Sin titulo 2Luis Piernavieja Grau-Bassas

Recientemente, el poemario Nación del aire, lograba el Premio Internacional de Poesía Tomás Morales, declarando ganador a Luis Piernavieja Grau-Bassas, un poeta inédito  bajo el seudónimo de Ariel Chamizo. En torno a la obra, el autor realizaba a Mayte Martín de la revista Gragaria las siguientes reflexiones:

Nunca me he planteado publicar poesía y me decidí a presentarme al premio Tomás Morales porque no tenía dinero para hacer un viaje a Chile en el que llevo pensando desde hace mucho tiempo. Entonces, desde esa perspectiva, la sorpresa fue mayor, máxime cuando me entero de la categoría del Jurado, compuesto por Alicia LlarenaJorge Rodríguez Padrón y Nilo Palenzuela.

Mi trabajo no fue creado para el certamen, sería incapaz de escribir un libro para encajarlo expresamente en cualquier concurso de poesía. Yo no creo en el aspirante profesional a cualquier tipo de premio. La poesía es un acto vital que para mí es sagrado, y la fama, el mercantilismo o el afán de protagonismo desvirtuarían la intimidad de ese concepto. Porque la poesía, tanto desde la perspectiva del lector, como del autor, conforma una forma de vida, como existen otras muchas, y yo estoy ubicado en ella. El libro empecé a escribirlo en el año 2015 y lo terminé a finales de 2016, e iba saliendo en secuencias, a cachos que venían hasta que se toma conciencia de su final, pero siempre dentro de esa concepción creativa.

«Con este libro no invento nada, es una visión de la idiosincrasia insular a partir de la influencia del paisaje. Este archipiélago es chico y con una delimitación física tremenda y fabulosa.

Yo creo con absoluta convicción en una poesía insular canaria, lo cual no es una afirmación excluyente sino todo lo contrario, porque la universalidad no puede entenderse sin las aportaciones diferenciadas que luego se funden en un todo. En esa línea, y ahondando en el concepto de poesía insular, también entiendo que hay una poesía insular cubana como hay una poesía insular caribeña y ahí no importa la lengua en que se escriba. Si no, mírese el caso de Derek Walcott, el poeta de la isla de Santa Lucía que eleva a la categoría de mito la realidad trascendida de su pueblo. Con este libro no invento nada por lo que ya he dicho, pero siguiendo esa estela que me interesa muchísimo, Nación del Aire es una visión de la idiosincrasia insular a partir de la influencia del paisaje. Este archipiélago es chico y con una delimitación física tremenda y fabulosa: la operatividad del paisaje tanto en la sociología como en la emoción individual son un condicionante esencial de una compostura ante la vida. Y ahí es donde yo pretendo centrarme. No sé el número de poemas que lo integran porque el libro pretende ser una unidad a partir de cierto serialismo secuencial. Ahí la memoria juega un papel primordial y es imposible concebirla si no es a partir de la actuación precisamente secuencial que ejerce sobre cada persona que la tenga.

Mi llegada la poesía se la debo a un fiebrón tremendo que me dio cuando tenía unos quince años. Tuve una infección de garganta bestial para la que fue muy difícil encontrar un antibiótico válido, y ahí entonces yo empecé a encantarme con el efecto lisérgico que produce la fiebre, que no deja ni dormir ni estar despierto, pero que permite ver desde esa incomodidad cosas imprescindibles. En uno de esos duermevelas, yo no sé quién, me trajo Tercera Residencia, de Neruda, en una de aquellas fantásticas ediciones populares que hacía la editorial Losada de Argentina en los años setenta. Yo cuando pude abrí el libro y me encontré con un poema lírico que lo encabeza —Ahogada en cielo—. Aquello fue como una frescura, pero después venía ya toda la Guerra Civil Española, llena de disparos, de flores muertas, de amigos asesinados… un impacto brutal. Cuando Neruda repite con obsesión «venid a ver la sangre por las calles» para mí fue una revelación en el sentido que la concibe Gamoneda, yo después de aquello fui otro, y a partir de ahí concebí eso de vivir de otra forma distinta. Todo eso se lo debo yo a la poesía, soy incapaz de aprenderlo en otra forma de creación escrita; es una incapacidad personal de la que soy muy consciente.

«¿qué sería de lo que pasa aquí en las Islas sin el mar? Ahondar en esa presencia del mar en su variación sin repeticiones es una postura poética que me interesa muchísimo»

Sobre que mi obra esté cercana a Tomás Morales, categóricamente, no. Tomás es un prócer de estas islas, yo nunca podría seguir esa estela llena de memoria de retorno. Entiendo que esta pregunta se puede deber a la opinión de Nilo Palenzuela, como miembro del Jurado, a la hora de referirse a Nación del Aire. Yo creo que esa estela no se refiere formalmente al posmodernismo sino al mar. Porque, ¿qué sería de lo que pasa aquí en las Islas sin el mar? En ese concepto fue Tomás un autor imprescindible y mayúsculo, como Saulo Toróntambién lo fue, después vinieron los otros, también enormes: Manuel PadornoLázaro Santana, en ellos afortunadamente está esa estela marítima que posiblemente inaugurara Tomás. Ahondar en esa presencia del mar en su variación sin repeticiones es una postura poética que me interesa muchísimo. Y yo intento defenderla en mi escritura.

Como ya dije, publicar nunca ha sido para mí una prioridad. Soy incapaz de verme buscando una editorial para un libro mío; no conozco ese mundo y también es verdad que no me he preocupado de conocerlo. A mí la poesía me ha enseñado a ser un ser social, pero su gestación es un acto íntimo, que ya me ha aportado lo suficiente para intentar estar en el mundo, lo demás es secundario. Y esto no es falsa modestia ni un ejercicio de pureza mal entendida, porque igual de aquí en adelante pueda plantearme publicar, pero insisto: ni aún así va a ser una prioridad.

Sobre la prosa, para mí la prosa es un ejercicio para poder llegar después a la poesía; una forma de hacer dedos como siempre he imaginado a los pianistas»

No, casi nada. Escribo diarios y también registro sueños en prosa. Pero nunca vuelvo a ellas ni las reviso; son más bien un ejercicio para poder llegar después a la poesía; una forma de hacer dedos como siempre he imaginado a los pianistas en los trabajos previos que deben acabar en una interpretación.

Desde una perspectiva del sentimiento, para mí son también sagrados el amor y el odio, y la amistad está todavía por encima de eso en mi jerarquía de valores. ¿Cómo voy a concebir la amistad por el hecho de que escriba? La amistad surge, no se busca; por eso yo no puedo asociarla al hecho de la escritura, sería un forzamiento absolutamente reprobable. Eso no quiere decir que no conozca personalmente a algún que otro poeta, porque están encuadrados dentro de ese concepto de amistad. A mí me encanta salir de vez en cuando con Pedro Flores, porque es que además me enseña mucho. A él le debo el descubrimiento de poetas como Luis Rogelio NoguerasGastón Baquero o el Félix Grande de Las rubáiyatas de Horacio Martín.Y Pedro, además, es un tío llano, una persona que vive en la poesía. Con él sabe estupendamente beber copas y alegar serenito. Hace unos meses tuve la suerte de estar en casa de Manuel Díaz Martínez. Una casa luminosa, que parece un navío metido en las peñas cuando la avenida de Las Canteras coge dirección a El Confital. Hacía once años que no hablaba con Manuel y sigue igual que siempre, con esa cubanía y con esa honestidad poética que muchas veces es difícil de encontrar. Un gusto estar allí tomando un sorbito de whisky de malta con Díaz Martínez y con otra gente fabulosa. Y es lo que digo yo: la amistad está por encima de todo.

Por esa incapacidad de la que hablaba, no es broma, quizás solo pueda hablar de la poesía, y lo que se hace ahora es en general una alegría, una pasión que se renueva como necesidad para Canarias. Yo no quiero dar nombres para no hacer omisiones, porque la poesía quizás solo se lea entre poetas y por eso todos los poetas están siempre pendiente de lo que se pueda decir de ellos.

Para que la poesía sea sana debe tenerse claro que no da dinero; que es casi inconcebible para el poder.Juan Ramón Jiménez dijo que la poesía está dirigida a la inmensa minoría. Eso conlleva el hecho de que la poesía quede fuera de los círculos mercantiles de la literatura y desde esa perspectiva queda como un hecho marginal; maldito, en el buen sentido de la palabra. Esa desatención que secularmente ha venido sufriendo la poesía en términos de mayorías, la han preservado y le han dado una importancia distinta, sustraída a muchísimas manipulaciones de las que sería objeto si no se concibe como lo hizo Juan Ramón. Yo creo en eso: para que la poesía sea sana debe tenerse claro que no da dinero; que es casi inconcebible para el poder.

Del premio lo que más me ha gustado es haber sentido tan próxima y tan preciosa la amistad de mis amigos. Creo que el Cabildo me regala unos ejemplares de Nación del Aire. Ya los tengo todos dados, esa es la única promoción que yo voy a hacer.

 
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