanas que se independizaron de Inglaterra y formaron los Estados Unidos. Punto por punto, párrafo a párrafo, la Constitución del estado independiente de Córcega era mucho más democrática, más avanzada, más participativa que las posteriores constituciones de la Francia Revolucionaria y de los nacientes Estados Unidos de América.

¿Quién conoce hoy en día, por muy culto que se considere, este hecho importantísimo en la protohistoria de la democracia? Prácticamente nadie. Pero Córcega fue invadida por Francia, su cultura e idioma perseguidos, su autonomía negada por el centralismo de París, para vergüenza de una nación francesa que se convirtió en líder de las ansias de libertad en Europa, pero que negaba lo propio a sus súbditos corsos, y relegaba al olvido sus luchas precursoras por la libertad del ser humano. La historia de Córcega ha sido luego, hasta hoy en día, la de todas las colonias aplastadas por el poder central: Negar sus logros, alterar su historia y, vieja táctica de todos los opresores… traer inmigrantes masivamente que apuntalaran el régimen y debilitaran la lucha democrática nacional rebelde. En esta táctica miserable, el último eslabón se cometió en la segunda parte del siglo XX, cuando De Gaulle instaló en la isla, con grandes ayudas del Estado, a decenas de miles de colonialistas pieds noirs (franceses residentes en Argelia) que huían de la independencia del país norteafricano.

En otro caso paradigmático, al otro lado del Atlántico, en los USA, también la manipulación de su historia para negar, minusvalorar, y no reconocer los méritos en el nacimiento de su democracia a sus precursores, ha sido casi total. USA, nación de estados con un régimen federal amplio. Todos, o casi, nos creemos que sus Padres de la Patria, Franklin, Jefferson, Washington… fueron los ideólogos e inventores absolutos de su sistema político. Nada más lejos de la verdad… Y la verdad es demasiado “dura de tragar” para unos cultos blanquitos de origen europeo. El sistema federal de autogobierno está basado, muy basado en la Confederación de pueblos aborígenes iroqueses, la Liga de las Seis Naciones, que existía antes de la llegada de los europeos. Varios importantes líderes de las colonias americanas, especialmente Franklin, tuvieron ocasión de conocer y estudiar su forma de gobierno, hasta que las enfermedades introducidas y las guerras de aniquilación, acabaran con esta experiencia de autogobierno democrático. El sistema iroqués federal de gobierno era incluso más avanzado que el posterior de los Estados Unidos, al igual que el corso con respecto al francés revolucionario. Las mujeres tenían derecho al voto, ser electoras y elegibles, y existía una cuidada separación de cargos, para evitar la concentración de poder en pocas manos. Existía una ley superior, la Ley de la Gran Paz, que equivalía a una Constitución. Muy importante era la búsqueda del consenso como fórmula de decisión, la necesidad de mayorías amplias para tomar decisiones claves, y la separación del poder político y del poder militar. Casi nada… y luego pensamos que nosotros somos los avanzados, y ellos los salvajes aborígenes.

Lo único que quedó reflejado de la influencia iroquesa en el sistema político americano fue una palabra de origen nativo, “caucus”, que denomina las asambleas locales de los partidos demócrata y republicano en algunos estados, para elegir candidatos, que luego serán presentados al voto general de la ciudadanía. Es decir, las primarias internas. Lo demás, ha pasado al olvido, se ha borrado de la Historia.