Francisco Javier Gonzalez 1990Francisco Javier González

 

Con los sucesos catalanes -de los que hay mucho que aprender- vuelvo a oír y leer la opinión entre los independentistas canarios de que no debemos hablar de AUTODETERMINACIÓN sino de DESCOLONIZACIÓN, como si fueran cuestiones contrapuestas y no complementarias. Quiero contribuir a clarificarlo, según mi criterio.
La “Declaración de los Derechos del Hombre y de los Ciudadanos”que aprobó en 1789 la Asamblea Nacional francesa afirmó en su Artículo 1º que “Los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos.”Parecía una utopía de los revolucionarios franceses pero fue el fundamento de los actuales “Derechos del Hombre” que forman parte esencial del Derecho Internacional.
Los Derechos Humanos se distinguen de otros derechos subjetivos por ser universalmente válidos. No necesitan la aprobación de ninguna instancia política ni verse reflejados en ninguna Ley o Constitución porque, como recoge el Art. 1º de la Declaración Universal “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”. De esos Derechos Humanos recogidos en esa Declaración, hay unos que responden a las exigencias de la ley natural, como el Derecho a la Vida o el de Libertad de Conciencia y es dentro de esos derechos de carácter fundamental donde las Naciones Unidas han colocado, en un lugar preeminente de los textos jurídicos al Derecho de Autodeterminación de los Pueblos confiriéndole el rango de Derecho Internacional Positivo que obliga a todos los Estados signatarios de la Declaración. De esa forma, en los dos Pactos de Derechos Humanos que la ONU ha redactado y los Estados suscrito, figura como Artículo Primero y único de la Parte I, que se reserva íntegramente para la Autodeterminación de los Pueblos.
La VI Asamblea General de la ONU, por la resolución 545 de 5 de febrero de 1952 obligó a la “inserción en el Pacto o los Pactos Internacionales relativos a los Derechos del Hombre de un artículo sobre el derecho de los pueblos a disponer por sí mismos” y así, los adoptados en la VII Asamblea el 16 de diciembre de 1966 se encabezan con la Parte I, Art. 1º que reza “Todos los pueblos tienen el derecho a disponer por sí mismos. En virtud de este derecho determinarán libremente su régimen político y asegurarán libremente su desarrollo económico, social y cultural”.
A partir de 1976 en que se logra la adhesión mayoritaria de los Estados constituyentes –entre ellos España- y de todos los miembros permanentes del Consejo de Seguridad, esos pactos entran en vigor. A partir de entonces la Autodeterminación es un Derecho Humano Fundamental que tienen las comunidades humanas que posean las características sociológicas de pueblo y que, como tales, se mantienen integradas, ocupando tradicionalmente un territorio determinado y diferenciadas de las demás, condiciones que -con exceso y muchas más- cumple nuestra Nación Canaria.
Es evidente que no es la voluntad del estado español cumplir sus compromisos sobre la Autodeterminación de los Pueblos. Nunca lo ha sido. Lo estamos viendo en el caso de Catalunya sobre su Derecho a Decidir, la represión que ha desatado y las maquinaciones estatales españolas que lo impiden. No es, de todas formas, el caso de Canarias. El nuestro es un territorio colonial, situado en otro continente, conquistado y mantenido por la fuerza de las armas al que se le dota de una falsa autonomía para evitar su descolonización. Ya en su momento, España declaró a sus colonias africanas (Canarias, Ceuta, Melilla, Sahara Occidental, Guinea Ecuatorial) como “Provincias o Plazas de Ultramar” para no estar sujetas a la Resolución 1514 (XV Asamblea General de la ONU) del 14 de diciembre de 1960 de la “Declaración sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales”, que parte de reconocer “el apasionado deseo de libertad que abrigan todos los pueblos dependientes y el papel decisivo de dichos pueblos en el logro de su independencia,” y que “ los pueblos del mundo desean ardientemente el fin del colonialismo en todas sus manifestaciones” tras una serie de recomendaciones, termina exigiendo en su punto 7 y último que. “Todos los Estados deberán observar fiel y estrictamente las disposiciones de la Carta de las Naciones Unidas, de la Declaración Universal de Derechos Humanos y de la presente Declaración”.
Canarias adquiere unidad y entidad con el fenómeno de la colonización, cuando este pueblo, invadido y esclavizado, toma conciencia de ello, de que es diferente del invasor y se rebela. Pasamos de ser 7 islas cantonalizadas a ser una única nación, colonizada sí, pero nación. Así, la Rebelión de los Gomeros o la del Mencey Ichasaguas en Tenerife fueron los primeros episodios en la larga lucha de liberación que aún no hemos culminado y las añepas que simbolizaban esas luchas fueron nuestros primeros símbolos nacionales, como lo fueron luego las que crearon el PNC en el exilio cubano, con sus estrellas blancas izada en el Ateneo de Aguere, el MIC en el venezolano y sus estrellas rojas, la RIA en la clandestinidad patria o las tres tiras verticales, blancas, azul y amarillas que confeccionaron para Canarias Libre en 1961 Dª Mª del Carmen Sarmiento y sus hijos Arturo y Jesús Cantero que inundaron las fiestas del Pino en el Teror de 1961, pero para la definitiva bandera nacional canaria hay que esperar a la fundación por Antonio Cubillo del MPAIAC el 22 de Octubre de 1964 en el exilio argelino. Ese día, hace ahora 53 años, que todas las luchas anteriores y las que desde entonces se han desarrollado por la libertad, la descolonización y la independencia de esta Nación Canaria se han arropado bajo sus siete verdes estrellas. Esa bandera nuestra presidió la ceremonia que refrendó, el 20 de julio de 1968 en Argel la Declaración Solemne de la OUA que reza “Las Islas Canarias forman parte integrante del continente africano y sus habitantes tienen derecho a la autodeterminación y derecho a la independencia como todos los países colonizados de África”, declaración que por su carácter de “Solemne” carece de caducidad y sigue, por lo tanto, totalmente vigente. Unidas quedan aquí la Autodeterminación y la Independencia, justificadas y cimentadas en la realidad de nuestra situación colonial. En resumen, nuestra Descolonización.
Prohibida y perseguida por el colonialismo pasa a ser conocida por el pueblo canario a raíz de las emisiones de “La Voz de Canarias Libre” que la describen. Fue un maremágnum al principio. Se colocaban mal las estrellas, incluso con algunas como en la bandera venezolana. Fue la militancia popular la que extendió su conocimiento enarbolándola en manifestaciones y fiestas o colgándola de puentes de las autopistas que, para que la Guardia Civil española no las arrancara, se les adosaba un paquete de velas pintadas de canelo simulando cartuchos de dinamita. Fue la que acompañó a los entierros de los asesinados por la policía española como Bartolomé García Lorenzo y Javier Fernández Quesada y la que llevaron en su viaje a la eternidad de la memoria colectiva patriotas como Julio Bastarrica, José Manuel de Villena, Tomás Chávez, Hupalupa, Antonio Cubillo, Víctor León, Antonio Morongo, Juan Valiente, Belén María y tantos otros que ocuparán siempre un lugar en nuestro corazón y brillarán entre los verdes luceros de la esperanza de nuestro pueblo.
La nuestra es pues una bandera de libertad, de rebeldía, de insumisión, con el preciso significado de la Descolonización y la Independencia y, al mismo tiempo, es una bandera de esperanza en un futuro mejor para este pueblo canario que ha soportado siglos de vejaciones, saqueos y colonialismo, muy distinta a la que se nos quiere imponer desde el oficialismo, con los perros acollarados que usaron los conquistadores como animales de guerra contra nuestros antepasados guanches.
Estamos en tiempos difíciles, con nuestras organizaciones en un proceso de retroceso frente al españolismo ramplón del ¡a por ellos! Y el ¡yo zoy españó, españó...! con una ciudadanía desnortada y desmotivada, sumisa a una burguesía criolla decadente y unas formaciones pseudonacionalistas que tergiversan el sentido del independentismo tratando incluso de apropiarse de nuestra bandera sin asumir el verdadero significado de lucha anticolonial con el que nació. Las estrellas libertarias brillarán pese a todo porque tenemos razón y derecho.