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La Ley Hipotecaria actualmente en vigor vulnera claramente, cruelmente, los derechos de las personas deudoras y las coloca inermes a merced de la codicia de la banca. Esto se viene denunciando por las organizaciones ciudadanas y ha tenido que ser el Tribunal Europeo de Justicia quien obligue al gobierno de este estado de derecha neoliberal que sufrimos, a reformar esa ley. Sin embargo, a cientos de miles de familias se les ha despojado de sus viviendas y de sus bienes, arrojando a muchas de ellas a la indigencia y a otros miles de personas, jamás se sabrá cuántas, al suicidio.

La estafa bancaria perpetrada "legalmente" al soco de esa ley infecta, ha supuesto centenares de miles de millones de euros de beneficios sanguinarios a una banca protegida por los favores de unos gobiernos insensibles. Unos favores que han permitido sorprender la buena fe y la necesidad de mucha gente que ha caído en la trampa. Y no de manera ignorante, sino obligadas por la necesidad.

Ahora, como digo, la ley europea impone la redacción de una nueva ley que organice la concesión de préstamos hipotecarios. Pero, a la vista de lo que se viene sabiendo de la nueva redacción de esa ley, los intereses de la banca siguen estando en el primer lugar de la atención. Se demuestra una vez más la conexión directa de Patricia Botín, Goirigolzarri, Paco González y compañía, con el poder político. Es que las deudas obligan mucho.

Lo más grave: se siguen tolerando las aberrantes condiciones abusivas, como las cláusulas suelo, o las asociadas, aunque se diga que éstas quedan prohibidas.

Las cláusulas suelo se van a permitir, siempre que el notario o la notaria "certifique que la parte que recibe el préstamo entiende tal condición". No me hagan reir. Para empezar, no será la primera vez que en las notarías se vela celosamente por los intereses de la parte poderosa de la contratación, dejando que se chingue la otra parte. La misma experiencia con estas cláusulas suelo, que eran abusivas a simple vista, sin necesidad de que un alto tribunal lo dictaminara, confirma que en las firmas de las escrituras, la parte deudora firmaba sin saber lo que firmaba, sin que al notario o a la notaria le importara un pimiento, con lo que esta gente ha faltado recurrentemente a su deber de advertir a la gente sin conocimientos legales lo que firmaba. Afirmo que la actuación de las notarías, en general, no permite abrigar mucha confianza.

Pero es que, además, en las oposiciones a notarías no se exige el poder del conocimiento de la mente humana. No hay más manera de saber que alguien entiende algo, que desde la propia afirmación. Y el notario o la notaria no puede discernir si las personas son sinceras, cuando dicen que "entienden algo". Y no es, simplemente, una cuestión de entender, sino de aceptar, obligado por la necesidad. Aunque "lo entienda" o "no lo entienda", cuando a una persona se le ofrece la posibilidad de disfrutar el derecho constitucional a la vivienda que el sistema político, tan celoso de defender la constitución en otos ámbitos, no es capaz de concederle, esa persona firma lo que sea. Esa persona vende su vida, para tener un techo digno para sí y para su prole. Esa persona aceptará cualquier condición, aunque sea asumiendo que se compromete a pagar intereses por el dinero prestado, cuando el banco no los está pagando, porque el mercado ha bajado los tipos. O accederá, para que el banco le apruebe el préstamo, a tomar los seguros o cualquier producto a que le conminen. Y eso no hay notaría que lo impida. Y la banca se aprovechará, como ha venido haciendo, de la debilidad de la gente.

Y eso es lo que ocurrirá, si esta ley hipotecaria nueva se promulga en estas condiciones que se anuncian. Se supone que la ley debe anticiparse a proteger del abuso de una parte sobre la otra, por mucho que esta otra parte "entienda" el atropello a sus derechos que se le está haciendo. Si los intereses en un momento dado están a un determinado nivel, no hay justicia ni sentido de la lógica que pueda permitir a la banca cobrar lo que ella no está pagando. Y si no es lógico ni lícito que los préstamos se condicionen a la compra de otros productos, habrá que prohibir la contratación asociada. En realidad, lo que habría que hacer es vetar que la banca se dedique a otros negocios distintos de la intermediación financiera, que es su única función. ¿Qué hace Patricia Botín vendiendo seguros?

Y, para disimular esta injusticia en favor de la banca, la ley contempla un ablandamiento en los requerimientos de la ejecución de la hipoteca. Unos requerimientos que a la banca no le suponen ningún problema. Cuando alguien tiene problemas para pagar una hipoteca, en la mayoría de los casos, lo que necesita no es tiempo, sino una mejora de su situación financiera. Si esta mejora no se produce, tarde o temprano, sobre la persona morosa caerá el peso de la injusta ley. Y la banca, tan tranquila. Porque a la banca, no solamente no le sobra el tiempo, sino que ese tiempo juega a su favor, porque engorda los intereses de mora que se van generando. Y, en cuanto a la liquidez, tampoco tiene agobio la banca, gracias al trato condescendiente que le dan las autoridades de este estado neoliberal, que pone su disposición los recursos que haga falta.

No solamente la ley hipotecaria, sino todas las políticas del estado deben tender a que toda la población ejerza su derecho constitucional a la vivienda. En lugar de sostener a una banca codiciosa, corrupta, cuyos accionistas se enriquecen a pesar de una gestión horripilante, el estado debe dedicar su esfuerzo inversor a las viviendas, empezando por exigir la restitución inmediata de la pila de millones, más intereses que se sepultaron en esa banca incompetente y condonando con esos fondos la deuda hipotecaria.

Y todo esto, en fin, se llama banca pública. Una banca pública que no se ensañe con la gente deudora, sino que proteja sus derechos. Porque el negocio bancario, en manos privadas, cae automáticamente en la más abyecta piratería.

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Aisha

 

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Opinión

Los hechos

demuestran ...

Huelga 14 Nov 2012que la organización y unidad de los trabajadores, es la herramienta más efectiva para la protección de sus derechos y avanzar en su dignificación laboral y social. Todo los grandes retrocesos sufridos por los trabajadores han coincidido con su desmovilización y apatía, todos los grandes avances de la clase trabajadora han sido acompañados de procesos de unidad laboral y lucha sindical. La forma natural y más efectiva de concentración de fuerzas para que se nos respete está en los sindicatos como organizaciones de los trabajadores.